adriana.reyes@eluniversal.com.mxACAPULCO.— El mundo del deporte blanco gira alrededor de un signo de dólares.
Para los protagonistas de la cancha, participar en torneos internacionales significa la posibilidad de conseguir buenas ganancias, no sólo en lo que se refiere a los patrocinadores; su sola presencia tiene una recompensa económica.
Y el Abierto Mexicano no es la excepción. Al menos para los jugadores que participan, el torneo se convierte en un negocio redondo muy benévolo aunque en ocasiones no cumplan con las expectativas.
Los números son fríos. Sólo por integrar el cuadro principal del certamen, los jugadores de la rama varonil se llevan la nada despreciable cantidad de 4 mil 800 dólares. En la femenil el premio desciende a mil 300.
Es el caso los mexicanos Bruno Rodríguez, Bruno Echagaray y Daniela Muñoz, quienes, como ya es costumbre, tuvieron un prematuro adiós. En Acapulco, el monto sube a 9 mil 159 dólares y 2 mil 235, respectivamente en caso de avanzar hasta la segunda ronda.
“Los premios son muy buenos en algunos torneos aunque lo malo es que en ocasiones, se cae en el error de participar en muchos y por eso suceden las lesiones”, dijo César Ramírez, tenista mexicano.
Pero no sólo los nacionales se ven beneficiados con las bondades del tenis. Jugadores de renombre como el argentino Guillermo Coria en el 2006, han dejado el Abierto Mexicano con una derrota en primera ronda pero con 5 mil 150 dólares en la bolsa según la ATP.
Un año antes, Carlos Moyá, quien era el campeón defensor del certamen, se fue del torneo mexicano con 9 mil 159 dólares de ganancia tras caer en su segundo partido ante el argentino Mariano Puerta.
Casos como éste son comunes en el Abierto.
Claro que si de premios se trata, los Grand Slam se llevan el primer lugar. Por sólo poner un ejemplo, Echagaray raqueta número uno de México se embolsó 17 mil 500 dólares sólo por participar en el pasado US Open, donde cayó en primera ronda ante Mardy Fish.
Cada año las bolsas resultan más atractivas. El ex tenista mexicano Leonardo Lavalle por ejemplo, obtuvo 8 mil 500 dólares en 1993 luego de caer en la primera ronda del US Open ante Jared Palmer de Estados Unidos.
Si nos vamos más atrás, Francisco Maciel, ex presidente de la Federación Mexicana de Tenis consiguió apenas 5 mil 500 dólares al sucumbir en primera ronda del Roland Garros.
El incremento de las bolsas también ha traído consigo un nivel cada vez más exigente en los torneos que además de atractivos, son fuente inagotable de recursos para aquellos que consiguen estar en el cuadro principal.