​El pueblo donde se tejen los rebozos más bonitos de México

Son tan finos que pueden pasar a través de un anillo
Arturo Estrada, maestro artesano. (Foto: Alan Carranza/ El Universal)
Arturo Estrada, maestro artesano. (Foto: Alan Carranza/ El Universal)
08/10/2017
19:04
Samantha Michelle Guzmán
-A +A

[email protected]

Un rebozo de seda de Santa María del Río es tan fino que puede pasar a través de un anillo. Pero la prenda dista mucho de ser simple. Elaborarla implica seguir al pie de la letra un proceso de 200 distintos pasos, que se puede extender hasta cuatro meses. Ese tejido trama las experiencias, ideas y sueños de su creador. Expresa una tradición que ha transcurrido entre generaciones desde tiempos de la Nueva España.

Esta es una de las obras artesanales emblemáticas de San Luis Potosí.

El municipio donde se produce, Santa María del Río, y Tierra Nueva, donde se elaboran sombreros de palma, forman una pequeña ruta de pueblos artesanos. Si visitas la capital potosina, inclúyelos  en tu  itinerario de viaje para adquirir una pieza y conocer su confección.

La cuna del rebozo
La Casa del Artesano, en el centro histórico de Santa María del Río (a 50 minutos de la ciudad de San Luis), es un punto de encuentro de  28 creadores. A la comunidad se le llama la “cuna del rebozo”, dice Arturo Estrada, maestro artesano. La razón: es el único sitio del país donde se utiliza la mejor seda del mundo para su elaboración. Esa fibra proviene de China. Esto no quiere decir que sea “rebozo chino” ni malinchismo, sino una cuestión de reconocimiento por parte de los trabajadores, quienes deben adaptarse a las necesidades de su obra.

Esta costumbre viene de generaciones atrás; en el pasado la materia prima llegó de países como India y Japón.

Parece muy fácil reconocer un rebozo de seda, pues basta sentir la tela deslizarse suavemente por tus dedos. Pero hay otra forma de identificar su autenticidad: la seda adquiere colores crudos, de apariencia natural, y es imposible darle una tonalidad totalmente blanca; la artisela o seda artificial, sí tiene matices brillantes y blancos absolutos.
Solo los artesanos conocen a fondo los 200 pasos de elaboración. Arturo los resume en aproximadamente seis procesos, con el fin de explicarlos a sus visitantes. Uno de los más importantes es el jaspe:  una técnica de pigmentación que consiste en utilizar amarres en los hilos para “bloquear” las zonas que no se pintarán, y de esta manera formar figuras. Estrada relata que, en un evento realizado en Londres, se reunieron 27 países que recurrieron a esta técnica, entre ellos  Indonesia y Turquía.
 
Se han identificado 10 patrones de rebozos típicos y diseños “de innovación”, explica Arturo. Los segundos son aquellos donde se manifiesta más la creatividad del autor, por lo que el precio se incrementa. Una pieza tradicional puede costar  seis mil pesos,  y hacerla tarda un mes.
Arturo relata que el rebozo más caro que ha hecho costó 32 mil pesos. Fue una edición especial del Bicentenario, donde debía hablar sobre la historia de México a través de un fondo y una greca. Esta  obra le tomó ocho meses.

Hace algunas semanas, el artesano presentó un trabajo en el Museo Textil de Canadá, donde actualmente se exhibe. Es una pieza inspirada en las auroras boreales.

Visita la Casa del Artesano: www.elrebozo.gob.mx

La tierra de los sombreros
En el municipio de Tierra Nueva, solo existe un taller  que  produce sombreros de palma. Se llama Palmoro Hats. Parece un negocio que se le ocurrió a alguien espontáneamente, pero preserva una tradición que se originó  en 1854.

Es fácil perderse entre las decenas de modelos  de sombreros que adornan este local,  a una hora y  15 minutos de la capital potosina.

Parece una tarea imposible nombrar cada variedad correctamente. Quienes no estamos familiarizados, solo enlistamos los propósitos para los que imaginamos que los usaríamos: para la playa, de vaquero, para una excursión...

Mientras mi vista se pierde entre las formas de estos accesorios, María del Rosario,  administradora  del taller, me explica por qué esta localidad es “la tierra del sombrero de palma”, siendo un lugar árido. Fue un sacerdote, Miguel de Jesús Mendoza, quien introdujo este oficio, pues los ganaderos y agricultores no podían subsistir cuando había sequías. Su familia conocía el proceso porque provenía de Michoacán, otro de los lugares donde se produce el sombrero.

En Tierra Nueva se comenzó a usar un tipo de palma originaria de la Huasteca Potosina.

El método de confección que se usa en Palmoro Hats es el mismo desde hace unos  80 años, cuando se introdujo la máquina de coser en el proceso. Cuatro generaciones de la familia propietaria se han dedicado a la producción de sombreros. Aunque en el taller hay algunos empleados fijos, su elaboración es prácticamente una actividad comunitaria: mil familias participan en el trenzado de las hojas de palma (uno de los primeros pasos de la producción).

Señoras van y vienen todos los días con materia prima; algunas se dedican por completo a esta actividad y otras lo ven como un hobbie.

Cuando visitas el taller, lo mejor es pedir que te personalicen un sombrero. Al elegir un modelo, te das cuenta de lo poco que sabes sobre el tema: cómo distinguir entre una pieza de hombre y otra de mujer, que la talla se determina de acuerdo al número que calzas. Al final, eliges  el listón o detalle que agregarán a la pieza. Precios: entre  100 y 120 pesos.
Facebook: Palmoro Hats. 

Mantente al día con el boletín de El Universal

 

COMENTARIOS