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| Persona “non grata”: Lance Armstrong |
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Redacción y agencias
El Universal Viernes 03 de julio de 2009 |
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La hazaña de ganar el Tour siete veces se vio opacada al revelarse, según el diario L’Equipe, que dio positivo de EPO en seis pruebas
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MÓNACO.— Si por cada una de sus siete victorias en el Tour de Francia, Lance Armstrong pudiera ganar también el corazón de los franceses, la hazaña del ciclista estadounidense tendría otro sabor. Un pedalista vestido de amarillo, con el rostro desencajado y la mirada absorta, escala con saña una empinada montaña. Es la foto del entonces último ganador del Tour, apenas unas semanas tras su triunfo en París. Pero al pie de la imagen, que ocupa toda una página a todo color, se lee: “Las mentiras de Armstrong”. Así tituló, en gruesos caracteres, el diario francés L´Equipe el 24 de agosto de 2005, apenas un mes después de la histórica séptima victoria consecutiva de Armstrong en el Tour, su última carrera antes de retirarse. Los periodistas de L´Equipe habían conseguido mediante una treta el número de código de los protocolos anónimos de los controles antidopaje del laboratorio de Chatenay-Malabry. Por encargo de la Agencia Mundial Antidoping (WADA) el prestigiado instituto había analizado las pruebas de orina congeladas después del Tour de 1999. El resultado constató huellas de EPO en seis pruebas. El diario publicó el desenlace de un supuesto dopaje por parte de Armstrong que se dividió en tres fases, tras su primera victoria en el Tour: antes de la salida para un fuerte prólogo y antes de la novena y décima etapa en los Alpes y en los Pirineos. El mito del paciente recuperado de cáncer, vencedor de la carrera más dura del mundo a los dos años del diagnóstico, se destruyó de un golpe. Francia desató su furia en contra del estadounidense que había ganado un evento nacional. Varios periódicos hablaron del “probablemente mayor fraude deportivo de la historia”. Pero el texano se defendió, negó y sigue negando haberse dopado jamás y eludió consecuencias jurídico-deportivas esgrimiendo como argumento los estatutos de la WADA: “sin prueba positiva B no hay acusación”. Las seis botellitas abiertas posteriormente fueron las pruebas B del año 1999, después de que las pruebas A, dieran negativo. Armstrong no olvidó jamás aquel golpe del anfitrión L´Equipe —publicado por la editoral de ASO, la empresa organizadora del Tour—. Pese a ello se presenta de nuevo, motivado por su insaciable hambre de triunfo que lo hará colaborar a favor de Alberto Contador a conseguir su segundo triunfo en el Tour, o para demostrar que aún puede ganar bajo los más estrictos mecanismos de control antidoping. De cumplirse los deseos de Pierre Bordry, jefe de la Agencia Antidoping Francesa (AFLS), o del antiguo director del Tour, Patrice Clerc, Armstrong se hubiera quedado en casa. Bordry le ofreció a Lance —previo al arranque del Tour del próximo sábado— realizarse una nuevo examen retroactivo al de las pruebas de 1999, esta vez bajo la supervisión del ciclista. Armstrong declinó la oferta.
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