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    La Cumbre de Viena
EDITORIAL DE EL UNIVERSAL
11 de mayo de 2006

VIENA congrega por estos días a jefes de Estado de América Latina y de los países de la Unión Europea, para tratar de buscar consensos en una agenda que va de la democracia a los derechos humanos; del narcotráfico al crimen organizado; del medio ambiente a la energía, y del empleo a la lucha contra la pobreza, la migración y la educación superior.

Todo, en una vertiginosa jornada de tres días que además incluye encuentros bilaterales, para los que el presidente Vicente Fox prefirió a 9 presidentes y primeros ministros europeos y sólo a un latinoamericano, Evo Morales, de Bolivia. La explicación que dio el vocero oficial de la Presidencia, Rubén Aguilar, es que con los vecinos del sur tiene más oportunidad de reunirse.

Con ellos, Tony Blair, del Reino Unido; Jacques Chirac, de Francia; José Luis Rodríguez Zapatero, de España; Angela Merkel, de Alemania, entre otros, Fox intentará -se dice- elevar los niveles del intercambio comercial, tecnológico, científico y cultural, e intercambiará opiniones sobre la reforma a la Organización de las Naciones Unidas y el fortalecimiento de los organismos internacionales.

Esta cuarta Cumbre de América Latina y la Unión Europea, como todas las fastuosas conferencias internacionales de su tipo, suelen ser más importantes por el llamado de atención que hacen sobre un asunto concreto que por los resultados que producen, es decir, en general se esperan frutos inmediatos y concretos de estas reuniones, los que con frecuencia no ocurren.

Sin embargo, el hecho inevitable es que el mundo está marchando hacia la integración regional y la conformación de grupos. Quedarse al margen de ellos es perder la oportunidad de beneficiarse de sus avances y de participar en la reconfiguración del orden mundial.

La paradoja es que en esta ocasión la Cumbre se efectúa en un momento en que los mandatarios latinoamericanos batallan entre sí en un frente de desencuentros, suspicacias y abiertas rivalidades muy ásperas en su tono y nocivas para el sano desarrollo de todos.

Por lo que atañe a México, Fox, divorciado de la histórica responsable y digna política exterior mexicana, mantiene una helada relación con sus colegas Néstor Kirchner, de Argentina; Luiz Inacio Lula da Silva, de Brasil, y Hugo Chávez, de Venezuela, por haberse sumado a la iniciativa norteamericana del ALCA, Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, que es visto como incompatible con el Mercosur.

Argentina, a su vez, reclama a Tabaré Vázquez, de Uruguay, la construcción de una planta de celulosa en la frontera, que en su opinión contaminará su territorio. Hugo Chávez interfiere en las elecciones presidenciales de Perú en apoyo a Ollanta Humala, y Bolivia expropia las empresas petroleras de capital brasileño, argentino y español.

Esta vez América Latina no forma un grupo homogéneo, lo que resta atractivo a la Cumbre; no obstante, la reunión es un esfuerzo interesante.

Sin embargo, es indispensable insistir en que México está obligado a mirar al sur y recobrar su posición como aliado histórico. Integrarse con los países latinoamericanos es su deber, por encima de las diferencias circunstanciales de hoy.

 
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Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humanos, son los principios que rigen la editorial que día a día publica EL UNIVERSAL en torno a los acontecimientos principales en México y el resto del mundo.
 
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