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| Saltan la alegría y la amargura |
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Abraham Guerrero G.
El Universal Domingo 26 de noviembre de 2006 |
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La plana mayor tapatía pasa del sufrimiento al éxtasis, ante el desconsuelo de los cementeros, por otro fracaso más
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Los contrastes entre el ganador y el perdedor tuvieron un alcance mayor al del simple espectador. Alegría y amargura al estilo directivo. Desde un palco con lujo de comodidades. Con un montón de elementos de seguridad. Con el manos libres del celular apagado para no perder detalle, mucho menos ser molestado. Jorge Vergara y Guillermo Álvarez tuvieron una tarde diametralmente distinta. Al dueño del Guadalajara le era difícil ver el partido. No por nervios, esos parece no conocerlos, sino por la gran cantidad de aficionados rojiblancos que se le acercaron para solicitarle un autógrafo. Para Billy, como le dicen de cariño, las butacas de atrás de su palco fueron el mejor refugio para esconderse de un fracaso más. Acompañado por su hija, el presidente de La Máquina vio descarrilarse los vagones celestes. Con los ojos rojos de coraje, no tuvo más, que sumarse a la amargura de los miles (y aún así superados en número) de aficionados cruzazulinos. Mientras Álvarez se escondía en las sombras del desencanto, a Vergara lo iluminaban los gritos de la barra rojiblanca. Acompañado por sus directivos de confianza, Néstor de la Torre y Juan José Frangie, el dueño del chiverío tuvo un segundo tiempo más relajado y pudo disfrutar del juego. Parecía que el Guadalajara era el local. Había playeras rojiblancas por todos los rincones del estadio Azul y hasta en el prestigioso palco que un grupo de albañiles construyeron en la azotea de un edificio cercano. Chivas por doquier. Vaya carnaval el que armaron desde antes del inicio del encuentro, seguros de tener un pie en la siguiente ronda de la Liguilla. Igual de seguros que su pastor, Jorge Vergara, quien unos minutos antes de que finalizara en el encuentro, y con todo resuelto, abandonó el estadio en compañía de su familia. "Nos hicieron sufrir, soltamos muchos balones, dimos mucha chance, pero ahí esta la calidad del equipo", inició Vergara una breve charla antes de partir. Lo que siguió bien podría ser considerado una muestra de soberbia, pero dicha posibilidad queda descartada al ser el dueño de las Chivas el mismo de siempre, toda vez que habla de la posibilidad de campeonar. "Está claro (que el Guadalajara será campeón), va a ser difícil pero la casta está bien puesta", comentó. "Al que venga nos lo vamos a echar", agregó a unos metros de la salida. Luego, se perdió entre la oscuridad de las calles la colonia Nochebuena. Para abandonar su palco, Guillermo Álvarez se tomó algunos minutos. Pero apenas puso un pie en el pasillo, un fuerte dispositivo de seguridad lo rodeó para escoltarlo hasta el vestuario de su equipo. Un recorrido que cada seis meses se hace más pesado, desde el último campeonato azul en el Invierno 97. Álvarez no tenía que hablar para mostrar la frustración por la derrota. El desgaste emocional lo llevó a caminar con la mirada fija sobre el suelo. Se fue directo al vestuario de Isaac Mizrahi -y su conexión con el de los jugadores-, en donde estuvo alrededor de 20 minutos. Quizá, para descargar la amargura. Y al final, sólo pudo expresar que en el cotejo de vuelta hubieron "cosas rescatables".
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