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Jesús González Schmal
20 de mayo de 2006

U n juicio a priori sobre la decisión estadounidense de militarizar y cercar la línea fronteriza con México nos llevaría, sin reservas, a condenar tan extrema medida. Una valoración serena, en cambio, nos conduce a encontrar las causas no sólo en una acción de fuerza y de poder unilateral como tantas que ha desplegado la potencia del norte en distintas partes del mundo sino, también, como una respuesta lógica ante la ineptitud e indolencia de su vecino del sur, cuya política bilateral se ha reducido, en los últimos años, a conseguir apoyo para recibir a los mexicanos que no encuentran empleo en su patria sin hacer nada serio para crear los trabajos en su mismo país.

Fue sintomático, en el debate habido en la Comisión Permanente del Congreso de la Unión de México, del pasado miércoles 17 de mayo, la posición reiterada de los panistas en el sentido de que Fox no había cesado en requerir a su homólogo Bush respecto de un acuerdo migratorio. La insistencia foxista -se les tuvo que decir- se debió a que, en efecto, la política económica de este sexenio se sustentó en la exportación de mano de obra; en la recepción creciente de remesas de esos trabajadores, en el alto precio del petróleo y en la apertura indiscriminada a los capitales que quieran venir a México "a hacer negocios" (Cumbre Latinoamericana-Unión Europea, Viena, Austria, mayo de 2006).

Es evidente que el hilo se reventó por lo más delgado. Nunca, en este gobierno, se reparó en que la capacidad de EU para absorber mano de obra mexicana (por más barata y buena que fuera) tendría un límite. Éste llegó irremisiblemente. Le resultaba más barato a la administración de Bush militarizar la línea fronteriza como campo de entrenamiento y prácticas para sus soldados, que continuar las persecuciones y repatriación de indocumentados que, por la posición del gobierno mexicano, se visualizaba en crecimientos exorbitantes. Nada había visto el gobierno estadounidense, pese a declaraciones en contrario, respecto de que nuestro gobierno atacara el tráfico de indocumentados erradicando la extensa organización de los polleros conocidos por todas las policías nacionales.

Nada se hizo tampoco para detener, desde aquí, la exportación de droga ni, mucho menos, detener la violencia y guerra del narcotráfico que están a punto de trasladar sus ejecuciones al otro lado del río Bravo.

Debió haber también influido, en la decisión estadounidense, el conocimiento que tienen de que, aquí mismo, en México, la militarización regional es una práctica aceptada y continuada aun con cambio de partido en la Presidencia de la República. La permanente militarización de Chiapas y los mismos operativos en muchas partes de la República, así como los múltiples retenes militares en casi todas las carreteras del país, seguramente fueron antecedentes que no le detuvieron la mano a Bush para firmar el acuerdo para desplazar soldados a la frontera con México.

Por ello, nadie puede darse por sorprendido cuando lo obvio ocurre. ¡Ni un indocumentado más para hacer el balance de cuántos y quiénes pueden quedarse en EU y en qué términos los temporales podrán ser recibidos! El único sorprendido es Fox cuando dice que el cierre de fronteras no es en contra de inmigrantes sino contra el narcotráfico y el terrorismo. Si con todos los recursos que tiene México para prever los acontecimientos (para lo que sirven las representaciones diplomáticas y comisiones ex profeso) éstos no operan con eficacia, mucho menos estará calculado qué va a suceder cuando ni los 20 mil millones de dólares que enviaban los indocumentados ingresen al país, ni los 400 mil mexicanos que al año emigran a EU puedan encontrar algún trabajo en su patria.

El famoso acuerdo que tanto festejó Fox de la Alianza para la Seguridad y el Progreso y de Norteamérica (ASPAN), celebrado en Waco, Texas, va a ser aprovechado para la seguridad interior de EU y, en cambio, el posible progreso se va a situar en la responsabilidad de cada país para utilizar sus recursos en beneficio de sus nacionales. Si a México no le bastan los ingresos por remesas, el sobreprecio del petróleo y la balanza comercial favorable con EU, de seguro la causa del desempleo y estancamiento interno está en la corrupción, ineptitud y atrofiamiento de su administración pública.

Diputado federal (Convergencia)

 
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PERFIL
 
Abogado y analista político. Actualmente es diputado federal por el partido Convergencia. Asimismo, se ha desempeñado como diputado federal en la LI Legislatura por el estado de Coahuila y fungió como coordinador del grupo parlamentario del Partido Acción Nacional (PAN) en la LIII Legislatura, participando en las Comisiones de Gobernación y Puntos Constitucionales, Justicia y Relaciones Exteriores.
 
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