Buscar en:
 
Fulgor incesante

Mostró su clase en la Golden League, la Galatlética, los Mundiales y se consagró en los Juegos Olímpicos
Fulgor incesanteFulgor incesante
- A   A   A +

Moisés Ramírez S.
El Universal
Jueves 17 de enero de 2008

moises.ramirez@eluniversal.com.mx

Su delgada silueta, su estatura que tocaba el cielo y sus largas piernas capturaron la atención del entrenador cubano Luis Betancourt hacia Ana Guevara.

La fascinación de Betancourt alimentó el sueño de Ana por trascender en el deporte.

Un sueño que tuvo una pausa, luego de que Ana Guevara, por la edad, ya no pudo representar a su equipo Nogales en el basquetbol, deporte que atrapó sus deseos desde la infancia y que comenzó a practicarlo en la secundaria y la preparatoria.

Sí, las primeras alegrías de la sonorense llegaron cuando llevó a su equipo Nogales a vencer al Instituto Tecnológico de Sonora para ganar el campeonato estatal. Así engrandecía Ana a su ciudad.

Pero la edad (19 años) frenó el ímpetu de la velocista de seguir en el deporte ráfaga. Había sobrepasado el límite.

Y esto propició su salto al atletismo, en 1996.

Y el sueño despertó de su letargo y comenzó a renacer ahora sobre las pistas de tartán.

Se colgó sus primeras medallas áureas en la Olimpiada Nacional, en 400 y 800 metros.

Y otro entrenador cubano, Raúl Barreda, asumió el mando y desde ese instante brotó la constante sonrisa en el afilado rostro de Guevara.

La Saeta Sonorense irrumpió en las pistas en diversas partes del mundo e impuso su ley en los 400 metros.

Paseó su clase en la Golden League, en la Galatlética, en los Campeonatos Mundiales y se consagró en Juegos Centroamericanos, Panamericanos y Olímpicos.

Inolvidables son los pasajes en los que se colgó la medalla de oro en Juegos Centroamericanos y Panamericanos, para convertirse en la primera mexicana en obtener tres títulos sucesivos en competencias regionales y continentales.

Inolvidable, el momento en que se proclamó campeona en el Mundial de París 2003, tras registrar la mejor marca en su trayectoria: 48.89 segundos.

Inolvidable también es la noche en Ciudad Universitaria, cuando se impuso a la leyenda australiana Cathy Freeman y así ganar la Galatlética en 2003. Llenó el estadio Olímpico Universitario y los aficionados se rindieron ante la diosa del atletismo.

Y el clímax llegó en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

La medalla plateada adornó su pecho y las lágrimas rodaron por las mejillas de un rostro coronado por hojas de laurel.

Y después, el recorrido por la pista, cobijada con la bandera nacional mexicana, obsequiando besos y demostrando su alegría por haberle dado a su país una satisfacción más, por lo menos en el ámbito deportivo.



Home   >   Deportes

 

El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Publicidad | Mapa de sitio
© Queda expresamente prohibida la republicación, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL