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Dar todo por un boleto

Ni la distancia ni el elevado costo de las entradas impidió que los mexicanos reclamaran la localía aun en casa de su rival
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Adrián de Anda
El Universal
Jueves 07 de febrero de 2008

adrian.sierra@eluniversal.com.mx

HOUSTON.— Impone el Reliant Stadium, una de las joyas más nuevas y funcionales de la NFL. Motiva a una foto... la del recuerdo, sobre todo para el turista que viene desde lejos.

“¡Venimos desde Nueva Orleáns!”, comentó con emoción Eva, una bajacaliforniana que viajó son su esposo, Rafael, y su pequeño hijo de 10 años, José Antonio. La cita con la Selección lo ameritaba.

Ellos fueron de los afortunados que tuvieron la capacidad para comprar un boleto en las primeras filas. “Fueron 135 dólares por cada uno”, dijo Rafael, “pero la experiencia bien que los vale”.

Y es que la US Soccer Federation subió el precio de los boletos de forma considerable, en comparación con lo que normalmente se presenta en los partidos entre México y Estados Unidos en la Unión Americana, que son tarifas de 10 ó 12 dólares. El incremento, pues, fue considerable.

Ella es maestra y también se dedica al hogar. Él es un ingeniero que quería darle un gusto a su familia, y encontró un buen pretexto para ello. El viaje completo, junto con los boletos, les salió en más de mil dólares. “Es que pocas veces tenemos la oportunidad de ver a la Selección, así que aquí estamos, emocionados y con una gran ilusión”, expuso.

Fueron cinco horas manejando, pero acá están. No se quejan de su vida en Estados Unidos, donde ya llevan una década. Les ha ido bien, incluso hace un par de años con el huracán “Katrina”. “Vivimos como a media hora de Nueva Orleáns, no nos tocó lo fuerte, pero sí estuvimos fuera de nuestra casa como dos semanas. Estuvo grave, pero gracias a Dios nos fue bien”.

Afuera del Reliant, la fiesta era mexicana. La chispa y las ocurrencias para sacar de la nada una porra superaban el ímpetu de los locales. Ahí los precios no eran tan altos, la playera oficial andaba por los 75 dólares, los shorts en 45 y la gente seguía comprando en un intento por hacer patente su solidaridad con la escuadra tricolor ante el acérrimo oponente.

Había que pintar de verde el estadio ajeno, había que demostrar que, pese a la recesión económica, para el mexicano no es problema estirar un poco el presupuesto en pos de sacar el orgullo ante Estados Unidos.

“¡Ya es hora!, ya nos toca ganar”, comentó un aficionado tricolor que venía desde Brooklyn, Nueva York; traía bien puesta la verde, al igual que su máscara de Nacho Libre; lo acompañaba el Último Guerrero, otro fan detrás de la tapa de este personaje de la lucha libre mexicana, todos dispuestos a brindar un apoyo incondicional desde las tribunas.

Y sí, la hora había llegado; el ocaso anunciaba que le tocaba ahora a los jugadores asumir el rol protagónico en esta fiesta, sobre la verde grama. Turno para que los mexicanos sacaran ese orgullo sobre la cancha, pues esfuerzos como el de Rafael y su familia a veces merecen algo más que quedarse en el intento otra vez al ir en pos de un triunfo de visita ante Estados Unidos.



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