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Leo Zuckermann
01 de febrero de 2006
AMLO: ¿ganar caminando?
 

ESTOS últimos días he escuchado en distintos círculos la idea de que Andrés Manuel López Obrador puede ganar la elección presidencial "caminando", es decir, sin mucho esfuerzo y por un margen amplio. ¿Es esto posible: que el hoy puntero en las encuestas se mantenga, incluso gane algunos puntos en el camino, y que ya no lo puedan alcanzar alguno de sus contrincantes?

La idea de que AMLO puede ganar caminando tiene dos vertientes: una propagandística y otra objetiva. A su campaña le conviene presentar la victoria contundente del perredista como un hecho consumado, y de hecho, lo ha comenzado a hacer porque es una buena táctica electoral. Por una parte, incorpora a su proyecto a políticos oportunistas (sobre todo priístas) que siempre están al acecho del posible ganador presidencial para seguir medrando con su profesión. Por el otro, asegura votantes que continuamente buscan sufragar por el candidato vencedor, pues les gusta presumir que ellos nunca se equivocan en una elección. De ahí que, típicamente, una campaña propague la idea de "ya ganamos", tal como lo hizo Fox en 2000.

Sin embargo, más allá de la táctica propagandística, está el asunto de si es objetiva o no la posibilidad de que AMLO gane caminando. El hecho es que el perredista se ha mantenido desde 2003 consistentemente en el primer lugar de las encuestas. Ha tenido importantes bajadas y subidas, pero siempre ha conservado la primera posición. Lo más relevante es que, también consistentemente, ha asegurado las mayores intenciones de voto de los "independientes", es decir, de 44% de la población que no se identifica con algún partido político. En la última encuesta de EL UNIVERSAL, por ejemplo, AMLO captura 36% de las preferencias de este segmento -que muy probablemente será quien defina al ganador el próximo 2 de julio-; mientras que Calderón obtiene 27% y Madrazo sólo 14%.

Ante este panorama, ¿qué debería pasar en estos seis meses de campaña para que AMLO de repente se desplome en las intenciones de voto? Esto dependerá, me parece, de dos factores: primero, que él no cometa errores; segundo, el tamaño político de sus adversarios.

Por un lado, es sabido que en una elección pesan más los errores que los aciertos de una campaña. Un mal debate, por ejemplo, puede aniquilar a un candidato. De ahí que, si AMLO quiere mantenerse arriba en las encuestas, debe evitar las equivocaciones. Hay que reconocer que, al arranque de su campaña, el tabasqueño ha sido consistente en posicionarse como el candidato de los pobres y agraviados de México, mientras que, en privado, sus colaboradores tranquilizan a los operadores de los mercados prometiendo que, de llegar al gobierno, el perredismo no cometerá locuras. En este sentido, no hay nada nuevo ni nada grave que reportar.

Por otro lado, el éxito de un político siempre estará en función del tamaño de sus adversarios. Véase, por ejemplo, el caso del gobernador del estado de México, Enrique Peña. Él sí ganó la elección caminando, por un margen de 24 puntos porcentuales, gracias a que sus dos contrincantes, Rubén Mendoza y Yeidckol Polevnsky, resultaron candidatos "chicos".

De ahí que, para AMLO, resulta crítico el tamaño que desplegarán Madrazo y Calderón como candidatos. En el primer caso, el priísta comenzó mal su campaña, hecho realmente sorprendente. He aquí a un personaje que lleva seis años sudando la calentura de ser el candidato presidencial de su partido y, ahora que lo ha conseguido, resulta que no estaba listo. Yo siempre pensé que Madrazo llegaría a tambor batiente con todo el show preparado: su estrategia electoral, equipo de trabajo, mensajes y calendario. Sin embargo, el arranque de la campaña priísta indica lo contrario: impera la improvisación y una organización deficiente. No hay un solo coordinador, ni líneas de mando definidas y, como si los priístas no hubieran aprendido del fracaso de 2000, al igual que en la campaña de Labastida, hoy operan muchos generales, todos jalando agua para su molino.

El Revolucionario Institucional nunca había arrancado una elección presidencial en el tercer lugar. Este hecho, en sí, pone en duda sus posibilidades de vencer. ¿Qué debería pasar para que Madrazo de repente repuntara en seis meses hasta el primero? La respuesta depende de la resolución de tres asuntos: primero, que el proceso para definir las candidaturas a diputados federales y senadores salga bien, de tal suerte que todo el aparato priísta al final jale con su candidato presidencial. Segundo, que Madrazo revierta la imagen negativa que tiene entre el electorado independiente. Y, finalmente, que el PRI se organice como partido competitivo y no como si todavía fuera monopólico. En honor a la verdad, hoy se ve difícil que los priístas puedan resolver estos tres asuntos.

Esto deja a Felipe Calderón como el candidato que sí podría hacerle la lucha a AMLO. Pero su campaña, gracias a la tregua navideña que ordenó el Instituto Federal Electoral, perdió la inercia positiva que traía. Ya en enero, Calderón arrancó sin pena ni gloria, pero con algunos problemas que no deben menospreciarse. Primero, el candidato todavía se ve muy panista en su imagen, posturas y eslogan ("Valor y pasión por México"), dificultando la captura del voto "independiente". Segundo, Calderón nombró dos coordinaciones de campaña lo cual, en cualquier libro de texto de estrategia electoral, vaticina un desastre. A ello debe sumársele la mala relación que existe entre la casa de campaña y la dirigencia del partido. De esta forma, el candidato panista presenta ciertas limitaciones que bien podrían frenar su crecimiento.

De aquí a las vacaciones de Semana Santa veremos si efectivamente AMLO puede ganar caminando. Esto dependerá de si comete o no errores, pero, sobre todo, del tamaño político de sus adversarios. Hoy uno se ve pequeño y el otro, aunque creciendo, todavía se vislumbra como mediano.

leo.zuckermann@cide.edu

Profesor investigador del CIDE


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Profesor e investigador de la División de Estudios Políticos del Centro de Investigaciones y Docencia Económicas (CIDE). Es candidato a doctor en Ciencia Política por la Universidad de Columbia. Sus líneas de investigación son campañas y elecciones, comunicación y mercadotecnia políticas, así como opinión pública y comportamiento político. Recibió el Premio Nacional de Periodismo 2003 en la categoría de artículo de fondo/opinión.

 
 
 

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