CONTRARIO a los deseos más primales de la sociedad, reina la incertidumbre en el proceso electoral. No es para menos. Existe un sinnúmero de factores, internos y externos, que puede influir, hasta el mismísimo día de las elecciones, en el rumbo del proceso y sus resultados. Los factores internos son ideológicos y político-fácticos, mientras que los externos son, por supuesto, de los poderes reinantes del mundo globalizado y su impacto en nuestro país.Los internos son, obvio es decirlo, muchos. Pero sobresalen algunos. Uno principal se refiere a la transición política y su naturaleza. El régimen priísta (que no el PRI) no acaba de morir. Está activamente buscando la manera de sobrevivir y volver al poder, por la vía que sea. En ese camino, el conflicto que ha contaminado la política mexicana durante por lo menos 12 años es la guerra, viva y actual, entre dos ex presidentes: Salinas y Zedillo. Es por ello que los dos campos velan armas: salinistas en el PRI y zedillistas en el PRD.
Finalmente, cualquier acuerdo que hubiesen hecho alguno de ellos, o ambos, con Fox, resulta de carácter coyuntural, mas no estratégico. En cambio, el acuerdo de Zedillo con López Obrador es estratégico y de largo plazo, mientras que el apoyo de Salinas a Madrazo va por exactamente el mismo camino: un acuerdo estratégico. En ambos casos gobernarán con la vieja escuela del corporativismo y el control político sobre las masas empobrecidas. Y ello, a pesar de los deslindes de Zedillo con ese "método" político y su aval a la "modernidad" como forma de gobierno.
En ese sentido, la elección obliga a una decisión clara entre el régimen priísta (en sus dos vertientes o variantes) y el liberalismo político. El hecho de que no se haya avanzado más por la ruta de la reforma del Estado en estos seis años de foxismo es una de las explicaciones del porqué estamos, de nueva cuenta, frente a este dilema, supuestamente resuelto con la elección del año 2000.
En este asunto estriba el verdadero problema ideológico de la elección que viene. No es entre conservadurismo social y mercado versus apertura social y estatismo económico. Todos los candidatos están rendidos a los pies del mercado y adoran a la diosa del conservadurismo social, con sus pequeñísimos matices. No. El tema ideológico es político. No es sobre la "píldora del día siguiente", aunque es importante una posición congruente y moderna sobre esto. Es sobre cómo van a gobernar, con qué métodos y a través de qué alianzas. Esa es la verdadera cuestión en el año 2006.
En lo que se refiere a estos temas, las diferencias son notables. Los tres principales candidatos han pedido a sus votantes otorgarles no sólo su voto sino el apoyo suficiente para gozar de una mayoría en el Congreso de la Unión a fin de poder gobernar con su proyecto. Es totalmente razonable. Pero el problema aparece cuando esa mayoría congresal no se obtiene, hecho que resulta altamente probable. Un electorado dividido entre tres principales contendientes no otorga mayorías en el Poder Legislativo, sino que más bien impone una fragmentación del poder.
¿Cómo resolverá cada uno de los candidatos ese dilema? Hay suficientes indicios, en lo dicho por cada candidato, como para saber qué camino tomará. Felipe Calderón ha dicho que, de no contar con una mayoría en el Congreso, buscará compartir el gobierno con un partido que pudiera establecer acuerdos precisos y claros, en términos programáticos y de políticas públicas, a nivel parlamentario. Es decir, Calderón postula mantener la vigencia del sistema político actual, sin descartar posibles conversiones a un sistema semiparlamentario más adelante, pero siempre dentro del marco constitucional vigente.
López Obrador descarta acuerdos parlamentarios (dice que no tendrá compromisos con nadie) e irá a un Congreso constituyente para redefinir el sistema político, en caso de no contar con una mayoría en el Congreso de la Unión, bajo el argumento de continuar con la reforma del Estado. Esto se deduce de su identificación expresa con los actores de la Independencia, la Reforma y la Revolución. Lo que siguió, en cada uno de esos casos, fue un Congreso constituyente.
Es lo que hizo Hugo Chávez en Venezuela y lo que rápidamente prepara Evo Morales para Bolivia. A través de la figura del referéndum popular es posible cambiar la Constitución y así asegurarse una mayoría absoluta en el Poder Legislativo y la seguridad de la reelección en el poder. Igual lo hizo Fujimori en Perú, nada más que gestándose un "autogolpe" militar para sustituir todo el sistema político. Con ello tuvo una mayoría parlamentaria absoluta.
Madrazo piensa como priísta tradicional y supone que podrá gobernar solo, pero haciendo grilla y "entrismo" con otros partidos. Comprando diputados y senadores, repartiendo el poder disimuladamente, pero sin compromisos claros ni expresos. Y reconstruyendo el imperio del viejo corporativismo del PRI. De ahí su sueño con el que adormece a los priístas acerca del inevitable "voto duro" que lo hará ganar la Presidencia de la República.
El debate político de fondo en la elección que viene refiere al futuro del sistema político mexicano y la viabilidad de la democracia en esta etapa de la historia de México. En esto estriba la decisión que se tomará. Lo demás será, inevitablemente, circundante al proceso.
ricardopascoe@hotmail.com
Analísta político