HACE unos días se publicaron varias encuestas sobre las elecciones presidenciales de julio de 2006. Levantaron toda una polvareda, porque lo que indican es que en las últimas semanas se han modificado radicalmente las expectativas del electorado y quienes habían vaticinado primero una victoria segura del PRI y luego una victoria segura del PRD, deberán regresar al pizarrón y replantear el tema. Las encuestas publicadas, con alguna excepción notoria, coinciden en un hecho: la competencia se ha cerrado notablemente.
Algunas hablan de un empate técnico entre Andrés Manuel López Obrador y Felipe Calderón Hinojosa. Otras colocan a Calderón y Madrazo algunos puntos más abajo. Vale la pena revisarlas, aunque sea someramente, para poner en correcta perspectiva la elección que viene.
Las empresas serias, conocidas en el mercado, que más recientemente han divulgado encuestas son seis: BIMSA, Gauss, Consulta-Mitofsky, GEA, Reforma y ARCOP. Todas ellas coinciden en el hecho de que la elección se ha cerrado. Hace un año, los datos reportaban una gran ventaja del PRI. Después, se observó el ascenso de la popularidad de Andrés Manuel López Obrador. Recientemente, lo que se constata es el ascenso de Felipe Calderón.
La máxima diferencia que separa a los dos candidatos punteros en esas encuestas es de siete puntos. Se trata de la encuesta de BIMSA, que encuentra a Andrés Manuel López Obrador, seguido por Roberto Madrazo con 29% y por Felipe Calderón, muy cerca de él, con 27%. Esto podría parecer bueno para el candidato perredista, pero no es así, pues lo que impacta es que hace unos cuantos meses la ventaja que tenía parecía ser mucho mayor.
Esa misma encuesta, que es la menos favorable a Calderón y la que más abierta parece, comparte con todas las demás dos elementos interesantes: el primero es que el gobierno del presidente Fox está bien evaluado por la mayoría de los mexicanos, ya que 59% de los encuestados por BIMSA aprueban la gestión gubernamental de Fox; la segunda característica común es que el candidato del PRI, Roberto Madrazo, tiene motivos serios para preocuparse, ya que la relación de opiniones favorables respecto de las desfavorables le es muy adversa, reportándose 25% de opiniones favorables contra sólo 37% de negativas. Otras encuestas que presentan estas dos variables reportan hallazgos similares, pero más favorables a Vicente Fox y más desfavorables a Roberto Madrazo. En este último caso, las señales de alarma deben ser espantosas. Según Gauss, por ejemplo, 51% de los encuestados tiene una opinión negativa de Madrazo. Mitofsky las ubica en 41% y ARCOP en 56%. No recuerdo yo un caso de algún candidato que haya ganado una elección con una carga de opiniones negativas tan pesada como la que parece arrastrar Madrazo.
Ejemplo de ello es la encuesta de Consulta-Mitofsky, ampliamente difundida por Televisa. Esta es la otra encuesta de esta muestra que coloca en tercer lugar a Calderón, aunque ya cerca del puntero. Las otras cuatro encuestas reportan a Calderón por delante de Madrazo. La encuesta de Mitofsky no reportó evaluación presidencial, pero en el pasado ha señalado que el presidente Vicente Fox está evaluado positivamente por la mayoría de los mexicanos. En septiembre, por ejemplo, según Consulta-Mitofsky, 59% de los mexicanos aprobaban la gestión del presidente Vicente Fox. La cifra, curiosamente, es idéntica a la de BIMSA.
La encuesta de ConsultaMitofsky presenta sistemáticamente un dato que no todos los demás encuestadores reportan: el de identificación partidaria. En esta variable, que es muy importante a la hora de que el ciudadano decide su voto, encuentra el PRI su único motivo de alivio, y el PRD su peor noticia. Según esta casa encuestadora, 26.2% de los mexicanos se identifica como priísta, contra 21.2% que se reconoce panista y 15.2% que se identifica como perredista.
Las otras cuatro encuestas coinciden en señalar que la carrera se ha cerrado, pero ubican la competencia entre López Obrador y Calderón, ubicando más retrasado a Madrazo. Según ARCOP, que es la casa encuestadora de Calderón, la diferencia entre el perredista y el panista es de tres puntos (30 contra 27), ubicando a Madrazo muy relegado, con sólo 20%. La encuesta que difunde la consultora GEA encuentra a López Obrador con 34 puntos, a Calderón en 33 y a Madrazo en 28, considerando a los votantes probables. Estos datos son casi idénticos a los del diario Reforma, que publicó una encuesta ubicando a AMLO en 29 puntos, a Calderón en 28 y a Madrazo en 21. La empresa Gauss, finalmente, reporta la más cerrada de las carreras, pues el margen entre el candidato perredista y el panista es de apenas 0.9%, es decir, 31.4% contra 30.5%, ubicando a Madrazo más atrás, con 27.1% de las preferencias reveladas.
El diario EL UNIVERSAL, que tan preciso ha sido en sus estudios de opinión pública, aún no reporta su dato más reciente, pero a nadie sorprendería que en el momento en que lo haga tenga que sufrir las furias de López Obrador y de sus seguidores.
Esto es así porque la respuesta del candidato perredista a lo que reportan todas estas encuestas ha sido intolerancia pura.
El mismo López Obrador, que se pavoneaba en sus encuestas mañaneras mostrando encuesta tras encuesta cuando le eran favorables, y diciendo una y otra vez que lo atacaban sus adversarios porque encabezaba las encuestas, ahora dice que se trata de manipulaciones y acusa a los medios de comunicación que las difundan y comenten de estar operando en su contra, de no ser veraces y de ser parte de un complot (¿qué otra cosa podía ser?). Aún peores que el propio AMLO han sido algunos de sus colaboradores. La crítica de María de las Heras, encuestadora de Madrazo, ha sido feroz, aunque ella misma presente estudios basados en metodologías muy heterodoxas. El caso del Federico Arreola, encargado de finanzas de AMLO, ha sido peor, porque él ha pasado de la crítica al vituperio, como suele hacerlo en sus entrevistas y en sus escritos, usualmente ayunos de argumentos y colmados de diatribas.
Las encuestas son instrumentos muy útiles de conocimiento. Son también oportunidad noticiosa. Mal haríamos en sobreestimarlas, pensando que sirven como pronóstico infalible de lo que ocurrirá, como hacía López Obrador cuando le mostraban encuestas favorables. Tampoco haríamos bien si no les prestáramos alguna atención. Las encuestas orientan el debate sobre los candidatos y los partidos. Ilustran sobre el estado de ánimo de la población. Son un indicador más de lo que pasa en la sociedad. Y como un buen pretexto para discutir a gusto la política. Sin enojarse, como hace Andrés Manuel. Sin denostar al mensajero.
Diputado federal (PAN).
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