PESE a décadas de malos gobernantes, México ha podido sobrevivir como nación histórica. Sin embargo, ante estas elecciones de 2006 conviene preguntarnos ¿qué pasaría si elegimos a un mal presidente, con poca capacidad de liderazgo? Y si ello sucede, ¿podrá durar mucho más el país? O acaso, ¿se podría mantener el statu quo otro sexenio más? No creo.Hace una semana cité el libro El arte de la guerra, en el que su autor, Sun Tzu, señala las características que debe tener un buen líder: "Liderazgo es cuestión de inteligencia, integridad, humanidad, valor y autoridad". Y en esa misma entrega analizamos que si el futuro presidente de México tuviera las características identificadas por Sun Tzu, el país estaría en buenas manos.
Pero también este libro de estrategia, escrito hace más de 2 mil 500 años, señala que es importante tener un balance entre tales características ya que, nos dice Sun Tzu, "confiar sólo en la inteligencia produce una actitud de rebeldía. El ejercicio exclusivo de la humanidad acaba en debilidad. Aferrarse sólo a la integridad tiene como consecuencia la insensatez. La dependencia de la fuerza del valor acaba en la violencia. Una excesiva severidad de mando tiene como una consecuencia la crueldad. Cuando se poseen las cinco virtudes juntas, cada una adecuada a su función, se puede ser un líder militar".
¿Cómo puede aplicarse la sabiduría de este texto milenario al tipo de liderazgo que necesita un presidente mexicano en el siglo XXI para gobernar?
Todos reconocemos que por el bien de México, el siguiente presidente tiene que ser una persona inteligente. Pero según El arte de la guerra, el "confiar sólo en la inteligencia produce una actitud de rebeldía" ¿Qué quiere decir esto? Si un gobernante depende exclusivamente de su inteligencia, sin duda va a fracasar porque un buen líder debe tener además una buena dosis de intuición y debe comprender lo ilógico que puede ser la naturaleza humana.
¿Cuántos de ustedes conocen personas de inteligencia extrema, con vastos conocimientos sobre todos los temas, y que parecen tener respuesta a todas las preguntas, pero que simple y llanamente nos caen mal? Y aunque esta reacción de nuestra parte tal vez sea ilógica o injusta, tal reacción se identifica hace 2 mil 500 años en el libro del autor chino.
Otro defecto que tienen las personas de inteligencia superdotada es la dificultad de tomar decisiones rápida y eficientemente. Plutarco, un antiguo filósofo griego, resume este dilema brillantemente así: "Mientras los necios deciden, los inteligentes deliberan". Y aunque no estoy promoviendo que se elija una persona con inteligencia limitada para gobernar, tenemos que reconocer que uno de los grandes defectos de las personas excepcionalmente inteligentes es la soberbia, el no reconocer a tiempo que es imposible tener el conocimiento sobre todo. Por ello, es mejor tener a un presidente que tenga la humildad de reconocer que no es un experto en todo, y que se rodea de otros expertos.
El arte de la guerra también advierte a todos los futuros líderes que "el ejercicio exclusivo de la humanidad acaba en debilidad". Humanidad es aquella característica por la que el líder tiene entendimiento y empatía con los problemas que enfrenta su gente. Pero también, un buen gobernante tiene que reconocer que no se puede satisfacer las necesidades y los intereses de todos.
Cualquier líder -ya sea el Presidente, un gobernador o los líderes locales- tiene que tomar decisiones que no serán aplaudidas por todos, y con ello se ganará el odio y el despecho de algunas personas, tal vez de muchas. Ante esta situación, muchos gobernantes se congelan y no toman decisiones por presiones de los diferentes grupos afectados. El gobernante que trate de satisfacer a todos probablemente acabará no satisfaciendo a nadie y, como advierte Sun Tzu, también será percibido como un gobernante débil.
Desafortunadamente esto es parte del costo de gobernar, lo importante es que las decisiones que se tomen se puedan justificar por el bien del pueblo.
Respecto de la "integridad", esta es una característica relacionada con la importancia de que se perciba al líder, o en este caso al Presidente, como un hombre justo, que distingue entre el bien y el mal, que no favorece ni castiga injustamente. Probablemente lo que más urge en México son líderes que tengan esta maravillosa cualidad.
Pero, ¿por qué El arte de la guerra nos advierte sobre los líderes que "por aferrarse sólo a la integridad terminan en la insensatez"? Tal vez desde hace 2 mil 500 años los estrategas chinos ya entendían que el ejercicio del poder no sucede en un mundo donde todas las decisiones puedan ser solamente las correctas y las incorrectas, y que las leyes solamente puedan ser "justas e injustas" o que la población esté dividida entre los buenos y los malos.
Todo gobernante vive en un mundo que no es blanco ni negro, sino lleno de matices grises. Y bajo esta óptica, el líder tiene que tomar decisiones que no serán perfectas, sino las menos peores, reconociendo que la historia tendrá la última palabra.
Finalmente, El arte de la guerra advierte a los líderes de la dependencia del valor y el uso excesivo de la autoridad. Analizaremos esto en la siguiente entrega.
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Analista política