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| Un matiz de azul a rojiblanco |
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Daniel Blumrosen Juárez
El Universal Domingo 26 de noviembre de 2006 |
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El Guadalajara cambia su estilo de juego en la segunda mitad y sufre de más, pero el haber anotado primero, un error arbitral y la ineficacia celeste le permiten salir avante
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No hubo un solo jugador del Guadalajara que levantara los brazos en señal de triunfo cuando el árbitro Manuel Glower dio el silbatazo final. La patética demostración de la última media hora y la "manita" del juez central en la primera parte no dejaron del todo contentos a los elementos de las Chivas, pese a que rescataron un empate (2-2) en su visita al Cruz Azul para clasificar a semifinales. Los tapatíos confirmaron que defenderse no es lo suyo, no son un equipo diseñado para ello. Ayer lo intentaron y se vieron torpes, sin confianza, como un niño que apenas empieza a caminar. Pero la escandalosa falta de contundencia de La Máquina, los errores arbitrales y el oportunismo de sus goles los sacaron a flote. Y es que jugando así les alcanzará para poco, sea quien sea su rival en la siguiente estancia. Eso explica los resoplidos de Oswaldo Sánchez y sus compañeros cuando la clasificación se oficializó. El capitán del Rebaño Sagrado sabe que jugó la segunda mitad por cortesía de Glower, quien volvió a ser determinante en favor de los rojiblancos en un partido de Liguilla. Más allá de si el árbitro silbó o no cuando el portero del Guadalajara trompicó a César Delgado, acción que derivó en el gol de Richard Núñez (44´), Oswaldo tuvo que ser expulsado, ya sea de forma directa o por una segunda amonestación. Sí, el Cruz Azul consumó el transitorio empate a una anotación, pero el escenario para el complemento hubiera sido diametralmente opuesto con las Chivas sin su mejor hombre en el campo. Eso, sin tomar en cuenta que el primer tanto tapatío no tuvo un origen completamente nítido. Los pies de Salvador Carmona y Omar Bravo se enredaron, pero la jugada estuvo en el límite de la legalidad. Justo cuando la presión celeste parecía estar a punto de surtir efecto, el Rebaño Sagrado se encontró con un gol (38´) que no esperaba, que no había trabajado, que no merecía. Durante algunos partidos, como ante el San Luis y los Jaguares de Chiapas, el Guadalajara dejó en claro que defender un resultado puede representarle el suicidio. No obstante, José Manuel de la Torre se aferró a la idea y sólo la ineficacia de Miguel Sabah lo salvó. Porque La Máquina tuvo diversas oportunidades durante los 30 minutos finales, ésos en los que los rojiblancos renunciaron al ataque, ésos en los que el quintanarroense se perdió el gol más dulce de su vida. En cambio, abandonó la cancha con un amargo sabor de boca, con un nudo en la garganta, lleno de la misma frustración que acompañó a Bravo cuando el Chepo decidió sustituirlo con casi media hora por delante. El ariete del Rebaño Sagrado no está acostumbrado a ver a su equipo agazapado y lleno de angustia en pos de la obtención de un resultado. Por eso le levantó la voz a De la Torre y su auxiliar, Juan Carlos Ortega. Parecía como si el objetivo era complicarse la situación hasta el límite. Las Chivas confirmaron que, cuando atacan, pueden hacerle daño al que sea. Les bastaron tres minutos tras la reanudación para comprobarlo, pero su técnico optó por el sufrimiento, por darle la iniciativa a un Cruz Azul que luchó hasta el final, pero las heridas sufridas en 135 minutos ya eran demasiado profundas.
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