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Demetrio Sodi de la Tijera
03 de febrero de 2006
¿Por qué no crecemos?
 

SIN lugar a dudas, el gran fracaso nacional de los últimos años ha sido la falta de crecimiento económico y de empleo.

De cumplirse este año la estimación de crecimiento durante todo el sexenio, la economía mexicana habrá crecido a una tasa promedio inferior a 3%, y se habrán creado sólo 1.5 millones de empleos formales de los cerca de 7 millones que deberían haberse creado.

La tensión social por la falta de empleo es crítica y puede hacerse aún más profunda por el endurecimiento de las políticas y medidas contra los migrantes que está por tomar el gobierno de Estados Unidos, y que limitarán las posibilidades de exportación de mano mexicana a ese país.

La falta de empleos formales ha sido compensada, por otro lado, con un crecimiento acelerado de la economía informal; sin embargo, esto significa una amenaza para la economía formal e implica empleos de menor calidad con sueldos más bajos, sin seguridad social y con menor estabilidad.

El panorama a futuro, si la economía mexicana sigue sin crecer, o crece a un ritmo bajo como el de los últimos 20 años, puede ser explosiva. Es posible que la pobreza haya bajado en nuestro país en los últimos años, pero ha sido como resultado de mayor gasto social y subsidios, y no por más y mejores empleos.

En los últimos tres años he participado en las reuniones del Grupo Huatusco, en donde se han dado interesantes debates entre economistas de diversas tendencias ideológicas para tratar de responder la pregunta: "¿Por qué no crecemos?".

En las tres reuniones celebradas se ha llegado a conclusiones importantes, principalmente sobre la urgencia de las reformas económicas y financieras, así como la importancia del fortalecimiento del estado de derecho y las instituciones, pero en los debates se ha dado poca relevancia al papel que juegan los gobiernos estatales y locales en el desarrollo económico de las entidades federativas, los municipios y las ciudades.

La economía, finalmente, se realiza en un lugar determinado, y de las condiciones que ofrezca ese lugar depende que la inversión privada se interese o no en participar. A pesar de que la economía nacional mantiene, desde hace una década condiciones macroeconómicas envidiables, el crecimiento ha sido bajo, y no ha habido la suficiente inversión privada. En lo que va del sexenio, esas buenas cifras macroeconómicas se han fortalecido aún más, pero la economía sigue sin crecer al ritmo que se requiere.

El argumento del gobierno federal para justificar el bajo crecimiento económico es la falta de aprobación de las reformas fiscal, energética, eléctrica y de pensiones, pero se olvida de otras tareas pendientes que, desde mi punto de vista, tendrían aún más impacto que las estructurales como la seguridad, el orden, el estado de derecho, las facilidades para crear negocios y la honestidad. Tareas que no son competencia exclusiva del gobierno federal y dependen más de los gobiernos locales que de los estatales o federales.

Un caso extremo en México de bajo crecimiento económico es el Distrito Federal, que representa más de 22% de la economía nacional y que ha crecido en los últimos 20 años a un ritmo menor todavía que el del resto de la República.

Por ejemplo, entre 2002 y 2003 la economía nacional creció a 2%, mientras que la economía del DF decreció a -1.7%. En ese año, entidades federativas, como Campeche (+7.4%), Durango (+6.4%) y Nuevo León (+3.4%), entre otras, crecieron muy por arriba del crecimiento nacional, ya que supieron aprovechar mejor las condiciones macroeconómicas favorables.

La falta de crecimiento de la capital del país es un lastre insalvable para la economía nacional, y la pregunta que tenemos que hacernos es si el país puede crecer a 7% si la economía más grande del país, la del Distrito Federal, decrece o crece a un ritmo menor.

La falta de crecimiento económico en la ciudad de México es una de las causas principales por las que el país no está creciendo al ritmo que puede.

Mientras que no reactivemos la economía del DF será difícil que el país pueda crecer al ritmo que se necesita, el esfuerzo del resto de las entidades federativas tendría que ser monumental para compensarlo.

Por otro lado, está demostrado que el crecimiento económico en los países desarrollados se está dando principalmente en las grandes ciudades, en donde se concentran la mayoría de los servicios que representan más de 70% de la economía.

La capital de México es la gran ciudad del país, el gran mercado y el gran centro de servicios, y tiene la capacidad para ser una de las urbes más importantes en todo el mundo, y especialmente de Latinoamérica, sin embargo, las pésimas condiciones que prevalecen para invertir y hacer negocios impiden aprovechar integralmente el espacio capitalino.

Reactivar la economía del Distrito Federal no depende, por lo tanto, del gobierno federal o de las reformas estructurales, depende de que el gobierno local garantice seguridad, orden, cumplimiento de la ley, combata la corrupción y la ineficiencia del mismo gobierno y promueva inversiones públicas y privadas en infraestructura.

Cada día, los gobiernos federales tienen menos que ver con la economía real que es la que se da en las ciudades, de hecho, el crecimiento económico mundial está cada día más en manos de los gobiernos municipales y locales.

Es obligación de los gobiernos federales garantizar buenas cifras macroeconómicas y las reformas necesarias para garantizar insumos a precios competitivos, pero son los gobiernos locales, especialmente de las grandes ciudades, los que crean las condiciones para que la inversión y el desarrollo económico se lleve a cabo.

En los últimos 20 años, los gobiernos del DF se han desentendido de la economía de la ciudad y no se han preocupado por crear las condiciones internas que se requieren para que la inversión privada venga en el volumen que se necesita.

En el Distrito Federal están las principales capitales de todo el país, y la gran mayoría del sector financiero y bancario, pero no hay suficiente inversión por la falta de seguridad, por el desorden que existe en todos lados, por la gran corrupción e ineficiencia del gobierno local, y la pésima infraestructura en servicios y transporte y vialidad.

Crear condiciones favorables es responsabilidad del Gobierno del Distrito Federal y es lo que finalmente define si la inversión se realiza o no.

Volviendo a la pregunta de "¿por qué no crecemos?" la respuesta no es única, pero una de las causas principales del fracaso económico nacional es que la ciudad de México, principal centro económico, financiero, comercial y político, vive una profunda crisis económica desde hace muchos años, debido al desorden, la inseguridad, la corrupción y la ineficiencia gubernamental.

tuopinion@demetriosodi.org.mx

Senador de la República


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Licenciado en Administración de Empresas por la Universidad Iberoamericana con un curso de desarrollo administrativo en la Universidad de Harvard, EUA.

Trabajó en el sector privado de 1962-1975 en el Grupo Cifra. En la administración pública, de 1977 a 1982 fue gerente general de las tiendas Diconsa. De 1983 a 1988 fungió como Coordinador General de Abasto y Distribución del DDF.

En el trabajo legislativo ha tenido en cuatro ocasiones un cargo de elección popular: Diputado Federal en la LIV y LVII Legislaturas. Representante a la II Asamblea del DF. Actualmente es senador de la República por el DF en la LIX Legislatura y precandidato a la jefatura de Gobierno del DF.

Desde hace más de 20 años ha participado activamente en organizaciones ciudadanas.

 
 
 

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