jose.parra@eluniversal.com.mxLos más fieles detractores del americanismo se tallan los ojos, enrojecidos e incrédulos. Nadie imagina este escenario: el Estadio Azteca lleno, la afición enamorada del América y éste con una ventaja de 4-3 sobre el River Plate argentino.
Fantasía de telenovela, que conmueve a sus fanáticos. Pero la obra es real o al menos así lo atestigua esta carta.
Fiebre amarilla que revive cercana al Clásico mexicano y que pone al americanismo con muchas opciones de avanzar en la Copa Libertadores.
Enteradas del desorden futbolero que agobia al desarticulado adversario, las Gallinas atacan convencidas de alcanzar una pronta cosecha.
Cristian Nasuti (6’) caza con la cabeza un centro y aunque el reflejo ayuda a que Ochoa escupa, el rebote es aprovechado por Rodrigo Archubi, quien fusila pegado al poste derecho.
Las pasiones estallan cuando, tan pronto regresan del descanso, el América logra el soñado empate. Así, Kevin, convertido en figura, proyecta un centro que aprovecha Íñigo para igualar con enjundia.
En un mar de festejos llega la voltereta, un minuto después. Cabañas, recién ingresado, suelta un centro por izquierda que Enrique Esqueda cabecea picado y cruzado, para vencer de vuelta a Carrizo.
La tormenta cesa con la rápida reacción del River (55’). Albeiras cobra una falta que, en su afán por despejar, empuja Cervantes en propia puerta.
Pero la inspiración no mata a las resurgidas Águilas, transformadas en una segunda parte de ensueño para su entregada afición. Por eso, al 61’, Villa cobra una falta en corto para Rojas, quien aparece por izquierda y lanza un centro preciso que aprovecha Diego Cervantes, para quitarse la espinita del autogol.
Los errores, sin embargo, mantienen con vida al equipo argentino. En el 63’, El Loco Abreu cabecea el centro de Albeiras, al tiempo que Guillermo Ochoa sale inexplicablemente, para que el balón ingrese… es el 3-3.
Mas ni así se apaga la ilusión amarilla. Vuelve a la carga el América, con Salvador Cabañas hermanado a la causa. Y en un palmo de terreno (69’) conecta un tiro desde la media luna que rebasa el lance de Carrizo, a su izquierda, el 4-3 definitivo.
La ola inunda las tribunas del Azteca, el festejo americanista lo coronan los ‘oles’ de la iluminada fanaticada. Es un día de reencuentros y pasiones que recupera la esperanza de un “muerto” que anda.