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    Los votantes en México
Gabriel Székely
26 de abril de 2006

Ya sabremos al leer estas líneas qué puntos destacaron durante el debate de anoche entre cuatro de los cinco aspirantes a la Presidencia de la República; si hubo o no un claro triunfador o triunfadora; quién se queda rezagado de manera definitiva; el impacto sobre Andrés Manuel López Obrador por su decisión de no participar; y los resultados de las encuestas posdebate, entre otros aspectos. Candidatos y ciudadanos estaremos listos para iniciar la etapa que desembocará en los comicios el domingo 2 de julio.

Todos hemos discutido sobre lo que podrían decir los candidatos durante los debates, pero no hemos reflexionado sobre lo que estos últimos nos pueden decir sobre los ciudadanos que acudiremos a las urnas ¿Estamos discutiendo esta mañana los chismes y escándalos a los que dio lugar el acto de ayer en la noche, o las propuestas importantes de alguno de los candidatos para que México sea un país más competitivo, moderno y democrático? De ocurrir esto último, esto es lo que marcaría la relevancia de los debates del 2006.

Lo digo porque los conductores de los equipos en competencia, que tanto se precian de conocer el pulso de la opinión pública, han ignorado en sus encuestas internas que el voto que decidirá la elección, el de los indecisos sin partido, está ávido de contar con algunos elementos para ir a votar al menos con el mínimo convencimiento por uno de los candidatos. La gente quiere sustancia, no sólo circo, y un circo que ha sido muy pobre.

"Votaré por el menos malo", es la triste frase que se ha hecho célebre en los comicios del 2006. Ésta sólo la puede pronunciar quien no sostiene una preferencia por un partido en el tiempo, porque no le convencen sus preceptos o sus candidatos a diversos puestos públicos.

Se ha calculado en distintos momentos de 25 a 35 % del electorado efectivo, esto es, de quienes declaran que sí irán a votar; recuerde el amable lector que en México votan cerca de seis de cada 10 electores registrados, cuando hay una alta participación como en las elecciones presidenciales. En el 2003, las de diputados, los ciudadanos sin partido indicaron que no salieron a votar, y por ello la alta tasa de abstencionismo.

La revisión de las campañas para las elecciones recientes en Italia y en Chile, o la que ocurre ahora en Estados Unidos, muestra que la discusión es en ocasiones amarga y que tienen lugar todo tipo de expresiones sin que nadie pretenda fijar reglas para lo que se puede decir; quien diga algo que la mayoría del público considere despreciable es responsable de sus propios dichos y actos, y del impacto negativo que pueda tener.

En entornos políticos complicados en donde se ha discutido el abuso del poder por el zar de los medios en Italia, la llegada al poder de una mujer de padres torturados por los militares chilenos, y las posiciones extremistas sobre los inmigrantes ilegales, aflora en todo momento una discusión más inteligente de ideas y de propuestas encontradas cuyo objetivo es ganar los votos y el aval para dictar la política de un país sobre temas controversiales.

Nadie pretende conciliarlas, y los elementos a favor y en contra de cada propuesta se dicen "sin pelos en la lengua" y contando con que la mayoría del electorado es maduro y podrá decidir qué argumentos le convencen al decidir su voto.

De inmediato saltan a la yugular quienes dicen que esto es un sueño guajiro, el comparar al votante mexicano promedio con el de los tres países cultos y experimentados mencionados; que aquí no hay capacidad de discernir y que el voto es fácilmente manipulado, además de ser en ocasiones burdamente "comprado".

Esta percepción que hay en círculos conservadores sobre el votante mexicano es uno de los temas más importantes que se han manifestado en el actual proceso electoral, y que merece una discusión de fondo que no hemos tenido, y que arrojará luz sobre el votante en México.

¿Hay o no una ciudadanía capaz de identificar qué le beneficia y qué no? ¿Es posible ganar en el 2006 fomentando el miedo y la polarización, y relegando cualquier idea y propuesta importante? ¿Debemos volver a un sistema en que un selecto grupo escoja a nuestros gobernantes?

Coordinador de asesores del secretario de Turismo

 
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PERFIL
 
Coordinador de asesores de la Secretaría de Turismo del Gobierno federal. Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad George Washington, se ha desempeñado como académico tanto en El Colegio de México como en la Universidad de California, en San Diego, donde además fungió como director asociado del Centro de Estudios México-EU. Asimismo, Székely ha prestado sus servicios para el Banco Mundial y las Naciones Unidas. Ha sido autor y co-autor en 45 publicaciones de cinco diferentes países.
 
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