EL término "comercio internacional" suele evocar para los lectores de periódicos y, en general, para los ciudadanos de a pie imágenes de grandes empresas, disputas entre las grandes superpotencias económicas y, sobre todo, negociaciones enigmáticas y complicadas en el seno de la Organización Mundial del Comercio. Pero el comercio mundial tiene rostro humano, el de millones de trabajadores, agricultores, consumidores y ciudadanos, hombres y mujeres, que se ven afectados cada día por las reglas de la economía internacional. Son personas que enfrentan problemas comunes y que exigen para su solución nuevas instituciones y reglas globales.
Recordemos que junto a las cifras de 800 millones de personas en el mundo que sufren hambre y malnutrición crónicas, y de 300 mil niñas y niños que mueren diariamente por causas directamente relacionadas con la pobreza, el secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, destacó con motivo del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, del pasado 17 de octubre, la importancia de las medidas que deben adoptarse para que el comercio desempeñe de modo pleno su papel de promotor del crecimiento económico, el empleo y el desarrollo sostenible para todos.
En noviembre de 2001, representantes de los países miembro de la OMC iniciaron en Doha (Qatar) una nueva ronda de negociaciones comerciales, la llamada Ronda del Desarrollo, en las que se pretendía situar los intereses y necesidades de los países en desarrollo en el lugar central de la agenda de trabajo. Y ello con el objetivo de que cuestiones esenciales como la agricultura, los servicios públicos, las inversiones, el medio ambiente o los derechos de propiedad intelectual, pudieran mejorar la vida de millones de personas pobres en el mundo.
En septiembre de 2003 tuvo lugar en Cancún la quinta Conferencia Ministerial de la OMC, y del 14 al 18 de diciembre próximo tendrá lugar en Hong-Kong otra cumbre del mismo organismo que abordará cuestiones que afectan la vida de millones de personas: las reglas de esta institución determinan aspectos tan cotidianos para la vida de millones de personas en el mundo, como la comercialización de alimentos o el acceso a medicamentos.
La marginación de una parte importante de la humanidad está en la raíz de muchas de las tensiones y conflictos que el mundo ha padecido en los últimos tiempos. Es urgente fortalecer mecanismos multilaterales de negociación en los que todos los países, ricos y pobres, vean representados sus intereses, situando a la OMC ante un comercio internacional que no esté guiado únicamente por la liberalización incondicional de los intercambios, sino en el marco de tratados y acuerdos internacionales como el Convenio de la Biodiversidad, la declaración de la OIT sobre Principios Fundamentales y Derechos en el Trabajo, o las declaraciones de la FAO sobre seguridad alimentaria. Sólo de este modo se podrá garantizar la primacía de los derechos humanos, económicos, sociales, culturales y ambientales.
Muchos son los retos de esta nueva cumbre.
En el ámbito del comercio agrícola, facilitar el libre acceso al mercado de los productos agrícolas de los países más pobres o la generalización de las medidas de Trato Especial y Diferenciado para los países menos avanzados cuyas economías dependen de productos agrícolas claves, deberá acompañarse de políticas activas capaces de adecuar el modelo agrícola a los objetivos de desarrollo sostenible y a las necesidades de las economías familiares, adoptando mecanismos o acuerdos internacionales que sirvan para regular las fluctuaciones del precio y la sobreproducción de productos agrícolas e impidiendo la concentración y los oligopolios de las grandes cadenas de distribución.
Respecto de la necesaria apertura al mercado de productos no agrarios, industriales o de servicios, los países en desarrollo deben contar con la flexibilidad para que determinen por sí mismos la cuantía, vía y método adecuados para adoptar sus correspondientes compromisos de reducción de tarifas arancelarias, asegurando, en este último caso, el acceso en condiciones de igualdad en la prestación de servicios básicos, tales como la educación, la salud, los medicamentos esenciales y la provisión de agua potable.
España trabajará en el seno de la Unión Europea para lograr acuerdos de este tipo, teniendo en cuenta el impacto de las negociaciones comerciales sobre los países en desarrollo. Los llamados nuevos países emergentes en la escena internacional también tienen y tendrán mucho que decir en la aplicación de estas estas nuevas reglas que requieren de una negociación transparente, participativa y coherente en el comercio internacional. Y por primera vez en nuestra historia, parlamentarios y representantes de las organizaciones sindicales y de la sociedad civil española acompañarán a nuestra delegación oficial ante dicha cumbre.
En la misma se pretende reactivar la agenda de comercio y desarrollo de Doha con el fin de desbloquear las negociaciones comerciales internacionales. El impacto que dichas negociaciones puede tener sobre la población del planeta es muy importante.
Secretario general del Grupo Parlamentario Socialista, España.
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