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    Equipo de liderazgo
Ana María Salazar
17 de marzo de 2006

UN lector me envió el siguiente chiste a mi portal : llega un borrachito a Los Pinos y se topa con un sargento del Estado Mayor, a quien le dice: "Apártese, voy a pasar... Yo quiero ser el nuevo presidente de la República mexicana". El incrédulo sargento contesta: ¿Qué? ¿Eres menso? ¿Estás loco? ¿Tienes deficiencias mentales? ¿Tienes excremento en la cabeza? "Ah... No, qué va... mejor no... no sabía que pedían tantos requisitos", tristemente responde el alcoholizado aspirante presidencial... ¡Hip!

La reputación que han dejado los presidentes, por la aparente falta de resultados, desafortunadamente ha llevado a muchos a pensar que los "requisitos" sugeridos por el borrachito son ciertos. Y aunque el proceso de campaña de los últimos años -si es que estamos todos de acuerdo en que las campañas de Calderón, López Obrador y Madrazo llevan años- todavía no nos dan mucha claridad sobre cuáles propuestas viables tienen los candidatos para resolver los problemas del país.

El largo proceso electoral sí nos ha permitido entrever algunas de las virtudes y de las deficiencias de los que nos quieren gobernar. Por ejemplo, ya a estas alturas tenemos opiniones sobre la "visión" de las rutas que debe de seguir el país hacia el futuro, y tenemos idea de la capacidad de los candidatos de comunicarse con el ciudadano. Inclusive, estas campañas son un abreboca de la capacidad de los suspirantes como estrategas políticos.

Hasta la información que las campañas han hecho pública, sobre la vida personal y familiar de los candidatos, es también otra fuente de datos que el elector puede usar para decidir cómo votar.

Curiosamente uno de los factores que más define el éxito o fracaso de un presidente es su capacidad de liderazgo para conformar un equipo de trabajo, de asesores y secretarios, y su habilidad de supervisar y, más que nada, controlar las ambiciones políticas de estas personas que le ayudarán a gobernar.

En un maravilloso libro sobre el tema liderazgo, titulado El arte de liderar, su autor, Francesco Alberoni, identifica la responsabilidad primordial de un líder: "La verdadera función del líder, empero, no es hacerlo todo, pensar en todo, controlarlo todo, sustituir a todo el mundo. Su función no es imponer su voluntad en todos y cada uno de los campos, ni dar órdenes minuciosas sobre cada posible argumento, abortando o frustrando la creatividad de los demás.

"El líder es, ante todo, el custodio de la meta, aquel que recuerda e indica a todos los demás hacia dónde hay que ir y que controla que el engranaje se mantenga en movimiento".

Esta definición, en la que el líder dirige la orquesta, señala que la selección de los músicos que tocarán la sinfónica es un proceso fundamental que definirá el éxito del concierto sexenal.

Y aunque los tres candidatos punteros tienen experiencia profesional que nos da algunas ideas de su capacidad de liderazgo, además de que ya se han identificado a algunas personas del círculo cercano de asesores, hasta la fecha la campaña presidencial nos ha dado pocas pautas para identificar quiénes serán las personas que a diario estarán susurrando al oído presidencial y mucha menos pauta para adivinar la capacidad que tendrá el futuro presidente de controlar a sus asesores.

En el libro Comandante supremo-soldados, estadistas y el liderazgo durante la guerra de Eliot A. Cohen, se analiza el comportamiento y el estilo de liderazgo de cuatro líderes mundiales. Cohen subraya que entre las características que identifica de los grandes líderes que gobernaban durante una guerra fue su capacidad de saber rodearse bien. Estos líderes sabían a quién "seleccionar, promover, contener, y a quién reemplazar". Yo traduzco estas recomendaciones más coloquialmente: escoger, crecer, detener y correr.

En el pasado autoritario del país la selección era un proceso fácil, no había cuestionamientos a la sabiduría del presidente de nombrar o promover a funcionarios incompetentes, incapaces o corruptos. Con frecuencia los requerimientos del presidente de sus asesores eran dos: absoluta lealtad (en las buenas y en las cochinadas) y no hacerle sombra a su jefe. En cambio, el nuevo equipo del presidente electo en julio enfrentará un escrutinio en todos los sentidos: familiar, académica, y profesionalmente. Ya no se puede mentir con desfachatez sobre títulos que no se tienen o experiencia que nunca se acumuló o enterrar escándalos en los que se tejieron redes de complicidad.

También, debido a la falta de transparencia en el pasado, las diferencias entre el jefe supremo y su equipo no se ventilaban en los medios de comunicación, ya sea porque se amenazaba al disidente o se amenazaba al medio que buscaba balconear las diferencias. Aunque el arma más poderosa que tendrá el nuevo presidente con su equipo -la de despedirlo, que de hecho Fox rehusó desenvainar desde el momento en que prometió que tendría un gabinete de seis años- es sólo un arma de última instancia que generalmente conlleva grandes costos políticos para el gobernante que la usa.

A Fox se le recordará por muchas cosas. Entre sus fracasos fue la selección de sus secretarios y las dificultades que tuvo de controlar al "gabinete Montessori".

El nuevo presidente no sólo necesita tener el talento de congregar a un grupo de gente talentosa, con experiencia, sino además de encontrar a personas comprometidas no sólo con el mandatario, sino con su "visión" de cómo debe gobernar, la prioridad de los programas que se deberán de implementar y así conformar un verdadero equipo de liderazgo.

Salazaropina@aol.com

Analista política

 
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PERFIL
 
Especialista en temas relacionados con derecho internacional, seguridad nacional, cooperación antinarcóticos, reformas judiciales y conciliación. Fue subsecretaria adjunta de Defensa para Política y Apoyo Antidrogas del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Fungió como asesora política en la Casa Blanca (1998) y fue asesora especial en la Oficina de Asuntos Internacionales Antinarcóticos del Departamento de Estado (1995-1997). Debido a su desempeño en el Pentágono, la revista Hispanic Business Magazine la reconoció como una de los 100 hispanoamericanos más influyentes en EU.
 
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