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Y además... volvió la afición

Cerca de 80 mil seguidores del América asistieron al Azteca con mucha esperanza
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José Ángel Parra
El Universal
Jueves 03 de abril de 2008

jose.parra@eluniversal.com.mx

Como si no bastara tanta opacidad americanista para alejar a los espíritus amarillos, éstos retornan al escenario Azteca envueltos en una mezcla de esperanza y morbo.

Rostros duros, compungidos, alientan sin embargo al indeciso plantel amarillo, de inicio con miedos e indecisiones, pero el júbilo se apodera de los fieles al ver la garra mostrada en la segunda mitad.

No es raro, de inicio, ver a Germán Villa perder balones inocentes. Tampoco sorprende cuando Guillermo Ochoa suelta un balón que termina en gol o después se pasa, temeroso, ante un centro que descolgaría con estilo bajo otra circunstancia.

Roto por las lesiones, Cabañas, el salvador del América, aguarda en la banca. Mientras, Richard Núñez, cercano a él, es al único que los fanáticos emplumados no quisieran ver calentar sobre la banda.

La rápida ventaja de las Gallinas, transformadas en gavilanes, apaga la intensidad de la de por sí resignada afición azulcrema. Pero conforme transcurren los minutos, empuja y convence a los amarillos de que es posible volver a soñar.

Así lo hace Diego Cervantes, en una maniobra defensiva que arranca aplausos de la multitud, superior a las 80 mil gargantas.

“¡Ves cómo sí saben..!”, grita alguien por ahí.

Y el contagio pasa por los pies del More Mosqueda, capaz de sacudir el poste derecho de Carrizo.

“¡Vamos... vamos América, que esta noche tenemos que ganar!”, clama la tribuna y el centro del Kevin Rojas encuentra al joven ex preolímpico, Enrique Esqueda, quien peina en busca del ángulo, hasta que finalmente consigue un tanto alentador.

Las pantallas gigantes captan a Salvador Cabañas en pleno calentamiento. Imagen que enciende a una tribuna que ya vibra con el despertar azulcrema.

La porra se entretiene con la quema de banderas del River Plate, hasta que se topan con la oportuna reprimenda de los “¡…uleros!” uniformados.

Al tiempo que la desesperación llega al éxtasis, los tragos amargos de cebada contribuyen a la euforia por la reacción americanista.

Lo pasado no importa. Hay al menos un reflejo de mejoría: el regreso de la fiel y ahora sufrida afición azulcrema, que premia la tristeza inicial con gritos e ilusión…



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