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    De Zócalo a Zócalo
Ricardo Pascoe Pierce
01 de marzo de 2006

LA reciente manifestación del PRD en el zócalo capitalino fue toda una muestra (y enseñanza) de cuánto ha mutado ese partido desde su fundación. Idos están los días de la fuerza del recuerdo de las históricas hazañas de 1988. Desaparecido, también, se encuentra el espíritu de lucha y forja de un proyecto nuevo de nación. Presentes están, ahora, el dinero, el doble discurso y el oportunismo.

Cuauhtémoc Cárdenas llenaba el zócalo con la pasión del justiciero. Durante los meses siguientes al fraude electoral de 1988, se abarrotó el zócalo en varias ocasiones con manifestantes de todo el país. La gente llegaba a duras penas, a veces logrando rentar un autobús, a veces en vehículos particulares, a veces a pie. Ciertamente, la gente del Distrito Federal llegaba a pie.

De 1988 a 1994, el zócalo se llenó varias veces, la mayoría de ellas en protesta por las agresiones del gobierno salinista en contra de luchadores democráticos, y por lo menos tres veces durante la campaña electoral de 1994 por la convicción de los participantes de establecer un proceso democrático. En 1997 el zócalo se volvió a llenar, ahora vitoreando el triunfo de Cárdenas a jefe de Gobierno en el DF. En todos los casos, la presencia de los manifestantes se debía a su certeza y comprensión de defender las causas democráticas. En esa época, el acarreo de las personas era reprobado política y moralmente.

Antes de Cuauhtémoc y el PRD, lo había llenado, aunque no tanto, el Partido Comunista Mexicano, cuando Arnoldo Martínez Verdugo fue su candidato presidencial. Pero, en honor a la verdad, fue el PCM quien abrió el zócalo a la sociedad. El Partido Revolucionario de los Trabajadores (trotskista), teniendo como abanderada a Rosario Ibarra de Piedra, optó por realizar sus eventos en la plaza de las Tres Culturas (Tlatelolco). Por esas fechas salió un libro, El zócalo rojo, relatando esos días de lucha, entusiasmo y dedicación. El eje de ese entusiasmo era, sin duda, el hecho de que los asistentes tenían claro el sentido profundo de su participación en aquellas jornadas: la reinvindicación de un país mejor, y para todos. Y todos llegaban por sus propios medios.

Habiendo abierto el zócalo a las distintas manifestaciones, la sociedad empezó a actuar por cuenta propia. En los últimos años, y a pesar de la multiplicidad de manifestaciones zocaleras, dos destacan por su magnitud y espontaneidad.

La primera aconteció días después del levantamiento zapatista en 1994. Fue una concentración llamando a la paz y en contra de la guerra que en esos días se desarrollaba en Chiapas, reminiscente a las imágenes de Nicaragua y El Salvador. Una auténtica y autoconvocada sociedad civil acudió al llamado de concentrarse en el zócalo capitalino a fin de demostrarle al gobierno de Salinas y al PRI que no existía ningún consenso en torno al gobierno federal en su intento por reprimir, violentamente, al movimiento zapatista.

La segunda fue hace dos años, en 2004, cuando la sociedad civil se volvió a convocar, ahora en protesta por la inseguridad, sobre las calles céntricas del Distrito Federal, para converger sobre el zócalo. Más de un millón de personas llegaron a expresarse, por pie propio. No hubo movilización corporativa, ni acarreos ni promesas de vivienda a cambio de asistir. Para Andrés Manuel López Obrador, en ese momento jefe de Gobierno del Distrito Federal, la movilización no merecía más que comentarios sarcásticos y burlones, además de considerarlo parte de una estrategia en su contra.

Los tiempos han cambiado. Los relatos periodísticos no dejaban lugar a dudas. Hasta La Jornada tuvo que registrar y relatar el masivo acarreo de personas, indudablemente con recursos del Gobierno del Distrito Federal y de la Asamblea Legislativa del DF, para llenar el zócalo. ¿Qué ha sucedido?

Mientras Cárdenas defendía una causa política entendible para la gente, AMLO defiende sus intereses económicos y políticos creados y bastante oscuros. Los que se encuentran bajo el manto protector de esos intereses se sienten aludidos y acuden a la convocatoria. El manto protector requiere de muchos pobres para poder consolidarse en el poder. No para resolver la pobreza, sino simplemente para refrendar el poder. Si desapareciese la pobreza, se supone que no habría manera de acarrear y, por tanto, se perdería el poder. Lo que nunca dejará de ser desconcertante es ver rostros como el de Elena Poniatowska o José María Pérez Gay en el templete. ¿Cuántos útiles caben en un movimiento?

Lo definitivo es que los principios y las demandas del movimiento de 1988 no están presentes en la campaña del PRD de 2006. Más bien, han sido conscientemente desechados. Tan lo sabe la gente que cuando se ha intentado equiparar este movimiento con el otro, ha sido en vano. El zócalo de hoy tiene, como eje central, el doble discurso. Vaya que hay de zócalo a zócalo.

ricardopascoe@hotmail.com

Analista político

 
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PERFIL
 
Miembro fundador del PRD y, durante mucho tiempo, uno de los hombres más cercanos a Cuauhtémoc Cárdenas: colaboró en la campaña presidencial de 1994, como coordinador de Relaciones Internacionales, y en la local de 1997, cuando el ex gobernador de Michoacán compitió por la Jefatura de Gobierno del DF. Además, fue miembro del CEN perredista de 1989 a 1999 en las administraciones de Porfirio Muñoz Ledo y Andrés Manuel López Obrador. Fue delegado en Benito Juárez durante el periodo de Rosario Robles y, en diciembre del 2000, a pocos días de que Vicente Fox asumió el poder, fue nombrado embajador de México en Cuba. Al dejar su cargo, contendió por el partido México Posible para la jefatura delegacional en Benito Juárez.
 
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