| AYER expiró el plazo para que los partidos políticos que par-ticipan en una alianza presentaran su plataforma electoral. En todas se plantean acciones para reducir la pobreza, dado que en México cerca de 17 millones de personas viven en condiciones de escasez alimen-taria y 10% de las familias más pobres recibe sólo 1.6% del ingreso total. La reflexión acerca de las mejores estrategias para combatir la pobreza y reducir la desigualdad del ingreso se ubica en el centro del debate político, en México y en otras latitudes. Los términos de esa reflexión y las características de las políticas que se proponen, reflejan el "estado del arte" del pensamiento sobre ese tema, esto es, el conjunto de ideas básicas sobre las medidas que reducen la pobreza y la desigualdad del ingreso. En consecuencia, al analizar las propuestas de los candidatos a la Presidencia en esta materia , es útil comenzar listando las acciones que generalmente son aceptadas como instrumentos de toda estrategia. Así, el análisis es más sistemático, pues permite determinar en qué grado dichas propuestas incorporan acciones indispensables. De los factores que contribuyen a reducir la pobreza, se reconoce que el crecimiento económico es central. Más crecimiento implica más empleo y más ingreso, lo que sienta las bases para que las familias puedan mejorar su situación. Sin embargo, así como existe acuerdo acerca de que el crecimiento es condición necesaria para reducir la pobreza, también lo hay de que no es suficiente. Por tal virtud, un segundo factor que prácticamente siempre aparece en las estrategias para reducir la pobreza es la generación de empleo bien remunerado. Si el crecimiento no viene acompañado de empleo, sus beneficios no permean ha-cia grupos mayoritarios de la población. En años recientes se ha señalado la necesidad de distinguir entre la generación de empleo formal e informal y, de éste, el bien remunerado del de subsistencia. México es un buen ejemplo de por qué es necesa-rio hacer esa distinción: durante 2004 se generaron poco más de 500 mil empleos formales (afiliados al IMSS, ISSSTE, fuerzas armadas, Pemex, Comisión Federal de Electricidad, etcétera). Descontando las 435 mil personas que emigraron, el resto de los empleos, del orden de 240 mil, se generaron en el sector informal. Otro aspecto sobre el cual hay acuerdo es que una estrategia efectiva contra la pobreza, que se base en crecimiento económico y empleo, requiere acciones adicionales focalizadas, esto es, dirigidas expresamente a los grupos más desfavorecidos. Si bien durante los últimas dos décadas México ha realizado esfuerzos en ese sentido, a juzgar por sus resultados y por las evaluaciones de organismos nacionales y extranjeros, el más exitoso es Progresa, ahora Oportunidades. Dicho programa apoya a 4.8 millones de las familias de menores ingresos. La incidencia fiscal, esto es, el efecto neto de los impuestos y del gasto público sobre las familias, es otro aspecto central de toda estrategia contra la pobreza. El pensamiento sobre este tema ha evolucionado hacia una visión integral de la función fiscal, es decir, reconocer que lo importante es el efecto conjunto de impuestos y gastos. Ello explica por qué múltiples sistemas impositivos han recurrido a impuestos al consumo, como el IVA, que proporcionalmente (respecto de su ingreso) afecta más a las familias de menores recursos, y cada vez menos a impuestos sobre el ingreso, como el ISR, que es progresivo. Esto responde a que con los ingresos recaudados se financian gastos que benefician más a las familias más pobres, como Oportunidades y el Seguro Popular de Salud. Aun considerando actuar efectiva y coherentemente en los cuatro aspectos anteriores, en México toda estrategia contra la pobreza debe incluir acciones para elimi-nar las "bolsas de pobreza" que perduran en el país. El fenómeno resulta de que comunidades remotas y aisladas, muchas de ellas con población mayoritariamente indígena, están prácticamente desconectadas del resto de la economía y la sociedad. Viven en condiciones de una especie de autarquía, en esas bolsas de pobreza a las que es muy difícil acceder. El asunto se complica en la medida que México se caracteriza por una alta dispersión de la población. En el país existen más de 182 mil localidades con menos de 500 habitantes, donde vive 10.9% de la población. Aún peor, existen 133 mil localidades con 50 habitantes o menos, con 11 habitantes en promedio. Esa dispersión dificulta y hace difíciles y costosas las acciones para reducir la pobreza que las caracteriza. Una barrera adicional para sacar a dichas comunidades de la pobreza es la ausencia, durante décadas, de una estrategia permanente de asentamientos humanos, coherente, explícita y efectiva. En años recientes se ha buscado enfrentar esta problemática por medio del Programa Microrregiones, dirigido a abatir los rezagos de las localidades que presentan condiciones de marginación crónica. El programa impulsa los Centros Estratégicos Comunitarios (CEC), localidades de confluencia de carácter social, productivo, comercial y de servicios para un conjunto de comunidades más pequeñas. Otro asunto crítico y esencial de toda estrategia contra la pobreza es la conexión del sector informal/marginado con el formal/moderno. Diversas economías en el mundo muestran patrones de desarrollo en los que se distinguen claramente dos pis-tas: la moderna, de la economía tecnológi-camente avanzada y globalizada, y la de pobreza y marginación. Parte de la explicación de esta desconexión se deriva de que es muy difícil sustraer una "propiedad" del sector rezagado para ubicarla en el moderno. Esto representa uno de los principales retos para toda estrategia contra la pobreza, pues demanda acciones efectivas de titulación y vinculación patrimonial. Lo mismo aplica a la desconexión tributaria, que hasta hace unos días recibió atención en México. Un fenómeno que recientemente adquirió mayor importancia, en términos del ingreso de las familias más necesitadas y de sus condiciones de pobreza, es el de las remesas de los mexicanos que han emigrado. Si bien el fenómeno no es nuevo, ahora su importancia ha aumentado, pues representan un porcentaje mayor del ingreso de los deci-les uno y dos (los más pobres). Por último, está el tema de la pobreza en que viven personas de la tercera edad, debido a que durante décadas se careció de un sistema efectivo de pensiones. La tregua de campañas abre una venta-na para analizar en detalle las propuestas de los candidatos a la Presidencia. Los temas y dimensiones a considerar son numerosos. En lo que toca a pobreza, un primer análisis indica que las propuestas adolecen de diversas deficiencias, comenzando por su falta de integralidad. Surgen muchas preguntas para los candidatos. jreyes@structura.com.mx Economista |