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Un viaje a la poderosa Jerusalén

Es tan imponente que hace padecer un síndrome a los turistas. ¿Será verdad?
Barrio Judío, en la Ciudad Vieja de Jerusalén. (Foto: Istock)
Barrio Judío, en la Ciudad Vieja de Jerusalén. (Foto: Istock)
04/02/2018
00:00
Samantha Michelle Guzmán
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JERUSALÉN. — Al ritmo de tambores y clarinetes, una familia judía desfila por la calle celebrando un bar mitzvah, el día en que uno de sus integrantes varones, de 13 años, se vuelve un adulto. Bailan y avientan dulces en honor al festejado. Al mismo tiempo resuena una voz profunda cantando el adhan, el llamado a oración para los musulmanes, que se transmite por altavoces desde las mezquitas, cinco veces al día. Y muy cerca de ahí, un grupo de viajeros latinos camina hacia el Santo Sepulcro. En un rato, su parloteo se convertirá en lágrimas de emoción.

En Jerusalén, es imposible ser indiferente a la fe, pues parece estar presente en todo momento. La ciudad aloja sitios sagrados para el judaísmo, cristianismo y el islam.

No parece una metrópoli muy distinta a las ciudades occidentales, con tráfico, mercados pintorescos y restaurantes trendy frecuentados por jóvenes. Pero tiene cierto aire de misterio. No puedo definir si se debe al color terroso que predomina en sus edificios o al hecho de estar consciente de que estoy en un lugar con más de cuatro mil años de antigüedad.

El corazón de la fe
La Ciudad Vieja de Jerusalén me hace sentir insignificante. Al menos eso llega a mi mente mientras avanzo por sus calles de roca calcárea. A veces es abrumador pensar en la cantidad de culturas que aquí se han asentado y los personajes que han formado parte de ella.

Mi insignificancia crece conforme me acerco al Muro de los Lamentos o Kotel. Se trata del lugar más venerado por el pueblo judío, pues es el único vestigio que queda del Segundo Templo, el cual fue destruido por los romanos en el año 70 d.C. Esta construcción sustituyó al Templo de Salomón (o de Jerusalén), que resguardaba reliquias de esa religión.

Se dice que ambos fueron edificados en el Monte Moriá, donde, de acuerdo con el relato bíblico, Abraham estuvo a punto de sacrificar a su hijo Isaac. Esta historia es muy importante también para los musulmanes, por eso en el monte se levantó el Domo de la Roca, la enorme mezquita cuya cúpula dorada sobresale en el paisaje de la ciudad.

El sitio ha provocado numerosas disputas entre las dos creencias. Lo más simple es pensar en el conflicto como su aspecto más importante. Pero para los viajeros, significa mucho más.

Hay personas que cantan y arman una verdadera fiesta. Otras ni se inmutan del ruido, porque rezan con tanto fervor que parece no existir nada más a su alrededor. Algunos más solo observamos asombrados por la gama inmensa de emociones que se perciben en un mismo instante. Pocos lugares logran generar todo esto.

A simple vista, el Muro de los Lamentos no es muy extenso. En realidad mide 488 metros de largo, pero no podemos verlo en su totalidad porque está cubierto por otras construcciones. Lo primero que me aclaran es que, de preferencia, no debería llamarlo por ese nombre; no le molesta a nadie, pero lo más correcto es decirle Kotel, que significa Muro Occidental.
 

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Hay una barrera para que hombres y mujeres no recen juntos. Además, si eres un chico debes usar forzosamente un kipá, el pequeño tocado que usan los varones judíos.

La tradición dicta que en un papelito escribas un deseo y lo coloques en alguna de las ranuras del Muro. Con mucho cuidado introduzco el mío, ya que las rocas rebosan de peticiones. Dos veces al año se recolectan esas peticiones y se llevan a incinerar al Monte de los Olivos (a 15 minutos de la Ciudad Vieja).

Mi guía israelí, David, me cuenta que la costumbre de dejar papelitos se ha extendido a otros atractivos religiosos.

En el sitio se preserva un conjunto de túneles abiertos al público, que permite dimensionar mucho mejor lo que es el Kotel.

El bullicio de la Vía Dolorosa
Quien diga que no sintió nada al caminar por la Vía Dolorosa, miente. La estrecha calle que puede llegar a lucir bastante oscura, inyecta cierta solemnidad imposible de ignorar.

