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Ana María Salazar
03 de febrero de 2006
El clóset de los líderes
 

LAS propuestas políticas de los candidatos solamente son uno de los múltiples factores que ayudan al electorado a definir la capacidad de liderazgo de los que buscan ser los futuros gobernantes de México. Y aunque la batalla campal de las palabras y las ideas debería de ser el elemento fundamental para evaluar la capacidad de liderazgo de un candidato, son otros factores, muchos de ellos intangibles, los que marcan la imagen de liderazgo que tenemos de los políticos.

Indudablemente, la apariencia que se proyecta es uno de los factores que ayuda a definir ante los ojos del electorado las capacidades de liderazgo que tiene un candidato.

En algunas partes del mundo la forma en que se viste un candidato puede tener un gran impacto en las elecciones. Botón de ejemplo es el famoso suéter de rayas del recientemente elegido presidente de Bolivia Evo Morales. El rehusar portar trajes sastre y continuar vistiéndose como se visten a diario la mayoría de los indígenas de su país, fue un mensaje de campaña contundente de su intención de ser un gobernante de esa población tradicionalmente ignorada.

El continuar portando esta vestimenta aun como presidente remata el mensaje de su compromiso con los indígenas de ese país. La interrogante es: ¿qué mensaje le está enviando al resto de la población boliviana? ¿De inclusión o exclusión?

Aun después de 35 años, desde la presidencia de Luis Echeverría Álvarez la cómoda y práctica guayabera continua siendo, en muchas partes del país, símbolo de los excesos y políticas populistas de esa época.

En las elecciones de 2000 y aun durante los primeros años de su administración, Vicente Fox promovió sus famosas botas vaqueras como un mensaje de sus intenciones de ser un gobernante del pueblo, del "verdadero México".

Para las mujeres que buscan gobernar, la forma en que se visten es desafortunadamente un tema mucho más complejo. Para las líderes empresariales, el vestir bien, con buen gusto y con un toque profesional es suficiente. Para las mujeres-políticos y las que buscan gobernar, los medios y hasta el mismo electorado interpretan muchos mensajes de liderazgo y hasta de política públicas basados en la ropa que ellas portan.

Por ejemplo, el tipo y origen del vestido, el tejido de la blusa, las piedras de los accesorios y, claro, el costo de los zapatos se prestan para críticas desde los expertos en moda, los activistas por los derechos de los animales, los protectores del medio ambiente, partidos de la oposición y los promotores de la producción nacional. Para una mujer que busca puestos de liderazgo, injustamente su cuerpo y la forma de vestir se vuelven un spot político o un espectacular.

En el caso de la candidata presidencial Patricia Mercado, ella ha entendido claramente este dilema. Se podrán decir muchas cosas buenas y malas de su candidatura y su plataforma política, pero nadie discute o le pone atención a su forma de vestir, que es discreta, profesional y con colores que la favorecen. Una decisión estratégica que hizo Hillary Clinton para poder transformar su imagen de primera dama a senadora de la República fue vestirse con lo que parecía ser su uniforme de campaña del diario: un traje de pantalón negro con una blusa de color. Este cambio de look permitió a la señora Clinton comunicar al elector neoyorquino y a los medios de comunicación una imagen de liderazgo austero y de profesionalismo.

En cambio Marta Sahagún de Fox abrió aún más frentes para que la criticaran gracias a su forma de vestir. La primera dama por casi dos años insinuó sus intereses de perseguir un puesto de elección, que para cualquier persona, ya sea mujer u hombre, primera dama o ama de casa, incrementa dramáticamente el escrutinio público. Tal vez fue injusta la oleada de críticas que enfrentó la señora Sahagún, dado que sus vestidos y accesorios, según Los Pinos, no fueron pagados con el erario. Pero el pensar que ella no recibiría críticas de ser frívola y antinacionalista por usar ropa lujosa de procedencia extranjera, fue una señal más de la falta de colmillo político de la primera dama y de la administración Fox.

Este error no sólo lo cometen mujeres de la derecha, sino también de la izquierda: además de criticar su relación con Carlos Ahumada, Rosario Robles tuvo que enfrentar el desafortunado escrutinio de su cambio de guardarropa. Dos casos recientes de mujeres políticas que usan su atuendo para promover un mensaje político han sido Beatriz Paredes y Xóchil Gálvez con sus vestimentas indígenas.

Pero para la mayoría de las mujeres que buscan puestos de elección popular, o ejercer puestos de liderazgo en el sector público, las reglas del juego requieren que se vistan en forma discreta, profesional y, sobre todo, con prendas de costo moderado. ¿Es esto injusto? Sí, pero estas son las reglas del juego en este momento.

Para las elecciones de 2006, el vestuario o algún accesorio de los candidatos hombres parece que no tendrá ni importancia ni relevancia, ni se usará para enviar algún mensaje político. Aun Andrés Manuel, que en diferentes momentos se jactó de usar trajes baratos cuando fue jefe de Gobierno capitalino, ahora él, como Felipe Calderón, Roberto Madrazo y Roberto Campa, usa ropa que no roba cámaras y no quita la atención de sus mensajes políticos. Esto es un alivio, ya que lo único que nos faltaba era agregarle otro factor de ridiculez a estas elecciones de por sí bastante enrarecidas.

Salazaropina@aol.com

Analista política


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Especialista en temas relacionados con derecho internacional, seguridad nacional, cooperación antinarcóticos, reformas judiciales y conciliación. Fue subsecretaria adjunta de Defensa para Política y Apoyo Antidrogas del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Fungió como asesora política en la Casa Blanca (1998) y fue asesora especial en la Oficina de Asuntos Internacionales Antinarcóticos del Departamento de Estado (1995-1997). Debido a su desempeño en el Pentágono, la revista Hispanic Business Magazine la reconoció como una de los 100 hispanoamericanos más influyentes en EU.

 
 
 

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