BARCELONA (EFE).— Frank Rijkaard, quien dirigirá hoy ante el Mallorca su último partido como entrenador del Barça en el Camp Nou, se despidió sin rencores. A pesar de que el presidente Joan Laporta lo señaló como único responsable de la situación deportiva, el holandés no quiso entrar en polémicas y dijo que había sido “un gran honor” para él haber dirigido al Barcelona.Quienes esperaban que Rijkaard pronunciara una palabra más alta que otra, se equivocaron. El técnico mantuvo en todo momento la calma.
Quitando trascendencia a lo ocurrido, Rijkaard admite que se va del Barça por “los mecanismos del futbol”, por la lógica aplastante de este deporte. En todo momento, el holandés asumió su responsabilidad en el éxito y en el fracaso y admitió que se sentía “algo nervioso” ante su despedida del Camp Nou.
“Nunca me ha gustado demasiado centrar la atención”, insistió Rijkaard, quien vestía una polo de color azul con un corazón en el pecho y la leyenda “amor”, toda una declaración de intenciones para lo que expresó después ante los periodistas.
No tuvo ni un solo reproche para sus jugadores ni tampoco para la junta directiva de Laporta. Asegura que no le han dolido las formas en su despedida —la prensa publicó antes de que él lo supiera su adiós del club y la llegada de Josep Guardiola—, y recalcó que lo que realmente le importa son “las cosas bonitas” que ha vivido. “Estoy muy tranquilo en todos los sentidos. Siempre he querido lo mejor para el club, el equipo, los jugadores, y los socios, pero siempre hay gente que quiere opinar (en otra dirección)”.
Afirmó que no tiene planes sobre su futuro y aseguró que la gente que va a trabajar para el Barça le merece todo su respeto. En cuanto a Guardiola, Rijkaard comentó que lo conoce poco. “Lo respeto mucho. Puede hacer un gran trabajo, es un hombre de la casa, pero no puedo decir más”.