Así se le llama a la ruta que siguió Jesús, justo antes de ser crucificado. Ha sido explorada por los cristianos desde la Edad Media. Está compuesta por 14 estaciones o momentos vividos por Jesús durante su camino. La Iglesia de la Flagelación, donde fue condenado a muerte, es una de ellas, así como el lugar donde cayó por primera vez mientras cargaba la cruz. Algunos de los puntos están al interior de templos y otros son señalizados con letreros.

004destinos-jerusalen-israel-via_dolorosa.jpg (Foto: Istock)

No es precisamente un recorrido silencioso. En todo el camino encuentro locales repletos de souvenirs: cuadros que representan con pasajes bíblicos, rosarios, cruces de madera, playeras y llaveros. Necesito un poco de ayuda del guía para saber dónde comprar y cuánto desembolsar; si eres tímido o no sabes regatear, es probable que acabes pagando de más.

Las últimas cinco estaciones de la Vía Dolorosa se alojan en la Iglesia del Santo Sepulcro. Si tuviera que definir este santuario medieval en una palabra, sería “abrumador”. Su distribución no se parece a la de ningún templo donde haya estado. No tiene una nave principal ni filas de asientos, sino varias capillas con luz tenue. Una de ellas se asienta sobre lo que fue El Calvario, el lugar donde Jesús fue crucificado.

Recibe a fieles de cinco distintas ramas del cristianismo, como católicos y griegos ortodoxos. Hay rezos, diversidad en vestimentas y hasta expresiones que resultan muy ajenos a nuestro contexto.
 

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Cerca de la entrada de la iglesia está la Piedra de la Unción. Es el punto donde reposó el cuerpo de Jesús antes de ser sepultado. Los visitantes acostumbran colocar sus objetos religiosos sobre ella con la intención de ser bendecidos.

Una pequeña construcción, dentro del templo, resguarda al Santo Sepulcro. Para poder entrar por unos cuantos segundos, las filas suelen durar hasta tres horas.

En los confines de la urbe
No sufrir de vértigo es el único requisito para recorrer con éxito las murallas que delimitan la Ciudad Vieja. Hay dos rutas para disfrutar la panorámica y es posible descender en diversos puntos, cerca de los atractivos.

Mientras contemplamos los caminitos de roca desde las alturas, David da una explicación sobre un extraño trastorno que aqueja a algunos turistas. Se llama Síndrome de Jerusalén, y quien lo sufre se siente de pronto identificado con un personaje bíblico, al punto en que parece estar fuera de la realidad. Nos cuenta que una vez pudo atestiguar un caso en persona. Una chica colombiana que, de un día para otro, comenzó a hablar sola y a pedir dinero a los transeúntes. Nunca se recuperó, según él. Suena como una historia de miedo, pero no podemos evitar voltear a vernos unos a otros con recelo.

004destinos-jerusalen-israel-city_of_david.jpg (Foto: Ministerio de Turismo Israel)

Muy cerca de la Puerta de Jaffa, una de las siete entradas que las murallas ofrecen hacia la Ciudad Vieja, está el museo de historia Torre de David. En su ciudadela, que data de la Edad Media, se presenta uno de los mejores espectáculos en Jerusalén, el video mapping que cuenta la evolución de la ciudad. Poco me importa soportar el frío de una noche invernal al ver sus increíbles imágenes proyectadas en las ruinas.

Fuera de la Ciudad Vieja también hay espacios sagrados para el cristianismo. A cinco minutos se localiza Getsemaní, el último lugar de oración de Jesús antes de su detención. Los olivos de este huerto poseen más de dos mil años de edad. La gente recoge las hojitas que caen de los árboles para conservarlas como amuletos.

Entre los principales santuarios ubicados en los alrededores de las murallas, está el Sepulcro de María y la Abadía de Hagia María. En esta última, de acuerdo con la creencia cristiana, ocurrió la dormición de la Virgen: su tránsito hacia la inmortalidad.

004destinos-jerusalen-israel-santo_sepulcro.jpg (Foto: EFE/Abir Sultan)

Un nudo en la garganta
Al hablar de Yad Vashem, el complejo dedicado a mantener vivo el recuerdo del Holocausto, es necesario aclarar algo: visitarlo vale muchísimo la pena, pero no necesariamente es una experiencia placentera. Después de todo, parte de su objetivo es hacerte reflexionar sobre las atrocidades que la intolerancia y la manipulación son capaces de provocar.

El museo principal se concentra en la historia. Es un gran edificio de concreto en forma de prisma triangular. Su colección es impresionante: material interactivo para comprender el contexto de la época, testimonios en presentación multimedia y objetos de la vida cotidiana.

