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    El factor crucial
José Luis Calva
07 de abril de 2006

EL consenso universal sobre la relevancia del desarrollo tecnológico como factor crucial de la productividad, la modernización y el crecimiento económico, contrasta con las realidades de la política económica mexicana. Mientras los exitosos países de reciente industrialización, como Corea del Sur, incrementan aceleradamente sus inversiones en ciencia y tecnología (hasta alcanzar 2.6% del PIB), en México se observa una preocupante desatención de la investigación científico-técnica (con una inversión de 0.39% del PIB en 2004, lo que representa incluso una involución respecto de 0.49% del PIB observado en 1981). De esta manera, en vez de acortarse la brecha tecnológica entre México y sus principales socios y competidores comerciales, se perpetúa y agranda. Nos mantenemos distantes del umbral que recomienda la OCDE de 1% del PIB en ciencia y tecnología para países en desarrollo; y más distantes de los porcentajes del PIB que destinan al rubro los países desarrollados o de reciente industrialización.

No obstante la retórica modernizadora, productivista y eficientizadora de los estrategas neoliberales, la permanencia y profundización de la brecha científico-técnica compromete la competitividad de nuestra planta productiva, porque la aplicación de tecnologías innovadoras es elemento primordial de las ventajas competitivas dinámicas.

La hipótesis según la cual los países atrasados o de desarrollo medio pueden acceder a tecnologías competitivas mediante su compra en los mercados internacionales (lo que "justificaría" la reducción o estancamiento del gasto público en ciencia y tecnología), arranca del supuesto de que los mercados de tecnología son de competencia perfecta. Pero el mundo real es muy diferente de las fantasías neoliberales. Los mercados de tecnología se caracterizan por su marcada imperfección: la oferta de tecnologías no sólo se ve afectada por la protección legal, sino también y en mayor medida, por los secretos comerciales. No hay que olvidar que las transnacionales suelen explotar por su cuenta las nuevas tecnologías cuando se encuentran en su fase ascendente, fabricando y vendiendo los productos. Una vez que la tecnología está en su fase madura, la empresa transnacional suele transferir la producción a sus filiales en otros países. Y sólo cuando la tecnología entra en su fase de declinación -y, generalmente, otra tecnología de relevo está siendo perfeccionada en la propia firma-, la corporación suele poner en venta la tecnología declinante.

Ahora bien, la aplicación de nuevas tecnologías puede implicar la adquisición de maquinaria, equipos e instalaciones ad hoc, cuya amortización suele requerir varios años, de manera que los compradores de una tecnología en declive pronto se verán operando con procedimientos y equipos obsoletos, o tendrán que absorber la reposición más pronta de la tecnología y los equipos anticuados, lo que incidirá en sus costos y en su competitividad.

De hecho, la aptitud para escoger certeramente entre las tecnologías efectivamente disponibles en los mercados internacionales, de adaptarlas a condiciones específicas, modificarlas o perfeccionarlas, depende del desarrollo de la investigación científico-técnica en el propio país.

Además, las experiencias de países que han desplegado estrategias exitosas de industrialización reciente, indican que la conquista de espacios crecientes en el mercado mundial ha dependido sobre todo -además de su eficiente desempeño como buenos seguidores tecnológicos y en ingenierías de reversa- del desarrollo de tecnologías propias, hecho que los ha colocado como oferentes de productos con tecnología de punta y, por tanto, originales, o mejores en calidad, o de más bajo precio. Por eso, al desatender el desarrollo de la investigación científico-técnica, el modelo neoliberal compromete también el futuro de México.

En el ámbito directamente productivo, la oferta neoliberal de conseguir la modernización económica y la elevación acelerada de la productividad, no sólo no se ha cumplido, sino que los resultados del modelo configuran una regresión respecto del dinamismo observado en las décadas previas al modelo neoliberal. Mientras la productividad agregada del trabajo creció a una tasa media de 3.1% anual durante el periodo 1935-1982; bajo el modelo neoliberal sólo creció a una tasa media de 0.8% anual (periodo 1983-2005); la productividad agrícola creció a una tasa de 2.6% anual en el primer periodo y de 0.9% anual en el segundo; la productividad industrial creció 3.1% anual bajo el modelo precedente y sólo 0.8% anual bajo el modelo neoliberal; y la productividad en los servicios creció 1.2% anual entre 1935-1982, contra 0.8% anual bajo la estrategia neoliberal, que supuestamente nos conduciría a la modernización y eficientización.

Ciertamente, algunas empresas han logrado elevar su productividad a ritmos acelerados; pero el conjunto de la economía nacional arroja desastrosos resultados en materia de productividad bajo el modelo neoliberal. La causa radica, desde luego, no sólo en el descuido de la investigación científico-técnica, sino también en el raquítico comportamiento de la inversión fija bruta (maquinaria, equipo y construcciones), que después de haber crecido -en cifras per cápita- a una tasa media de 6% anual entre 1935-1982, apenas creció a una tasa media de 0.6% anual durante 1983-2005. Es uno más de los nefastos resultados del modelo neoliberal, aplicado con fanatismo durante casi un cuarto de siglo. Es tiempo de ponerle punto final.

Investigador del IIE-UNAM

 
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PERFIL
 
Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM. Especialista en economía agrícola y desarrollo rural, fue distinguido con el Premio Nacional de Periodismo en 1999, por artículo de fondo publicado en EL UNIVERSAL, donde colabora desde mayo de 1995. Ha impartido numerosos cursos en universidades de México y el extranjero y participado como ponente en más de 200 seminarios y congresos científicos. Entre sus logros se cuentan también el Premio en Investigación Económica "Maestro Jesús Silva Herzog" 1999, el Premio Universidad Nacional 2001 en ese mismo ramo y el Primer Premio Nacional de Periodismo en Análisis Económico 2001, otorgado por el Club de Periodistas de México, A.C.
 
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