Paseos ilegales por las catacumbas prohibidas de París

Hacen fiestas allá abajo. Pero si te atrapan, la multa te saldrá en 60 euros
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París esconde un red de rutas subterráneas con cerca de 300 km de corredores y grutas. (Foto: Istock)
03/04/2018
21:13
GDA / El Mercurio Chile
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Las catacumbas de París conforman un oscuro laberinto de túneles y cavernas, las cuales existen a solo unos metros bajo las calles de la ciudad. Parte de este circuito subterráneo está abierto al público y es un gran atractivo turístico, pero esa sección es solo la punta del iceberg.

Hay una infinidad de otros pasajes -hasta el momento se han contabilizado 30 kilómetros de pasadizos- los cuales se interceptan y separan bajo el centro de la Ciudad Luz, llegando incluso hasta los suburbios. Cada fin de semana, los caminos prohíbidos reciben una pequeña pero constante cantidad de visitantes, quienes se autodenominan como los "cataphiles" (amantes de las catacumbas).
 

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Muchos corredores subterraneos tienen nombres de calles, que por lo general son los que están en la superficie. Es un mundo lleno de polvo, barro y partes inundadas, que sin luz proporciona un silencio especial. Una quietud difícil de replicar. En el pasado las catacumbas fueron las canteras de la ciudad. Desde este lugar se extrajeron las rocas que dieron forma a hitos como el Museo de Louvre y la Catedral de Notre Dame.

A finales del siglo XVIII algunas de las canteras se convirtieron en el Osario Municipal de París. Millones de huesos de cadáveres fueron trasladados a estos compartimientos subterráneos por motivos sanitarios y urbanísticos. Se quería desocupar los cementerios para evitar infecciones y tener más superficie para expandir la ciudad. El traslado de las últimas osamentas se realizó en 1859 y, desde entonces, los túneles mortuorios han atraído a cientos de curiosos. Sin embargo, en el resto de las catacumbas -sin huesos ni turistas- la entrada está prohibida.

catacombs_of_paris_oki.jpg (Foto: Istock)

En esta sección se encuentran algunos trechos amplios donde se puede caminar sin problemas. Pero también hay partes inundadas o muy angostas, y algunos agujeros se extienden por cientos de metros y que fácilmente se pueden convertir en una pesadilla claustrofóbica. La temperatura promedio en estos pasadizos oscila los 15° centígrados.

Los cataphiles pueden dividirse en dos categorías: los profesionales, que bajan a las catacumbas para explorar y cartografiar la infinidad de corredores y grutas, y los visitantes ocasionales, que solo bajan de vez en cuando para disfrutar de una velada relajada. Estos últimos no se alejan tanto de las salidas y más que recorrer el lugar, se dedican a socializar y hasta organizan fiestas clandestinas.
 

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El acceso a las catacumbas está prohibido desde 1955, lo cual explica por que los cataphiles son jóvenes que huyen del mundo de la superficie y sus normas.

La mayoría de sus visitantes están muy conscientes de que durante sus exploraciones tienen que ser muy cuidadosos y mantener ciertos niveles de seguridad. El concepto de pasear por catacumbas puede sonar muy romántico, pero además de que esta actividad es ilegal, la verdad es que los peligros no son pocos. Los profesionales recorren la zona con cascos de linterna, botas de goma, mapa (que no es oficial pero es creado por los propios cataphiles).

Muchos de los visitantes han tenido accidentes y han quedado varados sin poder comunicarse con el mundo exterior. Los adolescentes son los más propensos a perderse y quedar aislados, incluso por días, sin abastecimiento de agua ni comida.  Es por esto que la policía francesa creó una unidad especial, la cual es llamada coloquialmente "Cataflics". Si la policía atrapa a alguien en las catacumbas lo escolta a un lugar seguro en la superficie y lo multa con 60 euros.

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