004destinos-jerusalen-israel-yad_vashem-museo-holocausto.jpg (Foto: Ministerio de Turismo Israel)

La última sala es un monumento a las víctimas asesinadas por el régimen nazi. Es una especie de domo tapizado por numerosos retratos. Alrededor del salón hay infinidad de libros acomodados en estantes, como en una biblioteca. Cada página de un libro está dedicada a una persona, menciona su nombre y una breve biografía. La intención es honrar su identidad. Es un proyecto que continúa en evolución, pues de los seis millones de fallecidos, solo se han registrado casi tres millones.

Lo que más se me queda grabado es el memorial para los niños judíos. En un pasillo en penumbra se distinguen miles de puntos luminosos que simulan estrellas.

En el camino, todo el tiempo se proyectan fotografías y una grabación menciona sus nombres. “Traten de memorizar el rostro de al menos un niño, y dedíquenle una oración esta noche”, dice la guía.

Los sabores de Jerusalén
En Israel no hay comida típica como tal; los platillos más famosos tienen origen árabe. Probar el famoso falafel es básico: bolitas de garbanzo que se acompañan con distintas salsas y ensaladas. Asimismo, es socorrido el shawarma, carne de cordero (o pavo, que es menos caro) que se cocina en un trompo y se sirve en un pan de pita. Parece mezcla entre una gordita y taco al pastor, pero el sabor tiene encanto propio.

004destinos-jerusalen-israel-falafel.jpg Church of All Nations (Foto: Istock)

Jerusalén también crea cocina de autor. Para muestra está The Eucalyptus, un local cuyo chef se inspira en los tiempos bíblicos para sus creaciones. Y Adom, un restaurante con atmósfera hipster, especializado en platillos mediterráneos, sobresale por su amplia carta de vinos.

Si te gusta más probar un poco de todo, lo mejor es visitar un mercado tradicional, como Mahane Yehuda. Reúne comida callejera, dulces provenientes de Medio Oriente, cervezas artesanales y toda clase de especias.

Prepárate para pensar cada 10 segundos que la gente se está peleando; los israelíes hablan fuerte y el efecto se agudiza cuando hay muchos comercios cerca. Hay una escena curiosa: una novia posa durante una sesión de fotos en pleno mercado, carcajeándose con sus damas. Porque así como hay lugar para la solemnidad, están las anécdotas bizarras y las muestras espontáneas de entusiasmo.

004destinos-jerusalen-israel-mercado.jpg (Foto: Istock)

GUÍA DEL VIAJERO
Cómo llegar
Debes aterrizar en la ciudad de Tel Aviv y de ahí trasladarte a Jerusalén, a una hora. Por medio del metabuscador Kayak encuentras vuelos redondos desde 17 mil 44 pesos por persona, haciendo una escala en Ámsterdam.

Dónde dormir
Hotel Inbal Jerusalem. A 10 minutos en auto de la Ciudad Vieja. Cuenta con spa, gimnasio y alberca. Ofrece habitaciones desde 280 dólares por noche, en ocupación doble.
www.inbalhotel.com

Guía
David Hefets es un guía que habla español perfectamente, y puede diseñar tus tours de manera personalizada. Escríbele a [email protected]

Clima
En temporada invernal, la temperatura promedio es entre 10° C y 20°C, pero la sensación térmica es más fría.

Tipo de cambio
La moneda oficial es el nuevo shéquel. Un dólar equivale, aproximadamente, a tres shéquels, y un shéquel equivale a cinco pesos.

Cuánto cuesta una comida
En los sitios turísticos, una comida sencilla (falafel o un shawarma, con un refresco) te puede costar alrededor de 50 shéquels.

Idioma
La lengua oficial es el hebreo, pero también se habla el árabe. Como turista, puedes comunicarte sin problema en inglés con los locales.

Horario
Jerusalén está ocho horas adelantada, con respecto a la Ciudad de México.

Vestimenta
Para entrar a los templos, debes tener cubiertos los hombros y las piernas.

Voltaje
Necesitarás un adaptador para poder conectar tus aparatos (en algunos hoteles te los prestan). La entrada del enchufe es europea. El voltaje es de 220V, lo cual por lo general no representa un problema para cargar tu smartphone, laptop o cámara. De cualquier manera, lo más recomendable es revisar su instructivo antes de conectarlos.

Sitio web de turismo  new.goisrael.com

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