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    Italia: prueba de fuego
César Cansino
04 de abril de 2006

DOS grandes coaliciones o alianzas multipartidistas se enfrentarán el próximo domingo en las elecciones parlamentarias generales en Italia: la centroderechista Casa de la Libertad, del actual primer ministro Silvio Berlusconi -surgida de la antecedente Forza Italia que llevó al poder al controvertido empresario hace cinco años-, y la centroizquierdista Unión, encabezada por Romano Prodi, quien ya fuera primer ministro por la misma alianza mejor conocida como Olivo.

Según las últimas encuestas, la alianza de centroizquierda alcanzará los suficientes votos a nivel nacional como para formar gobierno, mediante un complejo sistema electoral mixto predominantemente proporcional pero con una cláusula de mayoría que aplica de acuerdo con la distribución territorial de los votos. Sin embargo, no se descarta una sorpresa de última hora en favor de Berlusconi.

En cualquier caso se espera una alta abstención que vendría a ratificar la profunda crisis de la política institucional en el país mediterráneo que desde la caída de la Democracia Cristina hace 15 años, en medio de un terrible escándalo de corrupción, no ha podido encontrar un sistema electoral y político que le asegure estabilidad y gobernabilidad.

El país ha experimentado varias reformas y ninguna ha soportado la prueba de la competencia y mucho menos ha podido arraigarse con certidumbre. Lejos de ello, Italia vive una crisis en todos los órdenes, y una intensa y extensa activación social que evidencia cada día el creciente alejamiento que existe entre sociedad y gobierno. Y si bien el deterioro del país no es responsabilidad exclusiva del gobierno de Berlusconi, sí se ha intensificado en los últimos años de su mandato.

Todos los días se ven escenas protagonizadas por organizaciones y movimientos de todo tipo en contra de las autoridades y sus programas. Sin exagerar se podría hablar incluso de formas múltiples de resistencia civil en contra de las decisiones políticas que han llevado al país a una de sus peores crisis en toda la era de la integración europea: cero crecimiento económico, caída de la bolsa local, pérdida de competitividad, quiebra de industrias, desempleo galopante, etcétera.

A unos días de las elecciones campea entre los italianos la sensación de que su país ha retrocedido en el camino de su modernización política y del sistema. Pese a ello, la disputa entre los candidatos se ha dado más en el terreno ideológico que en el de la evaluación puntual de los resultados de gobierno. Alentada por los medios, en las campañas ha predominando la confrontación de visiones del mundo extremas e irreconciliables que poco ayudan a la búsqueda de soluciones. Además, para un sector creciente, el hecho de que pesan sobre Berlusconi varias sospechas de corrupción y que éste sigue teniendo una ventaja mediática sobre sus rivales por ser dueño de las principales industrias de entretenimiento del país, la alternancia sería sana para la democracia.

La polarización ideológica es de tal magnitud que en la confrontación es posible ver y escuchar de todo. Por una parte, Berlusconi se ha lanzado enérgicamente a cuestionar y descalificar el activismo de las organizaciones de izquierda que en su opinión mantienen al país secuestrado y sin posibilidad de avanzar hacia su desarrollo. Incluso ha afirmado que si la centro-izquierda lo desbancara del poder en las próximas elecciones la situación del país sería catastrófica y caótica, pues la izquierda ha mostrado una gran insensibilidad para comprometerse con las grandes causas nacionales, amén de estar atrapada en un activismo militante anquilosado y corrosivo. Por su parte, la centro-izquierda no pierde ocasión para descalificar de ultraderechista a Berlusconi, como cuando su gobierno impulsó una reforma en materia de inmigración sumamente restrictiva y racista.

Por todo ello, muchas cosas están en juego en estas elecciones. A nivel institucional, se pondrá a prueba la pertinencia y la viabilidad de un nuevo sistema electoral, sumamente complejo a decir de los especialistas, pero que pretende una mayor colaboración, involucramiento y corresponsabilidad en las decisiones de las dos grandes fuerzas políticas que se han venido afirmando gradualmente en el país, en el presupuesto de que la enorme polarización que dichas fuerzas han alimentado en fechas recientes sólo ha favorecido la ingobernabilidad y la parálisis, y coadyuvado al desencanto social hacia la política institucional y partidista, atrapada más que nunca en un nivel deplorable de descalificaciones y diatribas, donde el escándalo mediático es el pan de cada día.

A nivel de las relaciones de Italia con la Unión Europea también están en juego cuestiones cruciales: su propia posición estratégica y comercial, las expectativas de consolidación democrática que no ha podido satisfacer pese a las exigencias en ese sentido de los demás países europeos, entre otros aspectos. Nunca como ahora decir que Italia se juega en estas elecciones su futuro había tenido tanto sentido. Pasar del debate ideológico estéril a la búsqueda de soluciones concurrentes para el mejor desempeño gubernamental, para innovar racionalmente con miras a relanzar al país hacia adentro y hacia fuera, es el gran objetivo. El desafío no es fácil. Estas elecciones pueden ser el último tren que pueda salvar a Italia de un descalabro aún mayor. Se agotó el tiempo de las retóricas dogmáticas, de las ilusiones y las fugas de la realidad. Llegó la hora de hacer las cuentas con los grandes problemas que Italia arrastra desde hace años.

cansino@cepcom.com.mx

Director del Centro de Estudios de Política Comparada

 
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PERFIL
 
Director del Centro de Estudios de Política Comparada, A.C., y de la revista Metapolítica. Es doctor en Ciencia Política por la Universidad de Florencia. Además, es investigador y catedrático del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y se ha desempeñado como profesor regular en varias universidades del país. Ha sido profesor invitado en más de 15 universidades del extranjero como Cambridge, Stanford y Florencia. Actualmente es investigador nacional nivel II del SNI y miembro de la Academia Mexicana de Ciencias. Entre otras distinciones, obtuvo el Premio Nacional de Periodismo 1995 por artículo de fondo y el premio Jean Monnet 1991 otorgado por la Comunidad Europea. Es autor de más de 25 libros publicados en varios idiomas y países.
 
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