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Leo Zuckermann
11 de enero de 2006
Corazón verde
 

EL Partido Verde Ecologista de México es el que más crecimiento electoral ha tenido en los últimos años. En las elecciones federales de 2003 obtuvo un millón de votos en aquellos distritos donde se presentó solo y, sumando los sufragios que logró en alianza con el Partido Revolucionario Institucional, alcanzó 7% de la votación nacional. Esto posiciona al PVEM como la cuarta fuerza política del país que, gracias también a sus eficaces campañas mediáticas, ha logrado atraer a los jóvenes, un sector demográfico que las tres fuerzas políticas más grandes (Partido Acción Nacional, PRI y Partido de la Revolución Democrática) no han sabido integrar.

Resultan increíbles estos resultados favorables si se toma en cuenta quién es el dirigente nacional de este partido: un niño bien indolente que tuvo la fortuna de heredar en vida.

En este sexenio, como en ningún otro, hemos visto desfilar a los políticos más importantes en las portadas de las revistas de la farándula. Este mes tocó el turno al presidente del PVEM en la revista Caras. En el que quizás es el cliché preferido de este tipo de publicaciones, la portada promete: "Jorge Emilio González nos recibe en su casa para abrirnos su corazón".

Las revistas dedicadas a revelar el estilo de vida de los ricos, famosos y poderosos siempre me han parecido aburridas y absurdas. Sin embargo, tumbado en la playa, encontré el artículo de Caras titulado "La otra cara del Niño Verde".

Me ganó la curiosidad y leí lo que resultó ser la apología de un personaje salido de los libros que hicieron famosa, hace más de 20 años, a Guadalupe Loaeza. Aquellos donde se describían, con un humor brillante, a los niños bien de México.

"Jorgito" confiesa que su coche favorito es el Ferrari; su reloj, un Rolex; sus zapatos, Gucci, y sus corbatas, Armani. En las fotos vemos el clóset con la fina ropa del dirigente incluyendo cinco pares de zapatos igualitos y un sinfín de corbatas ordenadas como en boutique. También observamos el vapor de su baño, las toallas grabadas con sus iniciales y una bata azul marino con una flor de lis grabada.

Este ambiente, tan común y corriente en los hogares mexicanos, está acompañado de confesiones que ni Loaeza pudo haber inventado. Ejemplo uno: "Llevo una vida padre, pero siempre con la necesidad del amor". Ejemplo dos: "En las escuelas me la vivía de pinta y los padres todo el día le hablaban (a su esforzada madre) para acusarme". Ejemplo tres: pretende casarse con una mujer "bastante más chica" que él ya que "los matrimonios que se llevan muchos años son más felices, pues la mujer madura más rápido que el hombre y es padre que la mujer vea al hombre con admiración y el hombre vea a la mujer con ternura, y cuando se llevan muchos años es más fácil que se dé eso". Ejemplo cuatro: reconoce que le gustó una "niña" cuando iba en un velero, pero la rechazó porque "le vi las uñas del pie y no me gustaron".

Jorge Emilio conoció la política desde chico, ya que acompañaba a su abuelo, un viejo priísta, a hacer campaña. Sin embargo, él heredó un partido que formó su padre "después de una depresión de esas que le llaman middle age crisis".

Loable el esfuerzo del progenitor al formar un partido político en lugar de comprarse un auto convertible, como suele ser el caso de los ricos que llegan a la mitad de su vida. Más laudable que el señor, cuando se aburrió del juguete financiado por los contribuyentes, en lugar de institucionalizar al partido (PVEM), se lo haya entregado a su hijo.

Pero a "Jorgito" le ha resultado un problema esto de la política. Expresa que hay más desventajas que ventajas de ser político: "Eres blanco de muchos ataques (.), no es lo mejor para la vida personal, y además ser soltero. yo creo que es lo peor que hay". Y es que su profesión le afecta en sus capacidades de ligue: "Antes de conocerme causo un poco de rechazo por ser político (.); algunas mujeres me prejuzgan y se ciscan".

El Niño Verde no se avergüenza, sin embargo, de su nepotismo. Acepta: "Sí, hay algunos amigos míos en el partido, pero es normal, porque cuando vas caminando en la vida es normal que tus amigos te acompañen, no te vas hacer acompañar por tus enemigos, serías muy bruto". Con esta filosofía debería escribir un libro de motivación personal, utilizando las frases igual de "profundas" que tiene en su escritorio en piedras esculpidas en inglés que se venden en el catálogo de Continental Airlines.

Al preguntársele cómo se siente que se haya cambiado la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para que él pudiera ser senador, bajando la edad legal de 30 a 25 años, contesta: "Bueno, no fue por mí. fue por los jóvenes". No sólo es cínico, sino autocomplaciente al definirse como "muy disciplinado, muy de rutina entre semana, cumplidor en mi trabajo y muy constante en el deporte". A lo mejor en el gimnasio, pero no en el Senado, donde su labor ha dejado mucho que desear. De acuerdo con el Monitor Legislativo del CIDE, en lo que va del sexenio, el senador verde ha presentado una sola iniciativa de ley. Su contribución a la legislación total introducida en el Senado ha sido de apenas 0.2%. Un gran "cumplidor", sin duda.

A final del artículo de Caras uno se queda con la sensación de que el único mérito en la vida de Jorge Emilio fue haber sido el hijo de un rico que le heredó un partido. Más, no hay. Ni méritos académicos, ni empresariales, ni los de un líder que, desde abajo, formó una base social. En suma: un niño bien indolente, cínico y cursi, tremendamente alejado de la realidad nacional, que le incomoda la política pero que medra con ésta.

leo.zuckermann@cide.edu

Profesor investigador del CIDE


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Profesor e investigador de la División de Estudios Políticos del Centro de Investigaciones y Docencia Económicas (CIDE). Es candidato a doctor en Ciencia Política por la Universidad de Columbia. Sus líneas de investigación son campañas y elecciones, comunicación y mercadotecnia políticas, así como opinión pública y comportamiento político. Recibió el Premio Nacional de Periodismo 2003 en la categoría de artículo de fondo/opinión.

 
 
 

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