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Dejando de lado por el mo-mento las mediáticas campañas electorales y sus consecuentes encuestas, donde todos los participantes han caído en el juego de la sociedad posmoderna expresado en la máxima fundamental de que "aquello que no aparece en los medios de comunicación no existe en la realidad", hay algunos otros temas sobre los cuales es necesario comentar y participar en ellos. Sin duda uno de esos temas a resaltar es el hecho de que, a pesar de las noticias que vemos y leemos en todo el mundo sobre los desastres que ocasiona esta sociedad de consumo y muerte, los europeos por fin han decidido poner un hasta aquí al abuso que, a través de distintas formas los grandes bancos y consorcios financieros que ofrecen tarjetas de crédito hacen sobre los consumidores. Cuando uno lee y escucha los comentarios de los llamados especialistas en cuestiones económicas, pareciera que estamos viviendo una época florida de crecimiento y desarrollo en todo el mundo. Por ejemplo, se destaca el que las reservas internacionales de muchos países alcanzan cifras que nadie hubiera podido imaginar hace pocos años. Es el caso mexicano, donde casi llegamos a tener más de 70 mil millones de dólares de reservas, que aunados a lo que está ingresando por las exportaciones del petróleo nos colocan en una situación envidiable para muchos países tanto desarrollados como en desarrollo. De esta supuesta situación de bonanza se aprovechan los grandes consorcios económicos, encabezados por los bancos. Las ofertas para que cualquiera pueda contar con una, dos o más tarjetas de crédito están a la orden del día. Casi a diario nos invaden en los domicilios particulares con llamadas telefónicas o nos llega por correo propaganda para adquirir una de las tan difundidas tarjetas, sea normal, platino, oro o el nombre que la mercadotecnia utilice con objetivo de hacernos caer en su red. Y por lo visto esto no sólo ocurre en México sino en todas partes, lo cual ha llamado la atención de la Comisión Europea que, a través de la comisaria de la Competencia, la señora Neelie Kroes, ha dado un plazo de 10 semanas a los intermediarios, léase los bancos y sus similares, para que remedien la situación. De no hacerlo, abrirá un procedimiento contra ellos, lo que significa la posibilidad de fijar políticas, e incluso sanciones, para el abuso que están cometiendo. Según la citada Comisión, tan sólo en Europa se podrían ahorrar más de 100 mil millones de euros anuales, si existiera un mercado único del sistema de pago de las tarjetas de débito o crédito que expiden las citadas instituciones. Esta situación tiene su origen en la debilidad de los consumidores y de las pequeñas empresas y que permite que los grandes consorcios se aprovechen. Se estima que más de 25% de las utilidades que reportan los bancos se debe a las comisiones que cobran y que, hasta ahora, poco o nada se regula dejándose tan sólo a la competencia del mercado, es decir a la famosa "mano invisible", que lo único que hace es perjudicar al consumidor. Frecuentemente notamos en la prensa especializada mexicana el orgullo con el que declaran los empleados de los bancos extranjeros sobre las enormes utilidades que obtienen en nuestro país. Sin embargo, podemos decir lo mismo que los europeos, que mucho de estas utilidades se debe a las comisiones escandalosas que los bancos cobran a los usuarios o que les exigen a las pequeñas empresas por operar con sus tarjetas. Al igual que en Europa, las reguladoras estatales se han visto imposibilitadas de poner un alto a este robo que hacen los bancos. En nuestro país, la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) ha tratado de poner un alto a esta práctica, pero sus esfuerzos no han ido más allá de publicar tablas comparativas sobre cuánto cobra cada banco por sus servicios. La autoridad hacendaria no ha hecho un esfuerzo serio para poner en orden a estas instituciones. Incluso el gobernador del Banco de México ha declarado de vez en cuando su molestia y preocupación por tales prácticas, pero la situación sigue igual. Estamos frente a un verdadero oligopolio, donde las reglas del mercado no existen, sino más bien lo que se genera es el acuerdo entre ellos. Además, suceden cosas que podríamos calificar como ridículas, si no fueran en detrimento de los usuarios de la banca. Es el hecho de que cada día cobran por cualquier servicio, mientras que, por ejemplo, en las llamadas cuentas maestras otorgan intereses de cuando mucho 1.5% mensual del dinero que el usuario tiene en el banco, cuando los intereses que cobran sobre las tarjetas de crédito van de 35 a 45%. A esto en cualquier parte del mundo antes se le llamaba "usura", pero ahora se le denomina "comisiones". Además, como ahora un puñado de instituciones transnacionales son las dueñas de casi todos los bancos, como ocurre en México después del regalo que les hizo el régimen priísta, al dizque venderles los bancos a escogidos mexicanos, y que a la postre los revendieron con grandes utilidades a los extranjeros, los nuevos dueños que se muestran prepotentes, no sólo aquí sino en todo el mundo. Por eso es bienvenida la decisión de la Comisión Europea de ponerle un alto a este abuso. Es deseable que los resultados de su investigación obliguen a esos tiburones a comportarse de una manera decente y justa. Si esto se lograra en Europa, no dudamos que en el resto del mundo, y por supuesto en México, se pueda por lo menos poner algo de orden y que las grandes utilidades que reportan a sus matrices sean en verdad producto de operaciones tangibles y provechosas para todos, y no producto de meras comisiones que imponen a los usuarios. Las autoridades hacendarias y la Condusef deberían estar atentas a estos resultados. Es tiempo ya de que los bancos extranjeros en nuestro país dejen de estar sangrando a los consumidores con comisiones excesivas, apalancadas en publicidad absurda y engañosa. Analista político y economista
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