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Rossana Fuentes-Berain
25 de enero de 2006
EU amurallado
 

NUESTROS vecinos se mueven en ciclos, transitan del aislacionismo a la apertura según conviene a sus intereses, y por lo visto en la alborada de este siglo XXI, la tendencia es a amurallarse.

Lo de la barda fronteriza de más de mil kilómetros propuesta por un diputado republicano es simbólico, más que práctico. Independientemente de que se construya o no, falta mucho para hacerla realidad. El hecho es que la percepción prevaleciente al hablar con el poder en Estados Unidos es que su fundamental prioridad es la seguridad... y la segunda y la tercera y la única.

Cualquier tema tiene que verse a la luz de una tendencia interna a apertrecharse para lograr su seguridad. Esto podría parecer contradictorio con el despliegue de decenas de miles de soldados en Irak, pero no lo es. En una guerra anterior, la de Vietnam, en el pueblo estadounidense, según registran las encuestas de 1964 a 1976, se duplicó el número de ciudadanos que declaraban que "había que ocuparse de los asuntos internos" y dejar que otros combatieran al comunismo. En el actual conflicto bélico de Oriente Medio la tendencia se está repitiendo con las consecuentes dificultades para la política de guerra en Irak que domina la presidencia de George W. Bush.

Es en el marco del creciente aislacionismo en el que debe revisarse el tema de los roces diplomáticos que han ocurrido entre México y EU a partir de la violencia en la frontera. El mexicano asesinado por la espalda por un elemento de la patrulla fronteriza y los 25 disparos a un vehículo de esa fuerza policiaca desde el lado mexicano se enmarcan en un ambiente crecientemente violento de las dos partes.

En ese contexto resalta aún más el error continuado de haber reducido la relación de los dos países a un solo tema: la inmigración. Lo que fue una osada apuesta inicial al iniciarse el sexenio foxista, la "whole enchilada" migratoria, se ha convertido en una camisa de fuerza para la relación de la cual el gobierno estadounidense tiene claro que hay que salirse, pero su contraparte mexicana aparentemente no.

En una larga carta de año nuevo, el embajador de Estados Unidos en México, Antonio Garza, precisamente busca resaltar la diversidad de la relación. Subraya los convenios para fomentar la educación, la ampliación de servicios de aviación entre ambos países y las donaciones del Departamento del Tesoro de su país para que se profundice el trabajo con microempresarios.

Por su puesto que Garza habla de la inmigración y defiende su punto de vista en cuanto a distinguir la inmigración legal que acepta y constituye una fortaleza para su país, y la ilegal, a la que califica de afrenta a su sistema de leyes, pero se esfuerza en resaltar que este es un tema entre muchos. En México, en cambio, el presidente Vicente Fox inició esta semana con una entrevista televisiva en la que reiteró su idea de que un acuerdo migratorio no sólo es deseable sino posible antes de que termine su sexenio.

Durante las décadas de los 80 y los 90, México buscó "desnarcotizar" la relación bilateral, hacer que no fuera el tráfico de estupefacientes el único tema que coloreara todos los intercambios; se logró eventualmente, sólo para que ahora esa obsesión estadounidense sea reemplazada por una mexicana: si no hay acuerdo migratorio no avanza la relación.

Pareciera que no hay memoria institucional en la diplomacia mexicana actual y que la inexperiencia del presidente Fox y de su canciller Luis Ernesto Derbez les impide aislar los temas y ponerlos en compartimientos separados para poder avanzar de forma independiente en distintos renglones sin esperar que un solo asunto, el de la inmigración, se convierta en la vara para medir el éxito o el fracaso de la relación.

Con un proceso electoral interno en marcha en EU, en el cual el tema de la inmigración se discutirá en el contexto de la seguridad, la necedad del presidente Vicente Fox no sólo es absurda sino que resulta contraproducente. La estrategia tendría que ser otra que denostar una barda que ni siquiera es seguro que se construya y desgarrarse las vestiduras haciendo metáforas que la asemejan al Muro de Berlín; hay que abandonar el expediente fácil de las acusaciones de racismo y ponerse a trabajar diplomáticamente.

Así como hay políticos y ciudadanos estadounidenses que piensan que los mexicanos sin documentos son una amenaza para la seguridad de su país, hay muchos que están ciertos de que restringir la inmigración es económicamente indeseable y políticamente imposible. Nada menos que el importante Sindicato de Trabajadores de Servicios se pronunció el 19 de enero por buscar algún tipo de regularización migratoria para las decenas de miles de mexicanos que trabajan en los restaurantes, en los hoteles y en tantos otros rubros de una economía cuyos cambios demográficos requieren de empleados jóvenes dispuestos a enfrentar largas jornadas.

Estos son aliados naturales de México en el tema particular de la inmigración. Pero el gobierno de México debería de ir más allá, tiene que retomar la senda de subrayar la multiplicidad de temas en los que como vecinos debemos mantener contacto todo el tiempo. Esa estrategia nos permitirá dejar abiertos distintos canales de comunicación que serán indispensables en la coyuntura del péndulo histórico de nuestros vecinos que se desliza preocupantemente hacia el aislacionismo.

rfuentes@itam.mx

Periodista e investigadora. ITAM


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Rossana Fuentes-Berain, colaborador de EL UNIVERSAL

 
 
 

 
 
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