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    Encuestas y pronósticos
Jacqueline Peschard
29 de noviembre de 2005

LAS encuestas no son pronósticos y esto es particularmente cierto cuando los estudios de opinión se realizan con mucha anticipación a la jornada electoral. A los expertos en demoscopía les gusta decir que las encuestas son "fotografías del momento" que a lo más que pueden aspirar es a reflejar las inclinaciones de los electores en la coyuntura específica en la que son consultados. ¿Por qué, entonces, se ha desatado tal controversia alrededor de la encuesta difundida por el periódico Reforma la semana pasada, más de siete meses antes de la elección presidencial?

El debate y hasta la descalificación del estudio que se suscitaron pueden explicarse porque la distribución de las intenciones de voto que ahí aparecieron trastocó las grandes tendencias que se habían venido trazando en los meses anteriores. En efecto, López Obrador, que ha sido el puntero indiscutible durante todo el último año, quedó virtualmente empatado con Felipe Calderón (29% y 28% respectivamente), quien hace apenas dos meses aparecía en un lejano tercer lugar. Por otro lado, Madrazo, que en una encuesta del propio diario 15 días antes estaba colocado en un segundo sitio, ahora queda desplazado con solamente 21% de la intención de voto. Si antes había un favorito con una ventaja importante y tres candidatos con posibilidades de triunfo, la encuesta sugiere que la disputa ahora es entre dos delanteros y el tercero va rezagado.

Los estudios demoscópicos solamente dan cuenta del contexto concreto en el que se realizan, así en mayo de este año, cuando se debatía el asunto del desafuero de López Obrador, las encuestas lo colocaban en el punto climático de su popularidad, mientras que el precandidato mejor evaluado del PAN era Santiago Creel, quien se beneficiaba del "efecto recordatorio" por el hecho de ser secretario de Gobernación y tener gran visibilidad pública. Hoy, el nombre de Felipe Calderón se ha visto catapultado como consecuencia del bono de popularidad que generó la competida selección interna en el PAN, la cual, además, contrastó con la "primaria" del PRI que tuvo muy escaso efecto reivindicador para el tricolor, una vez que se retiró el precandidato del Tucom, que sí era un adversario creíble de Madrazo.

Cuando los estudios de opinión se publican (hay encuestas que son de consumo interno de los partidos), juegan un papel importante porque proporcionan indicadores sobre cómo se perfilan las preferencias de los ciudadanos y ello es un referente que forma opinión. A medida que las encuestas se acercan al momento de la elección, se convierten en fuente de información relevante para que los ciudadanos decidan por quién votar.

Como en cualquier juego, en el electoral, al votante le gusta apostar a ganar, es decir, a estar del lado de los victoriosos, por ello existe el voto útil que se orienta pragmáticamente y que está reñido con un voto por alguien sin posibilidades de triunfo, o el voto estratégico, que sacrifica su primera y genuina preferencia en aras de lograr que triunfe aquel con mayores posibilidades de alcanzar cierto objetivo supremo, o cuando menos para bloquear a un candidato no deseado. Un ejemplo claro de este voto estratégico ocurrió en el año 2000 cuando electores de izquierda otorgaron su voto a Vicente Fox, abanderado del centro-derecha, porque era el candidato opositor que tenía posibilidades efectivas de ganar y de lograr el objetivo último de la alternancia, esto es, de sacar al PRI de Los Pinos.

En los últimos 10 años, los estudios sobre intención del voto en México se han venido profesionalizando y hoy las empresas encuestadoras serias están bien identificadas porque cumplen con requisitos técnicos internacionalmente reconocidos, pero el debate sobre las encuestas sigue estando mediado por la cultura de la desconfianza que es el verdadero deporte nacional. Por eso, las reacciones de los actores políticos frente a estudios de opinión que no les favorecen no se centran en una discusión sobre la metodología específica utilizada, sino sobre la posición política de quien financia y difunde la encuesta.

No cabe duda que los medios electrónicos e impresos tienen preferencias por aquel candidato o partido que más se identifica con sus intereses y propósitos como empresa comercial, pero el prestigio de las agencias encuestadoras está en dar a conocer con nitidez cómo se seleccionó a la población consultada, qué procedimiento se utilizó para aplicar los cuestionarios, en fin, qué metodología se aplicó, porque no hay métodos neutros.

Mucho se ha dicho que cuando las encuestas tienen credibilidad entre la población pueden servir de factor estabilizador el día de la elección, en la medida que refuerzan a la autoridad electoral a la hora que declara al vencedor, en particular cuando se trata de una elección muy reñida como seguramente será la de 2006. En mi opinión, no está ahí lo preocupante de la actual controversia porque la posibilidad de que se reconozcan los resultados electorales que proporcione la autoridad depende de la actitud de los principales actores políticos.

En el 2000, cuando José Woldenberg, el entonces presidente del IFE, dio a conocer el resultado de los conteos rápidos encargados por la propia autoridad electoral, la aceptación de la derrota de su partido por parte del presidente de la República en turno fue clave para aquietar eventuales impulsos disruptivos. En ese entonces, la gran mayoría de las encuestas preelectorales no había logrado dibujar el triunfo del candidato Fox con el margen de victoria de seis puntos y aun así los resultados fueron confiables.

Profesora de la FCPyS de la UNAM

 
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PERFIL
 
Doctora en Ciencias Sociales por el Colegio de Michoacán. Ex consejera electoral del Instituto Federal Electoral (IFE). Es profesora e investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y desempeñó idénticos papeles en el Colegio de México de 1992 a 1996. Es autora de La cultura política democrática (1994) y coautora de La voz de los votos: un análisis crítico de las elecciones de 1994 (1995), Representación política y democracia (1998), entre otros.
 
Editoriales anteriores
 
Cálculos hegemónicos 23-enero-2007
 
Relevo importante 9-enero-2007
 
Fin de año electoral 26-diciembre-2006
 
 
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