LOS actuales escándalos que ocupan las primeras planas de los medios nacionales, y nos distraen a diario, reflejan también cómo todavía muchos gobernantes ejercen un liderazgo político que proyecta un México atrasado, autoritario y poco transparente.Estos actos nos señalan actitudes y errores que indican cómo los protagonistas de estas historias no se han dado cuenta de que viven en el siglo XXI y de que han ocurrido transformaciones fundamentales en el país, en donde las leyes de transparencia, el protagonismo de los medios de comunicación, la tecnología y la fortaleza de los partidos de la oposición son factores que exigen un cambio fundamental de cómo se ejerce el liderazgo político en México.
Analicemos el escándalo más reciente: las grabaciones telefónicas entre el empresario Kamel Nacif y el gobernador de Puebla, Mario Marín. Indudablemente la forma de conversar y de expresarse del gobernador nos señala a un político que cree que fue electo durante la era jurásica del esplendor autoritario y antidemocrático del PRI. Pero más allá del contenido, la conversación en sí denota a un gobernador inocente o profundamente estúpido.
A estas alturas uno asumiría que cualquier persona que ejerza un puesto de liderazgo en el gobierno tendría un poco de sentido común al conversar por teléfono, especialmente ante todas las balconeadas telefónicas de políticos en los últimos 10 años (desde las de los hermanos de Carlos Salinas de Gortari, pasando por las de Elba Esther Gordillo y, mis favoritas, las de Vicente Fox). Y aunque interceptar conversaciones telefónicas sin la autorización de un juez es una violación a la privacidad, además de ser un delito, también hay que reconocer que vivimos en un país en donde los asesinos, secuestradores, asaltantes y maleantes no son investigados ni condenados.
Esta impunidad rampante también es un beneficio que otorga la ineficacia de la administración de justicia a los espías telefónicos. No sólo está el problema de la impunidad, sino también están los avances tecnológicos que facilitan la intercepción de conversaciones. Ante esta tal vez injusta realidad los nuevos gobernantes tienen que asumir que sus conversaciones privadas son parte potencial del dominio público.
De hecho, el nuevo liderazgo mexicano tendrá que asumir un importante cambio en cómo tendrán que ejercer su cargo. Los gobernantes actuales, nos guste o no, viven en una caja de cristal, donde todas sus actuaciones, profesionales y privadas, podrán ser sujetas al escrutinio público. Esta transparencia se debe en parte a las nuevas leyes de acceso a la información pública, promovidas en este sexenio.
Y aunque es una ley imperfecta, particularmente por las diferencias entre las legislaciones estatales en esta materia, no se puede negar que se abrió el camino para transparentar las actuaciones de los funcionarios. Inicialmente la información comprometedora de uno u otro gobernante tal vez no se hará pública, pero siempre existe la posibilidad de que pruebas de tráfico de influencias y de corrupción salgan a la luz pública en el futuro.
Esto es particularmente cierto ahora que vivimos en un México en el que los representantes de la oposición política pueden llegar a gobernar. Estos canjes en el poder, de hecho, son unas de las razones fundamentales por las cuales, a través de los años, continuaremos viviendo aún más transparencia en las actuaciones gubernamentales. Al tomar posesión de sus puestos, los nuevos líderes políticos tendrán todo el incentivo de balconear las irregularidades y cochinadas hechas por sus predecesores y así vacunarse de escándalos ajenos.
Como verán hoy día hay más incentivos para que los gobernantes se comporten como líderes éticos y honestos. Pero los gobernantes no viven solos en esta caja de cristal, los acompañan sus cónyuges, sus hijos y otros familiares inmediatos. De nuevo, aunque algunos dirán que es injusto que el resto de la familia tenga que someterse al escrutinio público que sufre el gobernante, la realidad es que el comportamiento de la familia es un reflejo de la personalidad y la capacidad de gobernar del funcionario electo o del legislador. Y es fundamental que la familia entienda esta realidad, debiendo tomar conciencia de su deber, de lo contrario sufrirán enormemente cuando empiecen a salir periodicazos sobre gastos inmorales en ropa, descripciones detalladas del uso de carros de lujo, apartamentos, mejor dicho, castillos comprados en el exterior o escándalos de borracheras en los antros. Los medios de comunicación son implacables en ese sentido y publicarán esto y mucho más. Por eso, el gobernante y su familia deben ser conscientes de la regla del periodicazo: todas, absolutamente todas las actividades que ejerzan están sujetas a salir en las ocho columnas.
También un líder moderno tiene que entender y adaptar su estilo de gobernar al nuevo poder de los medios de comunicación. Los medios pueden ayudar o destruir a un gobernante. Esto no lo entendió el gobernador de Puebla, que vive en otro México. No sólo dejó pasar más de 26 horas antes de hacer una rueda de prensa, sino además era claro que su portavoz no tenía ni idea de cómo llevar a cabo una estrategia de defensa de su jefe, dejando confusión y más cuestionamientos. En el pasado, los gobiernos jurásicos trataban de comprar a todos los periódicos y revistas críticas. Hasta esa estrategia tan burda dejó de tener efecto en el México actual ante las nuevas e innovadoras formas de hacer periodismo por el internet y el nacimiento del periodismo ciudadano en los blogs.
Los líderes políticos, de cualquier partido, son como los dinosaurios: si no se adaptan, se extinguen.
Salazaropina@aol.com
Analista política