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A pesar de que al final la reforma a las leyes de radio y televisión y de telecomunicaciones fue aprobada sin que se le cambiara una sola coma, el intenso debate que se dio tanto en las comisiones como en el Pleno del Senado obligan a pensar sobre el papel que dicho órgano de representación política está desempeñando en nuestra frágil democracia. La reflexión vale la pena no solamente por los contenidos de las argumentaciones vertidas y el análisis sobre las repercusiones de las leyes en cuestión, sino por el contraste con la actitud de los diputados que aprobaron las reformas por unanimidad y sin discusión alguna. Tradicionalmente el Senado fue identificado con el ala más conservadora del Congreso, que frenaba el impulso más popular e impetuoso de la Cámara de Diputados. El Senado era "la estación de invierno", en la que se refugiaban aquellos políticos interesados en saltar a un cargo en el Ejecutivo, en suma, el Senado era la expresión de la defensa del statu quo. A ello obedeció que la Constitución de 1857 previera la existencia de una sola cámara de representantes (el Senado sería restituido en 1874). Esta concepción explica también por qué en varios países latinoamericanos el Congreso es unicameral. Durante los 70 años de hegemonía del PRI, el Senado, al igual que su colegisladora, carecieron por igual de relevancia política por el predominio de la Presidencia, pero una vez que la competencia política introdujo el pluralismo en el Poder Legislativo, el Senado empezó a cobrar relieve como instancia de contrapeso a la Cámara de Diputados y de respaldo para el poder presidencial. Esta fue la función que cumplió durante el segundo periodo del presidente Zedillo cuando el PRI perdió por primera vez la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. Ya durante el gobierno de Fox, cuando el gobierno dividido se extendió al Senado, éste ha dado muestras de una mayor madurez en la representación política que en la Cámara de Diputados porque, además de hacer evidente un mayor conocimiento técnico y jurídico de la tarea parlamentaria, ha demostrado una capacidad deliberativa más sustanciosa. Entre las razones que explican esta circunstancia están el perfil de los senadores que suelen ser políticos más experimentados que los diputados porque su arribo al Senado es resultado de una carrera política previa y la duración de la representación que les permite entrenarse en la técnica parlamentaria por seis años consecutivos y esto es particularmente importante por la falta de reelección en el Legislativo. El debate en torno de la popularmente llamada "Ley Televisa" permitió que los senadores conocieran a fondo el contenido de la minuta enviada por los diputados; los obligó a estudiar sus diversos apartados, muchos de ellos con contenidos fuertemente técnicos, a fin de poder comprender las ausencias, contradicciones e inconveniencias de la reforma. La deliberación en el Senado, que por momentos se tornó tensa, permitió difundir los contenidos de los diferentes apartados de la reforma, para con ello informar mejor a los ciudadanos sobre un tema de importancia central para el futuro de nuestra democracia, en la medida que evidencia la impunidad de los poderes fácticos y la postración de los poderes públicos ante ellos. La discusión transparentó los intereses de los legisladores e hizo nítida la inconveniencia de que una reforma de esta naturaleza se aprobara en medio de un periodo electoral que es cuando los partidos y candidatos están volcados en una lucha por alcanzar la más amplia cobertura mediática para atraerse los votos ciudadanos. La prohibición que contempla el artículo 105 constitucional para que las leyes electorales no puedan ser modificadas durante los procesos comiciales tendría que hacerse extensiva a todas aquellas normas que tengan efecto sobre las campañas proselitistas de los partidos. Empero, ni los buenos argumentos técnicos y jurídicos de los senadores que se opusieron a la reforma lograron modificar la determinación de sus 81 compañeros que optaron por disciplinarse acríticamente a las directivas de sus fracciones parlamentarias, muy probablemente porque aspiran a alguna candidatura y para hacerla efectiva, prefieren rendirse a los pies de los concesionarios. Por la importancia de lo que se debatió en el Senado la semana pasada y por lo enconado del debate, el PAN sufrió una división y, aunque en menor medida, el PRI también se vio afectado. En cambio, el PRD optó por hacer un mea culpa y votar en contra unánimemente, a sabiendas de que la ley sería igualmente aprobada y para no pagar el costo político de avalar una reforma tan seriamente cuestionada por tantos sectores de la sociedad. Aunque la deliberación en el Senado fue ineficaz, no fue improductiva. Ya en otra ocasión anterior esta práctica había marcado una diferencia respecto del comportamiento de la Cámara de Diputados, la diferencia fue que en aquella ocasión la intervención del Senado fue exitosa. Me refiero a la reforma al Cofipe para permitir el voto de los mexicanos en el extranjero que, después de ser aprobada en la Cámara de Diputados sin discusión alguna, fue debatida, revisada y reformulada por el Senado para hacerla viable. Como en aquella ocasión, el Senado mostró ahora que es un espacio vivo de deliberación, abierto a las opiniones de los ciudadanos que durante los foros de consulta manifestaron su rechazo fundamentado a las reformas. Esa fue, al menos, la actitud de los 40 senadores que votaron para que no pasara la reforma a las leyes de radio y televisión, sin enmienda alguna, o sin un mayor plazo para la deliberación. Ganaron la deliberación, pero perdieron la votación. Profesora de la FCPyS de la UNAM
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