Vivió estrujante niñez

El Universal

Martes 05 de agosto de 2008

A los cuatro años incendió su casa y fue mandado a un orfanato para su adopción

WASHINGTON (Reuters).— El camino a los Juegos Olímpicos de Beijing no ha sido sencillo para el estadounidense Reese Hoffa, campeón mundial de lanzamiento de bala cuyo espíritu alegre y sonrisa dulce ocultan una infancia teñida de ansiedad, temor e incertidumbre.

Todo comenzó a los cuatro años, cuando Hoffa incendió su casa y fue recluido en un orfanato. “Cuando te sucede algo así en la vida, queda sellado en tu memoria”, relató el atleta de 30 años.

“No te olvidas nunca. Vives creyendo que fuiste dado en adopción porque incendiaste tu hogar. Definitivamente te echas la culpa”, explicó.

Desde entonces, Hoffa ha vencido todos los pronósticos al graduarse en la Universidad de Georgia y convertirse en campeón mundial de lanzamiento de bala. Ahora espera subir a lo más alto del podio olímpico.

“He tenido una infancia muy interesante, que me ha hecho una persona muy decidida y motivada”, dijo. “Si en efecto gano la medalla dorada, será definitivamente la cereza del pastel”.

Hoffa es el favorito para ganar en su especialidad en los Juegos de Beijing y regresar a su hogar en Atenas, estado de Georgia, cubierto de gloria.

Sin embargo, una victoria olímpica nunca borrará el recuerdo del día en que él y su hermano prendieron fuego a las cortinas de su casa en Kentucky mientras jugaban con un encendedor, y la consecuencia de ser internado en un orfanato.

El pequeño Reese no había advertido qué estaba sucediendo cuando su familia se desmembró. “Mi mamá me dio un abrazo y bajó las escaleras”, recordó Hoffa. “Tres personas me siguieron, me agarraron y me metieron en el orfanato. Yo preguntaba: ‘¿Qué está sucediendo? ?Por qué se está yendo mi mamá?’”.

La mujer regresó tres días después y el niño creyó que se reunirían de nuevo. “Pero en lugar de darme un abrazo, me dijo que fuera a una habitación y jugara. Después de unas horas me di cuenta de que se había ido nuevamente. Y que me estaban separando de mi hermano”, evocó.

El joven deambuló por varios orfanatos antes de ser adoptado por la familia Hoffa. Rápidamente fue introducido en una sólida ética de trabajo duro.

“Los Hoffa eran puristas de la educación. Yo no sabía cómo deletrear mi nombre, no sabía contar, leer ni nada. A los cinco años era básicamente una hoja en blanco. Me decían: ‘Si no obtienes buenas calificaciones, no podrás hacer deporte’. Pasé gran parte de la escuela primaria quedándome en casa y estudiando”, recordó.

El estadounidense, quien al término de su carrera tiene intenciones de dedicarse a visitar orfanatos para trabajar con niños, afirmó que le gusta “aprovechar al máximo cada día, porque hoy estoy viviendo un sueño. Puedo viajar por el mundo lanzando la bala y ganar dinero por ello, para mí y para mi esposa”.



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