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    Los riesgos
Amalia García
27 de abril de 2006

H oy, la izquierda se abre paso en todo el mundo. En América Latina, pero también en Europa, la visión de democracia trasciende lo procedimental -es decir, el acto de elegir gobernantes-, para añadirle contenidos sociales. Ahí están los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero en España, de Michelle Bachelet en Chile, de Tabaré Vázquez en Uruguay, de Lula en Brasil, de Kirchner en Argentina y recientemente el triunfo de Romano Prodi en Italia, que han surgido con el respaldo ciudadano expresado en elecciones libres y democráticas.

Esta gran oleada hacia la izquierda, se explica por el fracaso de las políticas neoliberales para responder a las esperanzas de millones habitantes en el mundo de vivir con dignidad. La riqueza se concentra cada vez más en unos cuantos, y el progreso no se traduce en una distribución equitativa. De acuerdo con la ONU, el ingreso de los 500 individuos más ricos del planeta es superior al de los 416 millones más pobres. Cada hora mueren mil 200 niños por causas relacionadas con la pobreza. Y esto ocurre en pleno siglo XXI, en la era de la revolución tecnológica.

El déficit social del neoliberalismo es ofensivo, y no se ha garantizado desarrollo humano ni disfrute de todos los derechos para la mayoría del planeta. Y los saldos están a la vista de todas y de todos. Por eso la izquierda, como opción más justa, avanza con solidez en muchas regiones; la gente quiere que la política recupere valores como la solidaridad y la equidad, junto con el de la libertad y la democracia.

La gente tiene el legítimo anhelo de mejorar sus condiciones de vida y exige empleos que permitan vivir con dignidad. Numerosos estudios sociales así lo reflejan, por ejemplo uno presentado en 2002 por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, del que se desprende que ha habido una ligera desilusión con la democracia en América Latina: pasó de 61% en 1996, a 57% en 2002.

Sin embargo, otros datos de este documento nos alertan: 56% de los entrevistados cree que el desarrollo económico es más importante que la democracia, 55% apoyaría a un gobierno autoritario si resuelve problemas económicos y 44% no cree que la democracia solucione los problemas del país. Hoy es cada vez más claro que la mayoría de la gente no apoya a la democracia como concepto abstracto; quieren una democracia social, aquella que tiene que ver con la solución y mejoramiento de sus condiciones cotidianas de vida.

En México, sería pertinente que las campañas electorales se centraran más en temas de fondo y en las propuestas de cada quien y menos en el ataque hacia el contendiente y mucho menos en estrategias para crear temor. A mí, como gobernadora surgida del PRD y comprometida con México, me lastima que se nos presente como un peligro para el país. Hemos luchado mucho por la pluralidad y el respeto; la nuestra es una nación que ha construido nuevas instituciones, como el IFE, el Tribunal Electoral, y el propio Poder Judicial. Para fortalecer la rendición de cuentas, están el IFAI, la Fiscalía para Delitos Electorales y desde luego la CNDH. El 2 de julio se renueva también el Congreso de la Unión y éste se ha convertido en un contrapeso del Ejecutivo, que influye más en las decisiones políticas nacionales.

Entonces, acudir a la noción de peligro para tratar de disuadir del voto por la izquierda, recuerda tiempos que creíamos superados. Lagos, Rodríguez Zapatero y tantos otros gobiernos progresistas en nuestro propio país han demostrado que esta opción es una oportunidad de atender las demandas sociales; apostémosle al diálogo, apertura y responsabilidad, y no permitamos la polarización en el país.

En México, optar por un modelo que se proponga el combate a la desigualdad y que promueva el desarrollo equitativo no sólo es un derecho; si así lo deciden los ciudadanos, también conviene a los empresarios, pues tendrían mercado para sus negocios; a las mujeres, porque se combatiría la discriminación; a los jóvenes porque tendrían opciones para su futuro. Como en el mundo, en México una visión democrática con compromiso social no es un riesgo, sino una oportunidad; que sea la gente entonces, libremente, quien determine su futuro gobierno.

Gobernadora de Zacatecas

 
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PERFIL
 
Ex presidenta nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Ha sido consejera nacional e integrante del Comité Ejecutivo Nacional de su partido, donde fungió como secretaria de Relaciones Internacionales, secretaria de Relaciones Políticas y Alianzas y secretaria de Asuntos Políticos Nacionales. Fue diputada federal de 1988 a 1999. Asimismo, actuó como presidenta de la Comisión de Seguridad Pública de la Asamblea de Representantes del Distrito Federal y como consejera de la Comisión de Derechos Humanos capitalina.
 
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