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    ¿Sirven los foros?
Enrique del Val Blanco
13 de abril de 2006

Uno de los acontecimientos que marcará esta época en el mundo es la recurrente celebración de foros y reuniones sobre diversos temas importantes todos pero que al final, en la mayoría de los casos, no pasan de ser una reunión más donde se plantean y supuestamente se discuten a fondo los problemas, para sacar conclusiones y de alguna forma avanzar en la solución de los mismos. En la mayoría de los casos las resoluciones no van más allá de ser buenos deseos o pequeñas concesiones que no afectan el curso de la vida, que continúa tal y como era.

En muchas ocasiones ocurre que las conclusiones ya están predeterminadas desde antes de iniciar el foro y todo el desarrollo del mismo es puro teatro destinado al consumo de los de afuera y de los medios de comunicación. Eso sí, todas son reuniones muy vistosas, con muchos periodistas, distinguidos invitados, grandes comidas y cenas, que más bien se asemejan a festivales que a reuniones serias para atender los problemas graves que aquejan a la humanidad.

Es también por eso que en muchas ocasiones, por no decir que en todas, surgen protestas de diversos grupos, que en parte tienen razón dado que no se llega a soluciones verdaderas de los problemas planteados. Lo único que se observa es un gran derroche de dinero en el desarrollo de estas reuniones, ahora aumentado con las medidas de seguridad que instrumentan los gobiernos organizadores, para que los asistentes no enfrenten algún disgusto o tengan contacto con los que protestan y así continúen en su mundo mágico.

Por supuesto, hay todo tipo de reuniones. Unas, realizadas por los organismos internacionales, otras por el sector privado; pero como son tantas podemos decir que no pasa algún mes sin que ocurra alguna, por lo que incluso su difusión y resultados se esfuman y olvidad al poco tiempo, pues hay que atender la siguiente reunión en puerta.

Un ejemplo de lo anterior lo tuvimos el pasado mes de marzo, cuando se realizó en nuestro país la reunión supuestamente más importante de la historia moderna sobre uno de los temas que actualmente tienen la mayor preocupación para los seres humanos, al celebrarse el cuarto Foro Mundial del Agua. Desde el punto de vista de su organización, salió muy bien. Es conocida la fama de los mexicanos como organizadores de buenas reuniones. De seguro significó un gasto de varios millones de pesos, que sin duda estarían presupuestados, y permitió que por unos días nuestro país fuera mencionado en todo el mundo. Desde este punto de vista, la reunión salió, fue exitosa.

Sin embargo, ahora lo más importante son los avances habidos en uno de los temas cruciales, tomando en cuenta las cifras oficiales sobre el abasto de agua en el planeta. El agua no se va a acabar, pero su distribución, al igual de lo que ocurre con el ingreso, se concentra no sólo por razones económicas sino por su disponibilidad como recurso natural y su localización geográfica. En 20 años más, que no significa mucho tiempo, un tercio de la población mundial, es decir más de 2 mil 500 millones de personas, se verá afectada severamente por la falta del vital líquido. Hoy, en este 2006 son más de mil millones los que sufren la escasez. Por supuesto, los más afectados son los habitantes de los países subdesarrollados.

La gran propuesta que hace la Organización de las Naciones Unidas (ONU), es un llamamiento a todos para "compartir el agua", dado que es un problema de distribución de recursos y de manejo eficiente del líquido que no ocurre generalmente. Como llamamiento está muy bien, pero qué tan real puede ser atenderlo. Con el actual modelo de desarrollo económico el agua es un bien escaso y por ello se convierte para muchos países en estratégico, por lo que será muy difícil atender los buenos deseos de la ONU de compartir el agua.

Tan sólo habría que tomar en cuenta la problemática de los distintos continentes para darse una idea de lo complicado que resulta poder compartir el agua. De qué manera los africanos podrán compartir un recurso del que no cuentan en grandes cantidades, o cómo le hacemos en nuestro continente, en el que supuestamente tenemos más de 50% del agua a nivel mundial y que serviría muy bien para atender a los casi 900 millones de seres que aquí habitamos, siempre y cuando la distribución no fuera tan inequitativa y su uso no privilegiara a la industria y, sobre todo, a la agricultura de riego, como ocurre en muchos casos en el continente americano.

Hoy, según los datos recogidos en la citada reunión del agua, existen más de 200 millones de habitantes urbanos, la mayoría viviendo en las colonias marginales, con los distintos nombres que le ponemos en nuestros países, que no tienen sistemas de saneamiento y que no cuentan con suministros seguros de agua o para obtenerla deben caminar varios kilómetros. Además, en este tema del agua existe la política de desprestigio en el rubro del manejo de la misma, atribuida a los gobiernos, acusándolos de ser muy corruptos en ello. Ante lo cual se propone que el suministro de este vital líquido sea a través de compañías privadas, como ocurre en muchos países desarrollados.

La realidad ha demostrado que ineficientes y corruptas son igualmente las empresas privadas que participan en este negocio. Y para mí en esta palabra de "negocio" es donde radica el problema, puesto que es indignante ver que un recurso natural indispensable para la vida humana se pueda considerar un "negocio". Es por ello que los gobiernos deben defender el derecho de ser quienes manejen todo lo referente al agua, mejorando sin duda su operación y por supuesto eliminando la corrupción.

Seamos realistas, ningún país va a compartir el agua, por muchos llamados que haga la ONU. Tratemos, al menos, de compartirla los mexicanos con los mexicanos, ante la escasez que se anuncia.

Ahora bien, más que grandes y pomposas reuniones mundiales sobre temas tan importantes, que al mes de celebradas se olvidan, deben elaborarse propuestas, por lo menos a nivel local y regional, sobre cómo hacer frente a los asuntos que más nos aquejan, porque cada día el individualismo y la codicia son más importantes que la solidaridad humana. Y mientras no cambie el modelo económico, seguirán así las cosas.

Analista político y economista

 
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PERFIL
 
Analista político y economista. Secretario general de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde también actuó como contralor general. En el ámbito público, fue subsecretario de la Contraloría y subsecretario de Desarrollo Social.
 
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