Perenne su amor azul y oro
José Ángel Parra
El Universal

Viernes 13 de junio de 2008



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Luego de experimentar un descenso en el Atlas, Ricardo Tuca Ferretti encontró pronto las mieles del éxito, enfundado en los colores auriazules.

“En 1980-81 tuvimos una revancha contra Cruz Azul, ganamos el título y de ahí empecé a tener ese enamoramiento con la Universidad”, rememora.

Después, en 1985, la renovación de Pumas obligó a que El Tuca emigrara. “No me quería ir, pero así eran las reglas. Con el tiempo, volví. A los 36 ó 37 años de edad, vine como auxiliar de Miguel (Mejía Barón). Él me solicita, pero por circunstancias vuelvo a jugar, en contra de lo que pensaba el ingeniero (Aguilar Álvarez), porque en ese entonces, ningún jugador había regresado. Yo fui el primero”, relata.

El retiro futbolístico fue soñado, en el año que pensaba iniciarse como auxiliar. En la final contra el América (1990-91) conquistó el gol que valió la corona.

“Ese título marcó mi vida, porque con este gol, te juro que no era para haber terminado 1-0. Hubo más oportunidad de nosotros, que del América, y quedó como película gringa. Llegas desechado y terminas como héroe, pero el héroe fue sinceramente el equipo”, comparte Ferretti, con la camisa felina bien adherida al cuerpo.



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