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    Polarizar o debatir
Ricardo Pascoe Pierce
10 de mayo de 2006

Empieza a difundirse la idea de que el país está entrando en una fase de ingobernabilidad. Los conflictos sociales del país han cobrado notable notoriedad. Desde los mineros de Lázaro Cárdenas, Michoacán, pasando por Atenco, estado de México, y arribando a los desalojos de Chiapas, se establece la premisa de una pérdida de control por parte de los gobiernos federal y locales de las situaciones específicas.

Se habla de incapacidad de negociación, de falta de visión de lo vulnerables e irritables que son los distintos sectores sociales, del rencor social prevaleciente. Todo lo anterior es atribuible, en primera instancia, al gobierno federal. En una palabra, cunde la noción de que prevalece la polarización social, en un país donde el diálogo político no existe. Creo importante distinguir varios fenómenos sociales y políticos, a fin de poder establecer, con más claridad y orden, exactamente qué es lo que sucede en estos tiempos electorales, especialmente al final de las campañas.

Existe, en primer lugar, un nerviosismo evidente de muchos actores políticos y sociales. La incertidumbre se ha apoderado de las expectativas electorales. La vida era más sencilla cuando se sabía quién iba a ganar. Ese nerviosismo se traduce, casi inevitablemente, en percepciones leves o enormemente distorsionadas de la realidad. Y también conduce a que algunos quieran aprovecharse de la circunstancia para un beneficio propio, que puede ser tanto personal como político.

Por lo anterior, no me resulta sorprendente el surgimiento de focos de conflicto en distintas regiones de la nación. Es una especie de "foquismo post- guevarista" que pretende probar la debilidad y/o dispersión del contrincante. Es una reacción de quienes, desde los gobiernos locales o desde las trincheras de las agrupaciones políticas fuera del sistema, están con el interés por probar la capacidad del gobierno federal por manejar la situación. Saber eso es crucial para entender qué capacidad de respuesta podría tener el gobierno ante un eventual conflicto postelectoral.

La conjunción de elementos podría conducir, incluso, a un nuevo conflicto social y político, con derivaciones hacia el campo electoral. Quizá eso es lo que algunos actores están buscando promover. A una nueva inevitabilidad. Anteriormente se anunciaba la inevitabilidad de la victoria electoral de Andrés Manuel López Obrador. Anulada esa inevitabilidad, surge otra. Ahora es la inevitabilidad del conflicto post- electoral o, si se prefiere, a reclamos por los resultados electorales del 2 de julio.

Pero no todos los actores están de acuerdo ni en coordinación. Al contrario. Es un mundo vasto de confusiones e incertidumbres, donde el pescador más avezado es el que logrará definir sus objetivos y, con suerte, lograrlos. Los conflictos sociales son generadores de grandes incertidumbres. El miedo existe simplemente porque una sociedad no sabe, siempre, qué es lo que quiere arriesgar y qué se niega a poner en la balanza.

Dicho esto, no es sorprendente que un conflicto tan pequeño -ocho vendedores de flores- se haya convertido en un conflicto que reta a la nación entera. No es una casualidad. Ni es la torpeza de funcionarios. Es la dinámica impuesta por grupos político-sociales que buscan cualquier resquicio para establecer su bandera y promover sus ideales. Es campaña electoral de quienes no creen en las elecciones.

Por tanto, una gran lección de este proceso electoral del 2006 es que todas las fuerzas de la sociedad se tensan conforme avanza la campaña. No es un asunto exclusivamente de candidatos y sus partidos, de la propaganda política y sus intereses. No. Es un asunto que involucra incluso a los abstencionistas, a los francamente antielectorales y a los simples mortales. Aunque sea de una forma negativa, todos hacen campaña. Marcos en la televisión está haciendo campaña. Los grupos radicales a su izquierda hacen campaña, todos hacen campaña.

Precisamente por ello es que debe privilegiarse el diálogo político. Justamente porque todos hacen política, de una u otra forma. En este tiempo, pues, la idea que debiera difundirse es que hacer política es legítimo y hablar, o dialogar, entre oponentes también. La única vía para frenar la polarización del país es a través del diálogo. Es una lección de las campañas del 2006.

ricardopascoe@hotmail.com

Analista político

 
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PERFIL
 
Miembro fundador del PRD y, durante mucho tiempo, uno de los hombres más cercanos a Cuauhtémoc Cárdenas: colaboró en la campaña presidencial de 1994, como coordinador de Relaciones Internacionales, y en la local de 1997, cuando el ex gobernador de Michoacán compitió por la Jefatura de Gobierno del DF. Además, fue miembro del CEN perredista de 1989 a 1999 en las administraciones de Porfirio Muñoz Ledo y Andrés Manuel López Obrador. Fue delegado en Benito Juárez durante el periodo de Rosario Robles y, en diciembre del 2000, a pocos días de que Vicente Fox asumió el poder, fue nombrado embajador de México en Cuba. Al dejar su cargo, contendió por el partido México Posible para la jefatura delegacional en Benito Juárez.
 
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