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Cada partido político maneja los resultados de las encuestas a su conveniencia. Son un instrumento de su propaganda. Más allá de la manipulación de los resultados que se hace en una campaña, lo que muchos se preguntan es qué está ocurriendo en la realidad. ¿Hay, como algunos sostienen, un cambio en las tendencias electorales donde AMLO está en el primer lugar, Calderón en el segundo y Madrazo en el tercero? Después de los resultados de las últimas encuestas nacionales, Felipe Calderón -con apoyo en los resultados de GEA- ha afirmado que él ya va a la cabeza. Por su parte, el PRI -con apoyo en la encuesta de María de las Heras- dice que Roberto Madrazo va a ganar, puesto que mientras los otros dos candidatos van a la baja, Roberto ha subido. Tanto Calderón como Madrazo saben que AMLO sigue punteando. Saben que, si las encuestas que los favorecen, tan sólo hubieran sido calculadas con un nivel de participación de 60%, como el que se anticipa para el 2 de julio, la ventaja para AMLO habría sido mayor. Bajo ningún supuesto Calderón ni Madrazo ganarían hoy las elecciones. Si se analiza con rigor la información, la reducción en las intenciones de voto a favor de AMLO, de 1.5%, no tendría por qué tener un mayor significado. Es una variación muy pequeña comparada con los rangos entre los que se ha movido durante los últimos tres años. Se podría decir que ese es el pasado y que lo que importa ahora es el futuro. Es cierto. Para analizar el futuro, la variable más importante a la que se debe mirar es el comportamiento de los independientes. Para AMLO esos votos son determinantes. En la última encuesta, los independientes no varían. Incluso están dos puntos arriba que el mes anterior. Por lo tanto, y hasta ahora, no hay un cambio de tendencia. No lo hay hasta ahora, pero pudiera haberlo. Los cambios en la opinión, aunque mucho menos duros que las intenciones de voto, podrían anticipar futuros cambios en las intenciones. En prácticamente todos los grupos, AMLO conserva su apoyo, salvo en dos donde la estrategia del miedo parece estar teniendo algún impacto: en los mayores de 50 años y entre los universitarios, donde Calderón había tenido un fuerte descalabro con su entrevista sobre la píldora del día siguiente. En el terreno, nuestras observaciones nos dicen que el respaldo a AMLO se continúa consolidando. Aunque sí se percibe que está ocurriendo una diferenciación regional, atribuible a otras causas, como la calidad de las candidaturas. Por ejemplo, en el DF, la candidatura de Marcelo Ebrard se sigue consolidando con una intención de voto superior a 55%, mientras que Beatriz Paredes ya pasó al segundo lugar, con 25%. Por lo pronto, no hay suficientes elementos para decir que hay un cambio en las tendencias. Sin embargo, los pequeños movimientos que se han presentado, debieran ser interpretados por los partidarios de AMLO, como una señal para redoblar el esfuerzo. Es mucho más sano pensar que la competencia ha empezado, a suponer que la elección está ganada. Si tan sólo fuera porque la fecha de las elecciones se aproxima, ya habría ahí un estímulo a favor de que se cerrara la competencia. Con independencia del rigor en las encuestas, lo mejor es aprovechar el impulso para reforzar la marcha. Frente a la guerra sucia que muy pronto se agotará o terminará revirtiéndose, hay una ventaja que AMLO mostró tener tiempo atrás: su probada capacidad de reacción frente al acoso. Frente a la propuesta del PRIAN de mantener un status quo de estancamiento y privilegios en la economía, la posibilidad del cambio en el rumbo de la política económica. La elección está ganada más que por las encuestas, por el cansancio de la sociedad ante los abusos y falta de resultados. Al proyecto de radicalización neoliberal -IVA a alimentos y medicinas y privatización de Pemex- que el PAN promueve, hay que enfrentarlo con una oferta seria de crecimiento con justicia. Diputado federal (PRD)
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