EN La importancia de llamarse Ernesto , Oscar Wilde dice que "la verdad no es nunca pura. Y raramente es simple". Desentrañarla y luego comprenderla resulta a nuestros días todavía más difícil, por la convulsión moral que caracteriza a nuestra sociedad y la evidente fractura ética de una buena parte de la clase política, ampliados sus efectos por una intermediación mediática que vive del escándalo y se solaza en la manipulación y la magnificación.Corre como nunca la mentira, no sólo como "la primera fuerza que dirige al mundo actual", según lo ha afirmado Revel, sino como movimiento falsificador, como estandarte de la hipocresía y el cinismo. Muchos se aprovechan de ello para ocultar la información, otros para distorsionarla, y los que la reciben para eludir la responsabilidad que les toca. El cuadro es desolador y muchos años tardaremos en curar las heridas de este desgaste brutal. Me anima que por lo menos haya preocupación, pero luego me desalienta el enfoque de la angustia convertida en pregunta, ¿qué le está pasando a México? Como si la patria no fuéramos nosotros, los que vivimos en la tierra de nuestros padres.
He pensado en todo ello este fin de semana, en que repaso la manera que los principales actores políticos del PRI han reaccionado frente al caso del gobernador de Puebla, Mario Marín, y cómo podemos comprobar la asombrosa vigencia de una cultura política fundada en la simulación y la mentira, incapaz de rejuvenecer en su mirada, inútil esfuerzo de refundación democrática; atados a la vieja usanza del sistema de tapaderas, lo primero que se les ocurre en el cobijo a su correligionario, es descubrir la conspiración que puso sobre la mesa una información filtrada. La misma complicidad con la que creció y se enseñoreó la corrupción tiene hoy la peor faceta de encubrimiento, la pederastia.
De hecho, el tema de las ilegales intervenciones telefónicas, que no es tema menor en el derecho a la vida privada, no se puede analizar así porque los deslindes no lo son en realidad, sino la búsqueda de distractores sobre la verdad filtrada. Las declaraciones del licenciado Roberto Madrazo sobre los hechos de Puebla son la muestra de esa impostura: propone investigar a Fox, a la fundación Vamos México, "los vínculos con Kamel Nacif, su relación estrecha", majadería tras majadería. La defensa priísta en la Cámara de Diputados es de un cinismo que impresiona, lo encarna de manera extraordinaria el diputado Heliodoro Díaz.
Lo que hizo la mayoría de la bancada priísta en el Senado -con sus honrosas excepciones-, de impedir una resolución del pleno por la vía de tronar el quórum legal describe la simulación. Ni siquiera aceptaron la intervención de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para atraer la investigación y dar cauce legal a un reclamo social de justicia y esclarecimiento de responsabilidades en el hecho que por lo menos resulta evidente, la colusión de las autoridades locales con un particular en el hostigamiento y acoso judicial de la periodista Lydia Cacho, en la violación de garantías individuales fundamentales.
El acuerpamiento de la mayoría priísta en el Congreso estatal al mandatario es el sistema de tapaderas en todo su esplendor. Los desplegados de los alcaldes priístas en el estado de Puebla "avalando su conducta" es una agresión a la inteligencia y a la dignidad. La minimización de los hechos en los medios locales nos recuerda a Alber Camus: "Por supuesto, una prensa libre puede ser buena o mala; pero, con toda certeza, sin libertad nunca será otra cosa que una prensa mala".
Caso patético es el protagonizado por el licenciado Emilio Chuayffet y el licenciado Miguel Ángel Yunes, ambos parlamentarios del PRI -uno activo en la tribuna y el otro con licencia-, ninguno ha tenido rubor por las palabras, no se detienen en el lenguaje. Se ofenden con ganas, nos lastiman a todos. A la inusitada agresión de Chuayffet en contra del subsecretario de Seguridad Pública -con lo que quiso desviar la atención y lanzar la acechanza de los medios a otro terreno- sobrevino como respuesta el ataque personal, inescrupuloso, porque deja en la construcción del texto de su carta insinuaciones indebidas como bochornosas. Este como otros elementos distractores logran que por momentos se soslaye la verdad ética y la verdad legal, que en este caso es fundamental unirlas.
Por supuesto que el campeón, el héroe, el precioso de esta telenovela nacional surrealista sin orden moral ni claridad mental, es el gobernador Marín. De la mentira a la hipocresía, de la hipocresía al cinismo, del cinismo a la amenaza. La "Puebla de los Ángeles" se vuelve de nuevo "Puebla revolucionaria" y con una parte de los ciudadanos que lo votaron amaga con defender lo único que no está en cuestión: la dignidad de esa tierra y de su gente. Decir que lo que hemos visto apenas es la botana y el banquete está por venir, es cinismo y amenaza. Negar primero su voz y luego reconocerla entre suspensos, ha sido su ruina, y en ello su ruindad.
No estamos frente a un caso de complot contra el PRI, ni en contra del peor de los candidatos que haya podido tener, estamos ante hechos y declaraciones que los desnudan en una intrínseca manera de ver a la sociedad y a la política, de reflejarse como son en momentos en que debiera ganar terreno la verdad, la ética, la justicia.
Sigue abierta la puerta para la reflexión sincera, quienquiera provocarla dentro del PRI. Siempre he creído que, sobre todo en la política, la vida da unas cuantas oportunidades para demostrar qué somos y qué no somos; tiempos de afirmación o de negación.
Desde el inexplicable enriquecimiento del ex gobernador del estado de México, Arturo Montiel, la clase política priísta ha vacilado en romper y deslindarse en serio. Hubo incluso quien llamó a la declinación de su precandidatura "acto de honor personal". Esa es la verdadera conspiración, la del silencio y la complicidad. Está dentro del propio PRI.
Senador de la República (PAN)