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    ¿En qué se parecen Chávez y AMLO?
Demetrio Sodi de la Tijera
25 de noviembre de 2005

DESPUÉS de la magnífica entrevista de Adela Micha con Andrés Manuel López Obrador ha quedado la duda entre mucha gente de cuáles son realmente las diferencias y las semejanzas del precandidato presidencial del Partido de la Revolución Democrática y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

Tratar de despejar la duda es importante, dado el deterioro político y económico que ha tenido en Venezuela tanto la personalidad como la forma de gobernar y las políticas que ha impulsado el presidente Hugo Chávez durante su mandato.

Los ya seis años de gobierno de Hugo Chávez como presidente de Venezuela pueden calificarse, en el mejor de los casos, como altamente polémicos. Cuenta, sin lugar a dudas, con una gran base y aceptación entre los sectores populares, pero es rechazado en forma casi generalizada por las clases medias y altas y por la gran mayoría del sector empresarial.

La gente le está agradecida al presidente Hugo Chávez por una política social sin precedente que los ha beneficiado directamente, y que es posible sólo por los altísimos precios del petróleo. De no ser por esos recursos extraordinarios, la economía venezolana estaría pasando por una situación crítica, y seguramente la popularidad de Hugo Chávez no estaría en los niveles en que se encuentra. En los últimos años ha habido grandes salidas de capital privado, y la economía se ha podido recuperar en estos dos años, después de una caída de casi 20%, sólo por los altos niveles de consumo que permiten los ingresos petroleros.

Más allá de las consecuencias económicas de las políticas del presidente Hugo Chávez, su discurso y proclividad a la confrontación verbal han provocado una ruptura social y una división nacional que tardará muchos años en zanjar.

Por otro lado, su confrontación permanente con el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, sólo para justificarse y ganar popularidad interna, ha llevado a Venezuela a un conflicto innecesario con el gobierno estadounidense. En el caso del presidente Vicente Fox, Hugo Chávez trató de hacer lo mismo, aprovechar el pleito para ganar popularidad internamente. La reacción, sin embargo, de la opinión pública fue muy diferente y Hugo Chávez tuvo que recular. En el conflicto entre México y Venezuela sin duda el presidente Vicente Fox tiró la primera piedra, pero la respuesta del mandatario venezolano fue desproporcionada, grosera y ofensiva para nuestro país, por lo que la exigencia de una disculpa está totalmente justificada.

El caso de Venezuela no debemos echarlo en saco roto; el riesgo de que México caiga en un populismo similar al venezolano está a la vuelta de la esquina. La pobreza que existe en el país y el desencanto, de gran parte de la población, con la apertura comercial y la globalización son terreno fértil para políticos y programas populistas.

Desgraciadamente, las similitudes entre el presidente Hugo Chávez y Andrés Manuel López Obrador son muchas. Son políticos muy carismáticos que creen en la movilización popular y en la lucha de clases, no son de izquierda pero sí utilizan su lenguaje, cuestionan las instituciones fundamentales del Estado y están dispuestos a violar la ley cuando ésta no les da la razón.

El presidente venezolano y Andrés Manuel se creen permanentemente víctimas de un complot, son proclives a la confrontación verbal, no entienden nada de la economía mundial, son enemigos de la globalización, la apertura y las reformas estructurales, creen que la pobreza se combate con ayudas económicas directas y están convencidos que el fin justifica cualquier medio, por lo que están dispuestos a mentir cada vez que se necesite.

López Obrador no ha llegado, y probablemente nunca llegaría, a los extremos que ha llegado Hugo Chávez, en parte porque no tiene al Ejército atrás, pero en situaciones de crisis ha mostrado ser capaz de llegar a la confrontación y a la movilización social hasta el límite.

Es cierto que México no es igual a Venezuela, que nuestras instituciones políticas están consolidadas y nuestra economía está diversificada y no depende del petróleo, pero la pobreza que enfrenta gran parte de la población puede hacer que las cosas cambien en un corto plazo si llega a la Presidencia de la República un gobierno populista dispuesto a todo.

Venezuela era una de las democracias más consolidadas del continente americano, sin embargo, en unos cuantos años, Hugo Chávez transformó las instituciones a su antojo, consolidó su poder y dejó atrás esa tradición democrática plural. La confrontación social que se vive en Venezuela, impulsada por su presidente, puede ser irreversible por muchos años.

Sin lugar a duda se requiere un profundo cambio social en México, pero éste no se va a dar en medio de una confrontación como la que se vive en Venezuela. Lo peor que le puede pasar a México es que llegue a la Presidencia de la República una persona que impulse la confrontación política y social o que pretenda marginarse de la globalización y la modernización.

Nuestra economía depende en más de 50% de la economía de Estados Unidos y la única alternativa es aprovechar la vecindad, no enfrentarnos a ella. En medio de una confrontación social todos perdemos, pero los que más pierden son los pobres, los que dependen de su trabajo para poder vivir.

Desgraciadamente, estoy convencido de que López Obrador es muy parecido a Hugo Chávez en la forma en que concibe la política, en su proclividad a la confrontación verbal y en su rechazo a la modernidad. No creo que pueda o quiera llevar al país a una situación extrema como la de Venezuela, pero en situaciones difíciles sería capaz de ir más allá de lo que le conviene al país.

No creo, por otro lado, que aunque lo quisiera Andrés Manuel, pudiese implantar muchos de los cambios o las estrategias del presidente venezolano; nuestras instituciones, la pluralidad política y la población se lo impedirían. Creo, sin embargo, que en caso de ganar, viviríamos un sexenio de permanente confrontación similar al que tuvo como jefe de Gobierno del Distrito Federal contra el gobierno federal, contra el Congreso de la Unión, la Asamblea Legislativa, el sector privado, y en general contra todo aquel que no coincide con sus ideas.

Es más, estoy convencido de que si Andrés Manuel sigue cayendo en las encuestas, como ya empezó a hacerlo, va a hablar de un complot para impedir que una persona como él, comprometida con la mayoría de la población, llegue al poder.

López Obrador se ha alejado y confrontado con sectores que, aun cuando no lo veían bien, no le temían. Se ha ido arrinconando y ha ido arrinconando al PRD y a la izquierda y ha provocado la formación de grupos cada día más numerosos que no están dispuestos a que llegue al poder. Podría todavía buscar un acercamiento con estos grupos y sectores, pero su cerrazón y terquedad lo están inmovilizando.

Nunca me ha gustado la candidatura de Andrés Manuel, pero creía que tendría la capacidad para evitar llegar a situaciones extremas de confrontación; me equivoqué, lo que hemos visto en las últimas semanas con un cambio de discurso, y lo que veremos seguramente en los próximos meses nos mostrará a un López Obrador cada día más parecido a Hugo Chávez.

Senador de la República.

tuopinion@demetriosodi.org.mx

 
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PERFIL
 
Licenciado en Administración de Empresas por la Universidad Iberoamericana con un curso de desarrollo administrativo en la Universidad de Harvard, EUA.

Trabajó en el sector privado de 1962-1975 en el Grupo Cifra. En la administración pública, de 1977 a 1982 fue gerente general de las tiendas Diconsa. De 1983 a 1988 fungió como Coordinador General de Abasto y Distribución del DDF.

En el trabajo legislativo ha tenido en cuatro ocasiones un cargo de elección popular: Diputado Federal en la LIV y LVII Legislaturas. Representante a la II Asamblea del DF. Actualmente es senador de la República por el DF en la LIX Legislatura y precandidato a la jefatura de Gobierno del DF.

Desde hace más de 20 años ha participado activamente en organizaciones ciudadanas.

 
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