EL pasado lunes los presidentes Vicente Fox y George W. Bush acordaron en una conversación telefónica reunirse a finales de marzo o a principios de abril en Cancún. Los acompañará el nuevo primer ministro de Canadá, Stephen Harper. ¿Qué se puede esperar de esta reunión entre los mandatarios? Para Fox, problemas y riesgos políticos, con pocos resultados para justificarlo. Me explico.Al igual que en México, también es un año electoral en Estados Unidos, donde habrá la renovación de todos los legisladores de la Cámara Baja y una tercera parte del Senado, así como varias gubernaturas.
Uno de los temas electorales en estas campañas, desafortunadamente, es la preocupación del electorado estadounidense por los más de 500 mil mexicanos que anualmente entran ilegalmente a trabajar a Estados Unidos, además de los 5 a 8 millones de mexicanos que ya viven en esa nación sin documentos.
El ambiente político en ambos países forzará a los presidentes a demostrar resultados concretos de lo que se vislumbra como una reunión con poco que demostrar.
Las elecciones estadounidenses empujan al presidente Bush a exigir que México controle la violencia e inseguridad de las fronteras, así como a buscar compromisos de que México dará pasos contundentes para detener o reducir el flujo de inmigrantes mexicanos.
Por su parte, al presidente Fox le urge que Bush ponga sobre la mesa no sólo beneficios económicos tangible, sino que además Fox necesita propuestas concretas, y no una expresión de buenas intenciones, de que se protegerán los derechos humanos de los inmigrantes mexicanos que viven en Estados Unidos, ya sea legal o ilegalmente.
Esto incluye parar inmediatamente la actual política de disparar a los que traten de cruzar. En cuanto al nuevo premier canadiense, la verdad es que el señor Harper estará en esta reunión más que nada de mirón, dado que es su primer participación en el "club de Tobi" del NAFTA.
Tal es el dilema y el riesgo que se corre por llevar acabo esta reunión. Desafortunadamente, por más buenas intenciones que tengan los presidentes, no podrán responder a las necesidades políticas del otro.
El presidente Fox no podrá asegurar una mejoría dramática de la situación en la frontera, porque a pesar de todos sus esfuerzos con programas como "México Seguro", continúan las ejecuciones y la violencia fronteriza. En cuanto al tema migratorio, cualquier propuesta de Fox de controlar el cruce de migrantes sería un suicidio político para el candidato panista Felipe Calderón.
Por otra parte, no hay forma de que Bush pueda prometer que no se incrementará más el ambiente antimigrante en su país en este año electoral, y no podrá detener, aunque quisiera, la aprobación de leyes federales o locales que aprueben la construcción de muros, la persecución de migrantes o intentos de gravar las remesas.
Además hay una realidad que no se puede borrar. Esta será la última reunión relevante entre los presidentes, antes de las elecciones presidenciales en México. La música de fondo en Cancún serán Las golondrinas, puesto que más que una reunión trilateral de trabajo entre los tres mandatarios, será la despedida para Fox.
Tres meses después de la reunión en el Caribe mexicano se realizarán las elecciones presidenciales en nuestro país. Por ello, ¿Ustedes creen, estimados lectores, que Bush acordará proyectos, programas o propuestas con un presidente que tiene sus botas en la puerta y que conlleven un costo político para él y su partido en un año electoral? La respuesta es no.
Bush y su equipo esperarán a que el electorado mexicano seleccione al nuevo presidente de México y esperará a reunirse con el nuevo mandatario en diciembre, después de las elecciones de noviembre en Estados Unidos. Y hasta ese entonces se sentará Bush con Andrés Manuel, Felipe o Roberto y acordará cuáles serán los nuevos parámetros de la relación bilateral.
Para el presidente Fox, en cambio, esta reunión tiene muchos riesgos, y no sólo para él, sino para su candidato, Felipe Calderón. Habrá un extraordinario escrutinio por parte de las campañas de PRI y PRD de los acuerdos, mismos que tales campañas usarán como un ejemplo más de la incapacidad del gobierno panista de negociar y obtener resultados concretos con Estados Unidos y hasta con Canadá. Incluso podrían darse acusaciones en contra de Fox por percibir que traer a México al conservador presidente Bush y al conservador premier Harper no es más que un guiño de ojo al conservador candidato panista.
Por el contrario, López Obrador podría beneficiarse políticamente de las respuestas de Bush cuando le pregunten los periodistas si Estados Unidos respetará los resultados de las elecciones en México.
La respuesta afirmativa del tejano podría analizarse como un voto de confianza para el perredista.
Ante estas posibilidades los dejo con una pregunta y una reflexión: ¿Por qué no mejor se da el encuentro estadounidense después de las elecciones mexicanas y así se despolitizan tanto la reunión como los pocos resultados que se obtendrán?
Con el actual ambiente electoral en Estados Unidos y en México llevar a cabo esta cumbre conlleva muchos riesgos y relativamente pocos beneficios para la relación trilateral y muchas posibilidades de que la reunión aumente aún más las fricciones electorales en México.
salazaropina@aol.com
Analista política