Jorge Cisneros M.
El Universal
Martes 05 de febrero de 2008
jorge.cisneros@eluniversal.com.mxEl entrenador de los Gigantes de Nueva York, Tom Coughlin, buscó una fórmula para prevenir las críticas y cuestionamientos a sus reglas que fueron tan comunes en la temporada 2006: mandó colgar una placa en los vestidores con la frase: “Hablar es fácil. Mejor juega”.
La misma sentencia se imprimió en las playeras que se entregaron a los jugadores para la pretemporada. Al parecer, la consigna funcionó.
El equipo se encontraba en una posición difícil: venían de un mal año, su líder corredor en la historia, Tiki Barber (quien acumuló más de 10 mil yardas corriendo, y en 2004 y 2005 superó las 2 mil yardas combinadas), acababa de retirarse, y había serias dudas sobre la habilidad de Eli Manning.
El equipo tuvo un récord de ocho ganados y ocho perdidos, y fue eliminado en la primera ronda de postemporada por las Panteras de Carolina; el marcador de 23-0 provocó que dos jugadores, Barber y el ala cerrada, Jeremy Shockey, considerado uno de los mejores de la liga en su posición, dijeran que las Panteras habían ganado la batalla de los entrenadores a los Gigantes.
La gerencia del equipo parecía confirmar el diagnóstico. El entrenador Coughlin fue criticado no sólo por la exigente prensa de Nueva York, la ciudad que sólo ama a los ganadores, sino por sus propios jugadores, de ahí que no se hablara de renovar el contrato del entrenador, firmado en 2004, con vencimiento en 2007.
Luego de dos temporadas positivas, los Gigantes se encontraron a mitad de la nada en 2006. Eliminados pronto de la postemporada, sin un año impresionante, lo que mayor atención atrajo fue los problemas y distracciones fuera del campo. Comenzando por la muerte de Wellington Mara, el propietario y una de las figuras legendarias de la liga, pasando por las quejas de Shockey, hasta las demoledoras declaraciones de Barber, quien dijo que Manning, el quarterback elegido para renovar las glorias del equipo a un costo de 54 millones de dólares, se sentía incómodo cuando le tocaba ser líder del equipo.
Barber no sólo salpicó a Eli Manning; su blanco principal fue Coughlin, a quien acusó de no estar preparado para vencer a equipos como Seattle y Carolina. Más grave aún fue que lo culpara por exigirle demasiado: “el entrenador es demasiado exigente. No te permite sentarte y tomar un descanso y ese ritmo está empezando a pesarme”.
De modo que el entrenador, hoy victorioso, inició la temporada cuestionado, sin una de sus armas principales y bajo el inclemente escrutinio de lo que él llama “la capital mundial de los medios”.
Para empeorar las cosas, Shockey, un buen jugador con serios problemas de disciplina, no acudió a los entrenamientos de junio, voluntarios pero en los que se pule la coordinación entre pasador-receptor porque prefirió seguir su propio régimen de entrenamiento. Pero en su primer juego de pretemporada, el jugador atrajo los reflectores por sus constantes quejas, con groserías, porque no le tiraban el balón.
Parecía que los consejos de Coughlin (“no se gana nada con criticar, si eres parte de un equipo, se gana y se pierde como equipo”), dijo el entrenador luego de que Shockey declaró que el ala cerrada debía bloquear menos y recibir más pases, no habían funcionado.
Pero conforme fue avanzando la temporada, la demanda de jugar más y hablar menos fue adoptándose y rindiendo frutos. Jugadores sin gran renombre como Brandon Jacobs y Ahmad Bradshaw remplazaron a Barber, y cuando Shockey se rompió un pierna en la semana 15 casi nadie notó su ausencia (su suplente, Kevin Boss, consiguió una atrapada de 45 yardas que preparó el primer touchdown de NY en el Super Tazón).
Los Gigantes de Nueva York pueden considerarse uno de los más improbables monarcas de la NFL. Al comienzo de la temporada 2007 estaban sin un estrella, en una aparente crisis de liderazgo y con varias personalidades que impulsaban la desunión antes que la comunión. Una vez que estos se fueron, la palabra equipo recobró su significado y se convirtió en el factor que explica su victoria sobre el amplio favorito, los Patriotas de Nueva Inglaterra.