Henin: juego, set y partido
Redacción y agencias
El Universal

Jueves 15 de mayo de 2008

La belga, número uno del mundo, se cansó del tenis, de triunfar y acaba harta de los sacrificios que exige el deporte blanco. Prometió a su madre ganar Roland Garros y lo hizo cuatro veces. Divorciada en 2007, tuvo su mejor año

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BRUSELAS.— “Ahora empieza mi vida como mujer”, fue el epitafio que puso la belga Justine Henin a su carrera como tenista, a los 25 años, y al mismo tiempo el anuncio de la nueva etapa que comienza ya sin la raqueta en la mano.

Henin, primera jugadora de la historia que deja el tenis desde lo más alto del ranking mundial, acaba harta de los sacrificios de un deporte que le exigió desde que era niña.

“Es como si hubiera vivido tres vidas”, dijo. Sigue un camino que ya emprendieron la suiza Martina Hingis o la también belga Kim Clijsters.

A la reina del tenis mundial se le acabó la pasión que decía sentir por el tenis. “Amo estar en la cancha, ése es mi trabajo”, dijo en noviembre de 2006.

Ante sí tenía el mejor año de su carrera. En 2007 logró nueve títulos, entre ellos su cuarto Roland Garros, y fue la indiscutible número uno.

“Puedo comenzar una vida a los 30”, decía hace año y medio. Pero Henin se cansó ya del tenis. También de ganar.

Alejada del glamour adolescente que rodea al tenis femenino, para Henin, de apenas 1.67 metros de altura, figura frágil y de carácter voluble y tímido, no había distracciones. Estaba ella, la cancha, la red, la pelota y la rival. Punto.

“Lo más importante es lo que sucede en la cancha”, decía la belga, que a falta de belleza y marketing ofrecía una tormentosa vida personal como atractivo más allá de su perfecto revés a una mano.

Su madre, a la que prometió que ganaría alguna vez Roland Garros (y lo hizo cuatro veces), falleció cuando ella era una niña. Tras una tormentosa relación con su padre, se habían acercado y sus tres hermanos ya la vieron levantar en directo el último trofeo en París en 2007.

“Quiero estar más tiempo con mi familia”, dijo, queriendo quizás recuperar el tiempo perdido.

También podrá rehacer su vida sentimental, después de que en enero de 2007 se separara de su marido, Pierre-Yves Hardenne, de forma misteriosa tras una tormentosa relación. El matrimonio en 2002, cuando Henin sólo tenía 20 años, ya nació rodeado de misterio.

“Sicológicamente ella necesitaba conseguir algo por sus medios. Todo el mundo estaba en contra del casamiento”, recordó su entrenador, el argentino Carlos Rodríguez, que dirige su carrera desde que Henin tenía 11 años.

Ya sin Pierre-Yves a su lado y sin el apellido Hardenne tuvo en 2007 su mejor año. Para alegría de Rodríguez, más que un entrenador.

Lo nuestro es mucho más que una relación profesional. A veces te encuentras con gente en tu vida, son momentos que se dan pocas veces, momentos en los que te das cuenta de que ésa es la persona adecuada. Es una gran aventura la que estamos viviendo con él. Sentimos que crecimos juntos”, dijo.

Las reacciones a nivel mundial no se hicieron esperar tras el retiro.

“No conozco los detalles pero pienso que si ha tomado esta decisión es porque será lo mejor para ella. Le dedico mis oraciones y le deseo que tenga la vida que ella quiera” , dijo Venus Williams.



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