CUANDO existía el monopolio priísta del poder, las consideraciones del presidente en turno para escoger a su sucesor no incluían evaluar las capacidades de liderazgo que tenían los tapados. No, lo fundamental era asegurar la lealtad y bienestar del presidente saliente, sin importar la capacidad de gobernar o asegurar el futuro de México.La contienda presidencial de 2000 cambió las reglas del juego electoral. Pero el cambio no fue tan dramático de lo que uno se hubiera imaginado. Ante la competencia democrática que se avecina en 2006, era de esperarse que los partidos políticos hubieran tomado medidas extraordinarias para asegurar que los procesos internos tuvieran credibilidad, y que resultaran en la selección del candidato que tuviera más potencial y viabilidad. En julio de 2006 sabremos qué tan exitosas fueron las apuestas de los partidos.
Indudablemente Vicente Fox fue un extraordinario candidato, que tuvo la capacidad de inspirar al electorado a salir a votar por él. Adicionalmente antes de ser electo demostró una característica fundamental de un buen líder: inspiró esperanzas de que en México podíamos aspirar a un mejor país. Pero una vez que asumió la Presidencia rápidamente fueron claras sus deficiencias como líder y como gobernante. Los libros de historia reconocerán que cualquier persona que asumiera la Presidencia en esta coyuntura hubiera tenido enormes dificultades para gobernar debido a la división de poder en el Legislativo, el debilitamiento de la figura presidencial, las guerras intestinas dentro de los partidos políticos, la coyuntura política y económica en el mundo y la situación de inseguridad que enfrenta EU. Aún así, varias deficiencias en el estilo de gobernar y de liderazgo de Fox agravaron los problemas innecesariamente, entre ellas resaltan la incapacidad que tuvo el Presidente de controlar su gabinete, sus asesores inmediatos y su familia.
El otro error o falla en el estilo de liderazgo es que se percibe al Presidente como débil y temeroso de tomar decisiones controversiales y defender decisiones tomadas, y hacer uso de las fuerzas de seguridad en situaciones que lo requieren. Quiero subrayar que esto es una percepción puesto que, de nuevo, los historiadores y los politólogos evaluarán si la estrategia de Fox fue la correcta en esta coyuntura.
Pero estas percepciones de cómo ha gobernado el presidente Fox influirán las decisiones de los electores en 2006. Y ante la posibilidad de que en este momento cualquiera de los candidatos podría ser el siguiente inquilino de Los Pinos, es importante anticipar el estilo de liderazgo de cada uno de ellos.
¿Que características de liderazgo deberá de tener el futuro presidente de México? Depende en parte de cuál es la visión que tenemos sobre cuáles son los problemas fundamentales del país y que nos espera en los siguientes años. ¿Necesita México un presidente que le dé prioridad a decisiones basadas en consensos políticos, dado que será la única forma de avanzar en las reformas? Entonces el futuro presidente deberá ser un buen negociador.
¿La situación nacional requiere de un presidente que imponga soluciones por la degradación política del país? Entonces el siguiente líder del Ejecutivo deberá ser una persona firme en sus convicciones. ¿El futuro mandatario deberá tener un gabinete absolutamente fiel, o buscar rodearse de secretarios que le puedan proporcionar diferentes perspectivas? La respuesta en parte depende de qué tantas habilidades tenga el Presidente de supervisar a sus subalternos. ¿Debe el nuevo presidente inspirarnos y hacernos creer en el futuro de México o la táctica debería ser subrayar en una forma pragmática y realista los serios problemas que enfrenta el país y los sacrificios que se requerirán para cambiar este rumbo? Un buen líder inspira, pero al mismo tiempo no crea expectativas falsas. ¿Continuar apoyando la mayoría de las políticas públicas impulsadas en los últimos años o el futuro de México requiere una gran sacudida puesto que el actual esquema simple y llanamente reprobó? ¿Podrá la gobernabilidad del país en esta coyuntura sobrevivir un trascendental revolcón político? ¿A qué se le debe de dar prioridad, al problema de la pobreza o a la inseguridad desbordada en el país?
La respuesta a estas últimas tres preguntas nos define si la personalidad del próximo presidente debe de incluir o no algunas características autoritarias.
Quisiera sugerirles algunas interrogantes adicionales, estimados lectores, que creo que les ayudarán a definir su decisión en 2006.
¿A cuál de los candidatos le comprarías un carro usado? Si México fuera un buque a punto de estrellarse con un iceberg, ¿cuál de los tres quisieras que fuera el capitán del barco? Una de tus hijas te comunica: "Me voy a casar con el hijo del candidato a la Presidencia". ¿Cuál de los candidatos preferirías que fuera tu consuegro? ¿Quién de ellos te inspira suficiente confianza en sus habilidades que estarías dispuesto a conformar un negocio? Llegas al hospital porque te acaba de pegar un infarto. Entre la neblina de tu inconsciencia, ¿la cara de cuál de los candidatos quisieras tú como médico? ¿Cuál de ellos quisieras que fuera el profesor de sexto año de tus hijos? Te asaltan en la calle. ¿Cuál de los tres quieres que llegue a rescatarte y enfrentar al malhechor? Si estuvieras a punto de morir y tuvieras que dejar a un hijo menor bajo la tutela de uno de los candidatos, ¿a cuál de ellos se lo dejarías?
¿Al responder algunas de estas interrogantes, tu decisión de voto se aclaró o se empañó?
PD. Para ver los eslóganes políticos enviados vayan a www.mexicodecide.blogspot.com.
Salazaropina@aol.com
Analista política