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    Inaceptable, Mr. Bush
Jorge Montaño
17 de mayo de 2006

Estoy convencido que un segmento importante de la opinión pública se ofendió con la tersura dispensada en Los Pinos al anuncio de que entraría la Guardia Nacional a ordenar la frontera. El vocero trató de reducir el hecho, diciendo que en la conversación entre mandatarios se aclaró que cumplirían funciones logísticas y administrativas. No hay engaño, detrás del eufemismo con que se conoce a ese cuerpo armado, está una estructura militar que responde a un mandato bélico con el que actúan, desde hace dos siglos, dentro y fuera de EU.

El mensaje desde la oficina oval tuvo un significado especial. Es la primera vez que se pronuncia un discurso sobre política interna en ese recinto, lo que eleva el valor estratégico que le asigna la Presidencia a la seguridad en la frontera sur, dándole jerarquía internacional y doméstica, espacio indiscutible de las prioridades nacionales. El texto no estaba dirigido a los que buscan una reforma de fondo en materia migratoria, sino a quienes le han perdido confianza al presidente. El discurso buscaba concitar apoyos en la extrema derecha republicana.

"Por décadas, Estados Unidos no ha tenido el control de sus fronteras, permitiendo que se internen ilegalmente millones de personas que luego se quedan". La alusión en plural sobró, ya que la preocupación está en los límites con México. La tarea de rescatar lo perdido la encomendó a seis mil efectivos de la Guardia Nacional, asumiendo como propia la demanda de que la solución al problema migratorio está en cazar ilegales, apoyar a los minuteman y secundar a los ululantes de los discursos del odio.

Bush habló acosado por su baja popularidad (27%), mientras aumenta la demanda de que se fortalezca la seguridad en la frontera sur (71%), gravemente asediada por la ingobernabilidad del gobierno mexicano en esa zona. El golpe de timón pretende convocar la buena voluntad de los radicales, sellando la frontera con un dispositivo militarizado que en teoría complementará las carencias de la patrulla fronteriza, pero que en la realidad marcará una pauta de beligerancia intimidatoria contra la inmigración ilegal. El propósito es aminorar el efecto de las corrientes negativas que presagian un desenlace catastrófico en las elecciones de noviembre próximo y por ende en las presidenciales del 2008. Con menos convicción, trató de alentar a quienes propugnan por una reforma migratoria que solucione el problema que constituyen 12 millones de ilegales. En síntesis, la sustancia del mensaje es la decisión inmediata de trasladar seis mil efectivos a nuestra frontera, el resto son buenos deseos sobre un trabajo legislativo en el que la voz presidencial no tiene mayor efecto. De acuerdo con senadores entusiastas de la reforma, las probabilidades de que se logre un texto satisfactorio son muy remotas.

Para Fox y Bush, esta decisión significa el fracaso de su intento por construir una relación sólida entre ambos países. Uno, abrumado por sus obsesiones religiosas contra el terrorismo y el mal. El otro acorralado por decisiones erráticas, incapaz de darle rumbo a su actuación, no digamos internacional, sino al menos bilateral, quien pretende justificar el atropello de las reglas elementales de la vecindad civilizada. Al atender a sus galerías más recalcitrantes, Bush nos relegó a una condición de lastre. El estatus del socio necesario se convirtió en una entelequia política cuyas prioridades responden a una agenda que no incluye a México. Fuimos considerados prescindibles para recuperar a los Tancredos y Senserbreners, quienes de inmediato rechazaron por insuficientes las medidas anunciadas.

La decisión soberana de incorporar a la Guardia Nacional en labores de apoyo a la Patrulla Fronteriza es un derecho innegable del gobierno de EU, pero también lo es el respaldo legal que asiste a México de exigir un trato adecuado a quienes seguirán cruzando la frontera, probablemente en condiciones del más alto riesgo para su integridad física. Los esfuerzos conjuntos del grupo de cancilleres latinoamericanos, así como del senado mexicano, deben crear un respaldo sólido con organizaciones hispanas para apoyar a quienes negocian una reforma migratoria sensata, así como con quienes se oponen al uso arbitrario de la fuerza contra los emigrantes.

montesco98@yahoo.com

Vicepresidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales

 
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PERFIL
 
Internacionalista, diplomático de carrera, consultor y profesor del ITAM.

Ex Embajador de México en Naciones Unidas y ante el gobierno de Estados Unidos. Es Vice Presidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales y Presidente del Consejo Editorial de Foreign Affairs en Español.

 
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