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El proceso electoral en curso es mucho más que una disputa por los electores, se trata de la elección de dos proyectos de nación plenamente diferenciados, contrapuestos, que marcarán el rumbo del país en las primeras dos décadas del siglo XXI. De un lado está la propuesta enarbolada por Andrés Manuel López Obrador y por el otro lado el que comparten Roberto Madrazo y Felipe Calderón, que en esencia, aunque rivales políticos, representan la defensa de los mismos intereses y privilegios. El panismo tradicional hace mucho que quedó atrás, junto con lo que alguna vez fue un genuino planteamiento demócrata cristiano. En su lugar se enquistó lo más reaccionario de las filas panistas, el conservadurismo desplegado en la empresa y en la política. Por su parte el priísmo apostó por una alianza próspera con el panismo, formada cuando aún tenían el poder en tiempos de Salinas, continuada en la alternancia porque sus vínculos económicos y de poder se encuentran entrelazados. El candidato del PRI, en franca decaída, representa el otro eslabón del statu quo, el uso del poder político para el enriquecimiento personal. La ultraderecha está incrustada en el gobierno federal y en el equipo de Calderón. Su aspiración principal no sólo es sucederse en el poder, va más allá, se encuentran con la mira puesta en conducir al país a un conservadurismo social y a un fundamentalismo neoliberal que permita la concentración del poder y el arreglo económico entre los grandes círculos económicos nacionales e internacionales. La metáfora usada por el presidente Fox es ilustrativa: no cambiar de caballo, sólo de jinete. En esa frase se resume lo que le espera al país de perpetuarse seis años en el poder, pero no sólo es más de lo mismo, es la agudización de la visión conservadora, el incremento de la desigualdad social, la limitación de las libertades, la mano dura ante la falta de tolerancia y la incapacidad de utilizar la política como instrumento del acuerdo social. La mano firme de la que presume el candidato panista no es contra la delincuencia, si así fuese, el gobierno federal no enfrentaría una crisis de seguridad como la que tiene en distintas ciudades del país, en penales federales y en las rutas de distribución del narcotráfico. La mano dura es contra los movimientos de diferente corte ideológico al conservador, es contra los pequeños propietarios de tierras que pretenden ser arrasadas, en contra de la solidaridad social al intentar privatizar los servicios, en contra de la pluralidad y la multiplicidad de expresiones. Calderón y el equipo que lo acompaña, quienes también pertenecen o pertenecieron al gobierno de Fox, no significan mejora alguna para las familias de quienes cruzan la frontera en busca de mejores oportunidades o de los que perdieron sus empleos en este sexenio. La bandera del empleo no es más que un eslogan publicitario vacío, sin contenido y sin realidad que lo sustente. Su campaña no tiene en el centro las propuestas, sino el denostar y calumniar a AMLO e infundir miedo al verdadero cambio que representa el proyecto alternativo de nación que impulsa la coalición Por el Bien de Todos. El próximo 2 de julio la ciudadanía decidirá optar por una propuesta que pretende mejorar las condiciones de vida de los que menos tienen y otra que disfraza sus verdaderos intereses derechistas con discursos que difunden el miedo y la confrontación. Senador de la República (PRD)
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