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| Más que ‘Made in China’ |
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Cinthya SánchezEnviada
El Universal Miércoles 20 de agosto de 2008 |
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cinthya.sanchez@eluniversal.com.mx BEIJING.— Antes de venir a Beijing, lo único que sabía de China es que todas mis playeras decían en la etiqueta “Made in China”. Pensaba que la gente comía perro en caldo, que los chinos eran igualitos físicamente, que comían arroz todo el día, que la gente se quitaba los zapatos al entrar a cualquier lugar. Que el mandarín era imposible. Que vería a los mil 300 millones juntos. Después de estar en Beijing por casi 40 días, sé que China no es nada de lo que me imaginaba. Que no son igualitos, e incluso, después de saludar a diario al botones del hotel, sabes que son tres diferentes y cuál de ellos es el que está cubriendo el turno. El arroz es importante, pero no lo más. Que el perro es una leyenda urbana, porque al menos en Beijing, no lo ofrecen en los platillos. Y que nunca aprenderás chino, pero que con el tiempo, los nombres de las calles te suenan familiares, pues comienzas a decir una que otra palabra bien orgulloso, porque te la sabes. Pero lo que más se aprende es el verdadero significado de “Made in China”, no todo lo chino está mal hecho. Para empezar, los chinos generalmente, y no me atrevo a decir que todos, por temor a equivocarme, son generosos, organizados, obedientes, respetuosos. Mucho de lo hecho en China es de buena calidad. Y aquí no queda otra cosa que decir, pues estamos ante la mejor cara de los chinos, la de los Juegos Olímpicos, la de un Beijing que fascina. Que sorprende. Cuando piensas que ya los has visto todo, una nueva forma de vida se presenta. Si caminas a las cinco de la mañana, unos minutos antes de que salga el sol, en una zona no muy turística, los chinos ya están preparando sus guisos, recuerdan a los señores que se levantan a preparar la barbacoa o la pancita en domingo. Son súper curiosos y nada discretos. Les encanta todo lo que brilla o tiene foquitos. Son amigables, te quieren resolver cualquier problema aunque no te entiendan. Sus olores, sus sabores y sus formas son completamente diferentes a las nuestras. Cada calle, cada esquina comunica una partecita de China. Sólo basta sentarse y observar.
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