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Leo Zuckermann
04 de enero de 2006
Retroceso ruso
 

RUSIA está regresando a un régimen autoritario. Así lo demuestran los indicadores de Freedom House, la organización que mide el nivel de los derechos y libertades políticas en todo el mundo. De acuerdo con su afamado índice, la Rusia de hoy es una nación menos libre de lo que era la Unión Soviética en 1990, justo antes de que ese país se disolviera. ¿Qué es lo que pasó? ¿Cómo se ha venido desmantelando la democracia rusa?

De acuerdo con Jennifer Windsor, directora ejecutiva de Freedom House, "el retroceso de Rusia a la categoría de (nación) ´no libre´ es la culminación de una tendencia creciente del presidente ruso Vladimir Putin de concentrar la autoridad política, acosar e intimidar a los medios de comunicación y politizar la aplicación del estado de derecho". A Freedom House, incluso, le preocupa la intervención autoritaria impulsada por Rusia en ex repúblicas de la Unión Soviética como Ucrania.

A partir de los datos de Freedom House, la revista The Atlantic Monthly del pasado diciembre hizo un recuento sobre el paulatino desmantelamiento del régimen de libertades democráticas en Rusia. Todo comenzó en 1991, en el renacimiento de la Federación Rusa después del fin de la URSS. En ese momento, Boris Yeltsin fue elegido presidente por votación popular y se promulgó una nueva Constitución de corte democrático liberal. En ella se establecía una democracia presidencial con división de poderes y la protección de los derechos humanos y la propiedad privada.

Sin embargo, para 1993, el propio Yeltsin comenzó a cerrar los espacios democráticos. Ese año disolvió ilegalmente el Parlamento, lo cual generó una tensión militar. Al final, el otrora líder de la democratización rusa consiguió la promulgación de una nueva Constitución con mayores poderes para el Ejecutivo. El índice de Freedom House para Rusia decreció, aunque se mantuvo como nación "parcialmente libre".

En 1996, Boris Yeltsin ganó la reelección "gracias en parte al apoyo financiero de la oligarquía industrial que adquirió ese mismo año algunas de las compañías estatales más grandes y rentables de Rusia", según The Atlantic Monthly. Además, "los periodistas rusos no reportaron desde un principio los serios problemas cardiacos sufridos por Yeltsin durante la campaña electoral (luego mostrados como una serie de ataques al corazón ´poco severos´), lo cual condujo a cuestionamientos acerca de los lazos (de los periodistas) con el Estado, sus simpatías personales y posibles temores de represalias". El índice de nación "parcialmente libre" se mantuvo.

Un año después vinieron las restricciones religiosas. Una nueva ley obligó "a los grupos religiosos a probar que tenían por lo menos 15 años en Rusia antes de que se les otorgaran los privilegios acordados con la Iglesia ortodoxa rusa, tales como exenciones fiscales o el derecho de operar escuelas". Por su parte, autoridades estatales mantuvieron la discriminación a grupos religiosos no tradicionales. El índice declinó, aunque se sostuvo en los niveles de "parcial-mente libre".

En el año 2000, Vladimir Putin, un ex agente de la KGB, la infame agencia estatal de espionaje político creada en los días totalitarios de la URSS, fue elegido presidente de Rusia. Los ciudadanos de ese país escogieron a un político de "mano dura" en el contexto del creciente conflicto del separatismo de Chechenia, que había traído actos terroristas en ciudades rusas, incluyendo a Moscú. Un año después, el nuevo mandatario consolidó todos los medios electrónicos rusos (televisión y radio) en una sola agencia gubernamental. Empezó un periodo donde la censura era usada regularmente por el gobierno. En 2003, las autoridades cerraron "el último canal independiente nacional de televisión abierta que (fue) remplazado por un canal de deportes manejado por el Estado". El índice de Freedom House llegó al mínimo posible de nación "parcialmente libre".

En 2003 ocurrió el escándalo de Mikhail Khodorkovsky, que pu-so en duda el compromiso del Estado ruso con los derechos de propiedad y la independencia del Poder Judicial. El director de la poderosísima petrolera Yukos públicamente apoyó a los opositores de Vladimir Putin, e inmediatamente fue arrestado y condenado a nueve años por presunta evasión fiscal. Por si no fuera poco, su empresa fue estatizada.

Finalmente llegó 2004, donde Freedom House disminuyó nuevamente el índice de Rusia colocándola ya como nación "no libre", al mismo nivel que Egipto en materia de libertades personales y políticas. Ese año, de acuerdo con The Atlantic Monthly, Putin fue "elegido a un segundo periodo en una votación ampliamente considerada como injusta por los observadores internacionales, quienes citaron una participación sospechosamente alta y una cobertura mediática muy sesgada". El presidente, luego, promulgó una nueva legislación que eliminó las elecciones de gobernadores, pasando éstos a convertirse en designaciones presidenciales directas.

Así ha sido el largo camino que ha recorrido Rusia para desmantelar sus incipientes instituciones democráticas liberales. Hoy, en ese país hay menos libertad para expresarse, hacer negocios, profesar una religión diferente a la mayoritaria y elegir a los gobernantes locales. Además, los medios se encuentran controlados por el Estado. Es cierto que esta tendencia negativa la inició Yeltsin, pero Putin se ha encargado de profundizarla. No cabe duda que el ex agente de la KGB ha resultado un fiel seguidor de las prácticas autoritarias que, paradójicamente, hundieron al país que supuestamente protegía.

Ahora que comienza el año 2006, con un nuevo proceso electoral en México para renovar a los poderes Ejecutivo y Legislativo federales, vale la pena estar conscientes de lo sucedido en Rusia, como también lo ocurrido en Venezuela, donde la democracia ha tenido una regresión autoritaria. A los mexicanos, nos toca evitar que algo similar ocurra en nuestro país, pues con todos los defectos que pueda tener una democracia liberal, ésta sigue siendo, como bien apuntara Winston Churchill, el menos malo de todos los sistemas de gobierno posibles.

leo.zuckermann@cide.edu

Profesor investigador del CIDE


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Profesor e investigador de la División de Estudios Políticos del Centro de Investigaciones y Docencia Económicas (CIDE). Es candidato a doctor en Ciencia Política por la Universidad de Columbia. Sus líneas de investigación son campañas y elecciones, comunicación y mercadotecnia políticas, así como opinión pública y comportamiento político. Recibió el Premio Nacional de Periodismo 2003 en la categoría de artículo de fondo/opinión.

 
 
 

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