ANDRÉS Manuel López Obrador acusa: habrá fraude electoral en julio de 2006. Y abunda: será un fraude instrumentado por PRI y PAN en su contra, presumiblemente para arrebatarle una inevitable victoria electoral. A más de ocho meses del día de la elección, semejante afirmación da mucho en qué pensar. ¿Será cierto? ¿Existen indicios claros de la operación estatal de un fraude electoral? ¿Habrá indicios de una complicidad entre PRI y PAN como para concluir que se prepara un fraude electoral capaz de arrebatarle al candidato del PRD su victoria en las urnas? Lo primero sería establecer los indicios de este fraude en ciernes. López Obrador no nos informa acerca de este dato. Quiere simplemente que le creamos. Obviamente eso no es posible. A partir de su acusación, la debe demostrar fehacientemente con elementos certeros, indicativos y concluyentes. De no ser así, podemos legítimamente concluir que el candidato presidencial del PRD especula y habla sin conocimiento de causa.
Por supuesto que también es posible pensar que la acusación sobre un fraude electoral en su contra es la manera peculiar en que él responde a la publicación de encuestas varias que, independientemente de sus variaciones metodológicas y de resultados, coinciden en un hecho: la caída del candidato perredista del pedestal de primer lugar. De alguna manera sigue la lógica que estableció durante su gobierno en el DF: ante cualquier adversidad, ataca. Ataca lo que sea y a quien sea, pero ataca. Finalmente, su paso por el Gobierno del Distrito Federal le dejó una enseñanza fundamental: la mejor defensa es el ataque.
El PRD prepara, así, su estrategia electoral para el próximo año. De no contar con la victoria en las urnas, se dispone a preparar la "defensa del voto" en las calles. Es decir, obra con la convicción de que, por las buenas o por las malas, su candidato arribará a la Presidencia de la República.
La teorización sobre este tema va más allá del candidato e incluye a colaboradores cercanos. Uno de ellos es Porfirio Muñoz Ledo. Dice, a todo aquel que lo quiere escuchar, que él no estuvo de acuerdo con Cárdenas en la estrategia postelectoral del 88. Da a entender que él quería ir al enfrentamiento armado contra el PRI y tomar Palacio Nacional por asalto, pero que Cárdenas negoció una retirada deshonrosa con Salinas. ¿Por qué dice esto ahora? Porque es lo que AMLO quiere escuchar, y es la manera de hacer méritos con el candidato. Es decir, avalando la teoría de que la transición política mexicana acabará en un asalto al palacio de invierno.
El asunto está planteado con toda claridad. Quien no lo quiere ver, pues... es asunto suyo. Pero el PRD ya está advirtiendo que las elecciones del próximo año terminarán en uno de dos escenarios: con una reconocida victoria suya o en un tumultuoso enfrentamiento en las calles de México. De ahí la descalificación de los órganos electorales que hace reiteradamente el PRD a nivel federal y estatal.
La irresponsabilidad del PRD en este caso es grave. En otros casos pudiera ser menos grave. Pero la deliberada intención de cuestionar a los órganos electorales, los únicos legalmente establecidos para calificar los resultados electorales, es de una gravedad extrema. Ante la intención de imponer un resultado electoral, se recurre al instrumento del chantaje a toda la sociedad.
Especialmente grave, y también ridícula, aparece dicha intentona junto con la evidencia de una caída estrepitosa del candidato del PRD en las preferencias electorales. Pero las repercusiones van a ser varias. Por ejemplo, ante la caída, habrá una insistencia mayor por imponerse en la estructura del partido y, muy especialmente, en el Gobierno del Distrito Federal. Con la caída en las preferencias nacionales, la imposición de Marcelo Ebrard en el DF se convierte en un asunto de "seguridad nacional".
Hay que cubrir las espaldas. Y las redes ciudadanas se han convertido en la guarida o escondite de todos los grupos disidentes y/o minoritarios del PRD a escala nacional. Es decir, no están incorporando "nuevos ciudadanos", sino que son los mismos personajes que han pululado alrededor del PRD, nada más que fingiendo ser ciudadanos en vez de perredistas para así acceder más fácilmente a las candidaturas a diputados y senadores.
El proceso electoral puede darse según ciertos sucesos y tiempos. Hasta febrero o marzo seguirán más o menos empatados los tres candidatos. De marzo a mayo serán dos candidatos punteros y uno rezagado. A partir de mayo se notará un ganador y dos peleando el segundo lugar, además de la fuerza en el Poder Legislativo. Pero cuestionar todo esto, y decir que es producto de un fraude preconcebido, es no vivir en la realidad.
Quizá la inconsistencia existencial esencial de López Obrador es justamente que no vive en la realidad, sino en su fantasía preconstruida. Pero esa fantasía no modifica la realidad: choca con ella. La realidad de las conciencias individuales y colectivas de un pueblo no pueden orientarse por la ambición de un solo personaje, por más genuina que sea. Se guían por la realidad y sus condiciones objetivas, atenuadas por circunstancias fuera del control de los individuos. Esa realidad, hoy, contradice la fantasía del PRD. De ahí la desesperación y el desasosiego.
Analista político.
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